domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

martes, 29 de diciembre de 2015

Caprichos: Aunque podamos, no debemos.

     Hace poco leí una publicación de una de las personas más influyentes de esta década a nivel mundial. No diré quién es para no dar pie a prejuicios y que el mensaje llegue claro. El texto hacía mención al exceso de dedicación que tenemos con nuestros hijos. Cuando digo exceso, quiere decir eso mismo, cantidad excesiva, demasiada, es decir, un cantidad que al superar la medida necesaria, lo hace en tal grado  que perjudica y tiene efectos contrarios a los esperados. Es decir, siempre nos hemos quejado de que nuestros padres no nos preguntaban ni se interesaban lo suficiente por nuestras cosas diarias (opinión subjetiva, por cierto), y siempre hacemos alusión a los efectos negativos de una falta de atención y dedicación hacia nuestros hijos. Me gustaría que nos preguntásemos ahora mismo, ¿le doy a mi hijo lo que necesita o más de lo que necesita? Si le doy más, ¿ese exceso que le estoy dando le está beneficiando o perjudicando? Pensadlo bien. En nuestra responsabilidad como padres, debemos estar vigilantes, y no sólo poner el corazón a la hora de educar.


     Permitidme que os cuente un caso personal que se suele dar. A comienzo de curso llega el momento de ir a por las zapatillas de deporte para el cole. Y nos encontramos con la siguiente situación: tu hijo ha estado todo el camino ansioso porque va a tener “zapatos nuevos”; te empieza a hacer la lista de las zapatillas que llevan todos sus amigos del cole, a los que va a ver todos los días y va a jugar con ellos; le dice lo mucho que le gustan las amarillas fosforito de “La Marca”, etc. Y te presentas en la tienda delante de todo ese muestrario de zapatillas que abarcan precios desde los 15€ a los 49€. Gracias a Dios, los ingresos familiares nos permiten optar, no sin esfuerzo, tanto a las de 15 como a las de 49. Mi hijo me pide las de 45€, sabiendo que las de 49 son las más caras y sabe que le voy a decir que no. Y empieza el vaivén de pensamientos en mi cabeza: “quiero lo mejor para mi hijo, y estas zapatillas tienen una mejor amortiguación para su pie”, o “¿cómo voy a dejar que mi hijo vaya con unas zapatillas baratas al cole si TODOS sus amigos llevan las mejores?”, o “con lo mal que yo lo pasé porque mis padres nunca me podían comprar las zapatillas que yo quería, no quiero que lo pase mal”, etc., etc., etc.

     

     Espero que os hayáis dado cuenta de lo que quiero mostraros: aunque la zapatilla de 49€ no afecte a nuestra estabilidad económica, ¿estamos educando bien a nuestro hijo comprándole la mejor zapatilla? Aunque podamos, no siempre debemos. Esta frase seguro que la ponéis en práctica a menudo para vosotros mismos. Intentamos vivir sin excesos para no afectar a nuestra economía familiar, pero ¿por qué sus caprichos sí pueden afectarla? ¿Por qué vamos a hacer una excepción con nuestros hijos? Hacedlo por  ellos y por vosotros. Os lo agradecerán en el futuro, aunque ahora no lo entiendan.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

DECÁLOGO PARA FORMAR UN HIJO DELINCUENTE

Acabo de leer en el blog de Emilio Calatayud, Juez de menores de Granada, este decálogo y no he podido dejar pasar la oportunidad de compartirlo. No puede estar más acertado. Espero que os guste.
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, festéjelas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, España, conocido por la imposición de sentencias curiosas, ejemplares y basadas en la educación más que en el mero castigo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

ESTA PELÍCULA NO ES PARA NIÑOS

      Tras un pequeño descanso durante la jornada de verano, volvemos a nuestras reflexiones.

         Ya ha empezado el cole. Algunos padres tenían más ganas que otros, aunque no es el tema que me gustaría tratar hoy.
          El otro día, al llegar mi hijo del cole, me dice que su amigo ha visto una película el fin de semana, y que quiere verla. Yo ya había visto esa película hace tiempo, pero no recordaba que fuera para un público infantil, es decir, en torno a los 7 años. Por tanto, fui a buscar el título de la película para ver la calificación por edades. Efectivamente me encuentro con que la película tenía una calificación no apta para menores de 12 años.  Le dije a mi hijo que esa película no la podía ver porque era para niños mayores de 12 años. Intentó convencerme, pidiéndomelo por favor, etc. Pero, aunque me costó (ya que no es una situación agradable ver a tu hijo pidiéndote algo y tener que decirle que no), acabó entendiendo, al menos respetando, que no íbamos a ver esa película. Intentando compensarle, y a la vez premiarle por no enfadarse, hemos visto una película de “las de papá”, que no son aptas para menores de 7 años, y que podíamos ver sin problema, pero que a él le ha hecho ilusión extra por ver una película de las que están en la estantería de papá (las tengo especial cariño, no porque tenga que esconder nada).

       A parte de ilusiones, y recompensas, hay algo en lo que no puedo dejar de pensar: en ese amigo de mi hijo que vio la película. No quiero entrar a debatir si un niño de 6 años puede tener la madurez de un niño de 7 o de 8. Es posible. O no, no lo sé. Lo que sí sé, es que hay que tener un cuidado exquisito, con lo que ven nuestros hijos. Todos hemos tenido experiencias de niños que han marcado nuestra vida de mayores, ya sea con un padre muy estricto, una separación, una muerte temprana de alguien cercano, etc. Esas circunstancias no son evitables, y es la vida la que nos marca esas pautas. Pero, no podemos ni debemos permitir que nuestro hijo vea imágenes o escuche películas que alteran su sensibilidad de niños, que es lo que son. Ninguno de nosotros sabemos con exactitud las repercusiones que puede tener, por lo tanto tampoco sabemos el daño que les puede provocar (aunque hay numerosos estudios sobre este tema). Es nuestra responsabilidad, como madres y padres, no sólo no hacer nada que pueda dañar a nuestros hijos, sino evitarlo a toda costa.


       Puede que nos encontremos en la situación en la que queramos ver una película en el cine no apta para menores y que no podamos dejar a nuestros hijos con alguien para ir a verla. En ese caso, tendremos que esperar, y verla en otro momento. ¿O acaso es más importante un estreno en el cine que nuestro hijo?
       Nuestros hijos dependen de nosotros. Aunque no entiendan algunas de las cosas que hacemos por su educación, debemos cumplir con nuestra responsabilidad. Confían en nosotros, aunque ellos no lo sepan.

sábado, 20 de junio de 2015

CONSEJOS PARA SOBREVIVIR (DISFRUTAR) ESTE VERANO

     El viernes pasado la mayoría de nosotros recogíamos a nuestros hijos. Se podía leer en sus caras una desbordante alegría porque el cole se acababa. Sin embargo, también se podía leer en las caras de los padres que allí estábamos algo como: “madre mía…” ; “Ahora cómo los entretengo por las tardes sin deberes…”; “vaya verano que me espera…”. Esta es nuestra primera reacción como humanos que somos, pero si algo nos diferencia de los animales ante estas reacciones, es la de gestionarlas. Aplicamos la inteligencia y como siempre el sentido común, y decimos: “Hay que hacer lo que haga falta para tener controlada la situación… y a nuestros hijos, claro está”.

     Durante el curso han estado con un horario que lo marcaba el colegio, las clases, las prisas de los papás en llegar a trabajar por las mañanas… Pues intentemos tener una serie de sencillos hitos para gestionar con éxito nuestro verano y el de nuestros hijos.

     Lo primero, un calendario del verano. Escribamos en un A3 un calendario con los meses de junio, Julio, Agosto y Septiembre. Marquemos la semana o semanas vamos a estar en la playa o en el pueblo. Después hagamos una lista de planes para el verano. Será importante que nuestros hijos participen. Qué planes les gustaría hacer, dónde les gustaría ir, etc. Los iremos colocando en unos días concretos y que estén libres. Ya tenemos una visión global del verano.

     Segundo, un horario. “Jo, papá, que estamos de vacaciones…”. No se trata de fichar en casa como en el trabajo. Se trata de poner un poco de orden para ayudar a nuestros hijos a gestionarse a sí mismos.



- Hora de levantarse. El hecho de estar en verano no significa poder hacer lo que nos da la gana. Por eso, lo primero y más importante es tener una hora prevista para levantarse. Una hora poco exigente, pero que requiera esfuerzo. Es decir, las 10 de la mañana no tiene mucho sentido, al igual que las 8 de la mañana tampoco. Pero algo intermedio estaría muy bien.

- Después de desayunar es el momento en que la pereza se apodera de nuestros hijos (y de mí, por lo menos). Es muy bueno, casi necesario, que nuestros hijos tengan un encargo, un campo de responsabilidades en casa, que irá desde cortar el césped, hacer la compra, reponer el papel del baño, etc. No se trata de que “trabajen” en casa. Se trata de tener unas responsabilidades que les lleve una hora diaria, aproximadamente. 

- Como decía mi abuela, “Con la satisfacción del trabajo hecho” es entonces cuando es momento de bajar a la piscina, bajar a la calle, al jardín, tocar un rato la guitarra, o ver un rato la tele.

- La hora de comer. Que haya una hora definida y se mantenga. Ayudará a que comáis todos juntos, y eso siempre tiene beneficios. 

- Un rato de lectura. Serán 5 minutos, o 30, depende de la edad. No perdamos esta buena costumbre. Todos los días. Los beneficios son incalculables.

- Aquellos que tengan que estudiar en verano, pues que sea siempre a la misma hora, y el mismo tiempo. Y los que no, no está de más que trabajen un rato unas operaciones, o lo que sea. Hay cuadernos de verano, los de siempre. Y ya no digamos aplicaciones para móvil o Tablet. 

- Al igual que hay una hora para levantarse, debe haber una hora para acostarse.

     Los horarios en esta época no son reglas indiscutibles. Ni que decir tiene, que el día que vamos a casa de los abuelos a cenar, o cuando vienen los amigos, nos acostaremos más tarde todos. Eso son excepciones, pero no puede ser lo normal.



     A algunos les parecerá exagerado, pero lo único que estamos haciendo es marcar el camino a nuestros hijos, y ayudarles a recorrerlo. Como regla general, nuestros hijos no pueden levantarse a la hora cristiana (cuando Dios quiera) todos los días. Hagamos que nuestros hijos se esfuercen, hagamos de ellos un edificio fuerte y resistente. No hagamos de ellos un edificio de paja, y que cuando venga el lobo y sople, o si viene una brisa de verano, se lleve a nuestros hijos porque no hemos hecho que se esfuercen por nada. Nuestro esfuerzo y su esfuerzo, tendrá recompensa. Seguro.


domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.