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domingo, 25 de marzo de 2018

Cómo reiniciar a tu hijo


     ¿Qué crees que es lo más efectivo para cambiar en el momento la conducta de tu hijo? ¿Crees que un azote es a veces es la única manera de que tu hijo se porte mejor? Espero poder ayudaros a contestar estas preguntas con lo que os voy a contar.
     Estaba hablando de este tema con un amigo. Él no tiene hijos, pero hablábamos de su sobrino. De vez en cuando se queda con él jugando cuando va a casa de su hermano. Estábamos tomando un café y en la cafetería donde estábamos empezó a llenarse de familias. Los niños empezaron a ponerse más nerviosos con cada minuto que pasaba. Él me dijo, “A veces los niños empiezan a ponerse nerviosos y hay que “reiniciarles” con un azote o una colleja. La verdad es que me pareció una comparación muy buena para poder hablaros de esto.
     Tanto los que sabéis mucho de informática como los que no, seguro que alguna vez se os ha quedado “colgado” el ordenador. Primero pruebas pulsando ESC. Esperas un rato por si “está pensando”. Luego alguna combinación de teclas como Alt+F4.  Por último, lo intentas pulsando el clásico Ctrl+Alt+Supr hasta 3 veces. Pero aquello sigue sin funcionar... Una vez que ya lo has intentado todo, y ves que el ordenador sigue sin responder y sin desbloquearse, sabes que no te queda otra que reiniciar, pulsando varios segundos el botón de apagado. Pero como sabéis, es la última opción recomendada. Seguro que ya sabéis por dónde voy. ¿A que no se te ocurre reiniciar el ordenador nada más ver el mensaje “(No responde)”? Reiniciar así el ordenador supone poner en riesgo el disco duro, aumentando las posibilidades de dañarlo seriamente si reinicias así a menudo el ordenador.
     Llevándolo al tema que nos ocupa, nada fácil por cierto, debemos considerar el azote como último recurso. Antes es recomendable (y necesario) explicar a tu hijo lo que ha hecho mal y por qué no debe hacerlo; lo que sigue haciendo mal, y lo que puede que pase como no deje de hacerlo. Si sigue sin hacer caso, es decir “(No responde)”, debemos intentar otras soluciones: un rato a la zona de pensar, amenazarle sin un privilegio que tenga, por supuesto repetírselo varias veces...
     Debemos saber que igual que un disco duro se daña si lo reiniciamos muchas veces con el botón de apagado, “pasará lo mismo” si utilizamos esta opción de manera recurrente con nuestros hijos: aumentamos las posibilidades de dañar “su disco duro” si utilizamos este recurso a menudo y como primera opción.

domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

lunes, 18 de julio de 2016

Castigado por culpa de la Tablet

     El otro día me contaban una historia que me pareció muy interesante comentar.
     Últimamente hay colegios que han optado por cambiar los libros de texto de papel por una Tablet. Creo que es una medida muy buena y que estaba tardando en llegar. Es impresionante el peso que llevan los niños a la espalda. Pero como todas las medidas innovadoras y revolucionarias como esta, deben de implantarse con indicaciones, transmitiendo a los padres, en este caso, los pros y los contras de esta medida. Os voy a contar lo que pasó.
     Estos estudiantes no tienen libros o muy pocos. Hacen los deberes con la Tablet, y estudian con la Tablet. Pero es una Tablet que no está limitada, al menos no todo lo que debería. Eso significa que en el disco duro, además de tener los libros de texto, están instaladas también aplicaciones de cualquier tipo. Y por supuesto, juegos.
     La anécdota habla de uno de estos estudiantes que en época de exámenes estaba en su habitación estudiando. O al menos, eso era lo que estaba previsto. La madre entró en la habitación y el hijo no estaba estudiando, sino que estaba jugando. La consecuencia fue que se quedó castigado por no estudiar, por mentir, etc.
     Pero vamos a pensar un momento. Le damos a nuestro hijo una Tablet, para que estudie, y no le desinstalamos los juegos, ni siquiera le limitamos el acceso por contraseña, ya que nosotros confiamos plenamente en nuestros hijos (evidentemente). Ahora vamos a ponernos en su situación. Me deja mamá en mi habitación, con la puerta cerrada, con la Tablet para estudiar. ¿No veis que ya suena a cuento? ¡Y lo peor de todo, es que el cuento se lo estamos contando nosotros! Y ahora os pregunto yo a vosotros, padres, ¿tenéis una fuerza de voluntad tal que hacéis siempre lo que tenéis que hacer? Cuando estáis en la oficina o puesto de trabajo, ¿trabajáis las 8 horas diarias sin distracciones? ¿Estáis siempre concentrados al 100% o a veces miráis “qué hay” en Internet los días que estáis más cansados? Y cuando os proponéis algo, como por ejemplo bajar de peso, ¿tenéis la suficiente fuerza de voluntad para cumplir la dieta y no comer dulces? O ¿no será que como no confiáis en vuestra fuerza de voluntad, os valéis de pequeñas ayudas como no comprar dulces? Y sigo preguntando, ¿por qué entonces exigís a vuestros hijos que tengan esa fuerza de voluntad que vosotros los adultos no tenéis? Y peor aún, ¿por qué les castigáis por no tenerla? Hay soluciones: estudiar con la puerta abierta si el ambiente de casa lo permite, restringir los juegos con contraseña, etc., etc., etc.
     Una vez más hago un reclamo a utilizar el sentido común como herramienta de educación. Ayudarles enseñándoles trucos para no distraerse, pero no castigando exigiéndoles algo que excede de su capacidad de respuesta. Si nosotros adultos, no seríamos capaces, ¿por qué exigírselo a nuestros hijos de esa manera?

martes, 1 de marzo de 2016

El ejemplo de mi padre

     Mucha gente me dice que hago cosas poco habituales, dicen que tengo mucha fuerza de voluntad (qué poco me conocen), de alguna manera les remueve lo que hago día a día, y se sorprenden de la cantidad de cosas que me da tiempo a hacer. He pensado sobre ello. Y por fin, he averiguado de dónde salen estas “heroicidades”. Lo pongo entre comillas, porque para mí no es más que un pequeño esfuerzo adicional en épocas en las que necesitan o necesito ese esfuerzo extra para sacar adelante lo que me he propuesto o sencillamente lo necesito para vivir. Y digo esto, porque para mí, este esfuerzo, esas “heroicidades” se las he visto hacer a mi padre todos los días desde que nací, y todavía las sigo viendo.

     Mi padre trabaja en casa. Trabajador autónomo, su trabajo se ha medido, no por las horas que trabajaba, sino por los encargos que terminaba. Somos cinco hermanos, y aunque ahora somos todos mayorcitos y adultos, hubo una época en que llevábamos pañales, y hacíamos de todo menos estar en silencio, como cualquier niño. Por lo tanto, mi padre tenía que sacar tiempo de debajo de las piedras para acabar los encargos y traer dinerito a casa.

     Mi padre no estudió ninguna carrera, ni consiguió ningún premio de estudios, y aunque no se podía sentar conmigo a hacer los deberes, me ha enseñado mucho más de lo que cualquier libro me hubiera podido enseñar, ni me enseñará nunca. Lo tengo muy claro.

     He visto a mi padre madrugar muchos días, le he visto pasar frío trabajando, sueño, sufrir en silencio las preocupaciones del trabajo y de la economía familiar.  Son una cantidad de detalles que no he apreciado hasta que no he sido padre de familia y he madurado. Ahora, pienso en ellos, y sencillamente, hago lo que tenga que hacer para estar a la altura de las circunstancias que el día a día me exige. Si tengo que madrugar, pues madrugo; si tengo que estudiar, pues estudio; si tengo que trabajar, trabajo; y si me tengo que aguantar, pues me aguanto.

     Por lo tanto, he llegado a la conclusión (ya había llegado antes, pero me reafirmo en ella) de que he tenido una suerte increíble con mi padre. No digo que sea un padre perfecto, pero jamás creo que pueda echarle el valor que él le echó con nosotros (por ahora sigo estando a años luz). Y a todos los que se sorprenden de mis “heroicidades”, les digo que sólo intento aprovechar al máximo los recursos que mis padres me dieron (con mucho esfuerzo), y que aún me siguen dando. Sé que ahora mis hijos no entienden lo que hago, pero también sé que se les quedará grabado en la memoria lo que hago, de la misma manera que yo tengo grabado en la mía lo que hacía mi padre y que he tardado más de 30 años en entender. Gracias papá.

domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

miércoles, 25 de noviembre de 2015

DECÁLOGO PARA FORMAR UN HIJO DELINCUENTE

Acabo de leer en el blog de Emilio Calatayud, Juez de menores de Granada, este decálogo y no he podido dejar pasar la oportunidad de compartirlo. No puede estar más acertado. Espero que os guste.
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, festéjelas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, España, conocido por la imposición de sentencias curiosas, ejemplares y basadas en la educación más que en el mero castigo.

domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.    

sábado, 16 de mayo de 2015

CÓMO Y CUÁNDO RESPETAR LA INTIMIDAD DE NUESTROS HIJOS

Pues sí, nuestros hijos tienen derecho a la intimidad, y más la necesitan a medida que son más mayores. Poniéndonos en situación, está claro que con un niño de 3 años este tema no será tan importante como con uno de 15. Aun así, un niño de 3-4 años empezará a tener sus juguetes favoritos, esos que siempre se lleva a casa de la abuela. Esos juguetes seguramente los dejará habitualmente en el mismo sitio, en el mismo cajón. Pues ese cajón empieza a formar parte de la intimidad de nuestro hijo. ¿Significa que no podemos abrirlo? Claro que podemos abrirlo, sin embargo debemos evitar cambiar su esencia sin que él lo sepa. Es decir, imaginemos que necesitamos ese cajón para guardar otras cosas y necesitamos cambiar de sitio sus juguetes. Con 3-6 años no pasa nada si cambiamos los juguetes y no le decimos nada, pero estaremos empezando a enseñar qué es el respeto por la intimidad de los demás si hacemos lo contrario. “Pablo, necesito este cajón, ¿puedes por favor poner tus juguetes en otros sitio?”. Pablo se sentirá respetado y su cajón de juguetes tendrá mucho más valor a partir de ahora que sus padres lo respetan. Ni que decir tiene, queda descartado el famoso artículo 33, que dice: “cambio los juguetes aunque no le guste, porque soy su padre/madre y aquí se hace lo que yo diga, y necesito ese cajón. Ya los pondrá en otra parte”.




¿Qué pasa más adelante? A partir de los 8 años, los niños empiezan a tener secretos, si es que se puede llamar así con esa edad. Nosotros, como personas adultas que somos, no debemos/podemos infravalorar esos “secretos”. Por lo tanto, deberemos estar atentos para observar qué es lo que nuestro hijo guarda y cómo lo guarda. Sus pequeños tesoros. Es cuando nosotros como padres, debemos conocer qué es lo que nuestro hijo guarda, como parte de nuestra preocupación por él. Pero con mucha mano izquierda. Es decir, si queremos saber qué guarda nuestro hijo de 10 años, deberemos preguntarle. Si decidimos abrir SU cajón, siempre procuraremos que nuestra pequeña incursión pase totalmente desapercibida. Si encontráramos algo que no tiene nuestra aprobación haciendo esa incursión, NUNCA iremos a decirle: ¿Qué es esto que he encontrado en tu cajón? Si lo hacemos así habremos empezado a romper la confianza que nuestro hijo pueda tener en nosotros. Nuestros hijos tienen que poder confiar en nosotros. Deben confiar en que nosotros no vamos a inspeccionar sus cajones. ¿Qué haríais vosotros si alguien os hiciera eso? A mí por lo menos lo que me provoca es esconderme en mi caparazón como una tortuga, para protegerme. No salgo al exterior porque en cualquier momento alguien puede invadir mi intimidad. 



El tema da para mucho más. Pero no quiero dejar de hablar de Facebook. Hace 15-20 años os diría que no podemos levantar el teléfono del salón mientras nuestro hijo habla en el cuarto. Ahora mismo la situación es distinta, y hay mucho, muchísimo peligro. Pero no podemos llamar a ningún amigo informático para que se meta en la cuenta de nuestro hijo para saber qué hace. Es lo más fácil y el camino más corto, pero no es el camino. Deberemos tener nuestra cuenta de Facebook y que nuestro hijo sea uno de nuestros amigos. Es difícil, y costará mucho esfuerzo conseguirlo, pero contamos con la confianza que hemos estado construyendo entre nuestros hijos y nosotros desde pequeñito. Sabe que puede confiar en nosotros, y sabemos que no tiene nada que esconder.

domingo, 5 de abril de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL?

Me llama mucho la atención que niños, repito, niños cada vez más pequeños tengan móvil, e incluso Tableta propia, con conexión de datos incluida.


No podemos establecer un límite de edad como si de un problema matemático se tratara, pero intentaré analizar la situación utilizando como siempre, el sentido común.
Debemos tener en cuenta que los tiempos han cambiado, pero a la vez no podemos utilizar este argumento para justificar todo lo que hacemos con nuestros hijos. Debemos reflexionar si las decisiones que tomamos para nuestros hijos son lo mejor para ellos, corran los tiempos que corran. Quiero decir, que aunque “todo el mundo” haga algo, como comprar un móvil a su hijo, no debe ser un argumento para comprarle un móvil al nuestro.


Una primera regla general, un primer filtro que podríamos establecer por ejemplo en el caso del móvil sería la siguiente. ¿Es mi hijo un niño todavía? Por ejemplo, el otro día, celebrando un cumpleaños en una piscina de bolas, la hermana de un amigo de mi hijo, apareció por allí con su móvil y con su Tableta, ambos con conexión a Internet. Podría decir la edad que tenía, pero prefiero decir que no paraba de insistir a su madre para que la dejara pasar a la piscina de bolas. Pues a eso me refiero. Algo así debería de valer como motivo para saber que aún es una niña y no debería tener móvil. Lo mismo pasaría si le diera miedo dormir con la luz apagada, o si se hace pis en la cama, etc. No os lo toméis al pie de la letra y sed sinceros con vosotros y con vuestros hijos.
¿Por qué debemos asegurarnos de que ya no es un niño? Porque el móvil cuesta dinero (aunque sea antiguo) y es una responsabilidad, porque no sabemos a quién puede llamar, o no sabemos quién les puede llamar, porque si tiene Internet no sabemos en qué paginas puede entrar, o con quien puede chatear (eso siempre que nos importen algunos principios básicos que queramos transmitir a nuestros hijos). Y si lo que queremos es controlar a nuestro hijo o hija, existen otras alternativas. Por ejemplo hay móviles muy sencillos, sin posibilidad de conexión a Internet, que pueden ser un primer paso.

En general ,deberemos saber de antemano, siempre con cierto riesgo, que nuestro hijo tiene el grado de madurez suficiente para que haga un uso responsable del móvil. El otro día, había una madre con sus dos hijos buscando en la basura que ya habían tirado, porque creían haber tirado una consola de vídeo juegos de mano (mínimo 100 €) sin querer, claro está. Está claro que no nos demos cuenta, pero a veces les asignamos a nuestros hijos más responsabilidades de las que son capaces de responder, pero por la sencilla razón de que son sólo niños.
Por lo tanto, las nuevas tecnologías no son malas, ni muchísimo menos, pero hay que hacer buen uso de ellas y tener siempre el control sobre ellas haciendo un uso responsable, primero nosotros, y luego nuestros hijos, siguiendo nuestro ejemplo y siempre que estén preparados para ello.

Montaríais a caballo sin riendas? Pues de la misma manera vuestros hijos necesitan esas riendas para que les guiéis por el buen camino, al menos, para que sepan cual es el malo.

domingo, 11 de enero de 2015

¿Crees que darle un azote va a servir de algo?

Ya te digo yo que no, bueno sí, para desahogarte tú, pero voy a intentar explicártelo.

Lo primero que quiero decir es que dos de mis hijos son uno más tranquilo y el otro es incluso muy inquieto. Bien, pues al que es tranquilo nunca le he puesto la mano encima. Es obediente, bondadoso, con muchas ganas de hacer el bien, deportista, y ni un pelo de tonto. Al hablar del otro, “el inquieto”, no puedo decir lo mismo, ya que alguna vez algún azote le ha caído.  Os explico esto, porque visto ahora con perspectiva, habiendo ya pasado algunos años, y analizando las circunstancias que atravesábamos en ese momento, puedo decirte que mi hijo, “el inquieto” ahora no es ni mejor ni peor. Yo estaba nervioso. Él no dormía, y nosotros tampoco, con lo que el agotamiento nos hacía a todos tener los nervios a flor de piel.


Vosotros pensad una cosa, y es que un niño inquieto o nervioso, lo lógico es que sea así, o bien  porque nosotros somos así de nerviosos o porque él es así, sencillamente. Y lo que también está claro, os lo digo por experiencia, es que será muy difícil que nos preste atención, que nos haga caso, que no nos saque de quicio… Pero, ahora que estás tranquilo, ¿qué crees que es lo que mejor le vendrá a tu hijo para ser más tranquilo? Si estamos de acuerdo en que el estar o ser más nervioso le hace ser o estar como hemos dicho, ¿Cuál será por tanto la mejor manera de que nos preste atención, que nos escuche y haga caso? Pues está claro consiguiendo que él esté más tranquilo. Y ahora viene la pregunta del millón, ¿creéis que un azote ayudará a que sea más tranquilo y sereno… o más bien lo contrario? Desde luego, a mi hijo, el que llamaba de broma “el inquieto”, ahora es el más cariñoso de todos, le encanta hacer puzles y no levantarse hasta terminarlos, nos ayuda a cocinar y le encanta… (Podría seguir mucho más). ¿Qué cómo lo hemos hecho? Millones de besos, millones de abrazos, hablándole muy despacio, mucho,  utilizando el tono de voz más tranquilos que sepamos decir,… y un poco de paciencia, pero no mucha, os lo aseguro. Lo digo para animaros a todos los que creéis que no la tenéis. Tenéis más de la que creéis, y además no os va a hacer falta toda. Eso sí: nada de azotes.
Y para los que no opinan igual, a los que por supuesto respeto a ellos y su opinión, os hago una reflexión, si cada vez que vuestro hijo hace algo mal le dais un azote o una torta como primera medida, ¿cómo diferenciáis o le vais a hacer saber lo grave o menos grave que es lo que han hecho? ¿Pegando más fuerte o menos flojo? De verdad, ¿tiene sentido? No es de sentido común.

       Os pido a todos un favor, en nombre de vuestros hijos, y de vosotros mismos (aunque aún no lo sepáis): que el azote sea el último recurso. Dejadlo para cuando se os hayan acabado todas las alternativas, ya que con un poco de suerte, ya se habrá pasado el enfado, y sobre todo, el vuestro. Así estaréis más tranquilos, y pensaréis con claridad. Con suerte, tu hijo y tú os ahorraréis ese mal trago del azote, ¿o… es que vosotros no os sentís mal después de habérselo dado…?

viernes, 2 de enero de 2015

¿CUÁL ES EL SECRETO PARA QUE NUESTRO HIJO ESTÉ SEGURO Y TRANQUILO?

     El otro día fuimos a visitar unos amigos, que tienen hijos de la edad de los nuestros. Hablando con el mayor de sus amigos del cole, me dijo que los padres de un amigo de clase estaban separados. 

     Yo le pregunté si sabía que era eso, y me contestó que el papá vivía en una casa y la mamá en otra. Veo que lo tenía claro. Sin preguntarle a penas, como si estuviera deseando decirlo, me empezó a contar que su amigo se portaba fatal en clase, que los profesores le decían “¡No sé qué hacer contigo!”.  En un intento de que entendiera o intentara comprender por qué su amigo se portaba mal  en clase, empecé a decirle que había que querer mucho a su amigo entre todos sus amigos. Le explicaba que su amigo estaba triste y su manera de decírselo a todos era portándose mal y estando nervioso. Él me contestó que por que esté triste no significa que tenga que pegar y morder. Me contuve la risa, y cuando pude hablar le dije que tenía toda la razón.  De todas formas, no se quedó muy convencido, y me preguntó que por qué su amigo estaba triste, que no lo entendía. Entonces yo le pregunté, si le gustaría que su papá viviera en una casa y su mamá en otra. Él, con una cara de asombro y de susto, abriendo los ojos como platos y medio esbozando una sonrisa, en plan “¡Qué cosas estás diciendo! Pues claro que no…” Y le dije, pues por eso está triste tu amigo.
     Muchos de nosotros, papás y mamás, podemos pensar que estamos lejos de eso, y que es una exageración, o que no hay ningún riesgo de ese tipo, pero… ¿nos conformamos con eso? Es decir, si nuestro hijo se siente triste o inseguro si llegáramos a separarnos, ¿no creéis que para que nuestros hijos se sientan más seguros, estén más tranquilos y estén mucho más estables, habrá que quererse entre vosotros papás? A veces, nuestros hijos, tienen la mala suerte de que nos ven sólo cuando llegamos del trabajo, o el fin de semana, pero ¿nos ven nuestros hijos querernos? ¿Ven a sus padres darse un beso cuando llegan de casa o salen a la calle? ¿Nos ven darnos un abrazo de vez en cuando (debería ser casi todos los días)? ¿Os ven hablarnos con respeto y educación? ¿Nos ven siendo agradables entre nosotros, dándonos las gracias por favores, y pidiendo las cosas por favor, como nosotros les pedimos que hagan ellos?
      Una vez más, manda el sentido común, es decir, si queremos que nuestros hijos nos quieran, quieran a sus hermanos, nos hablen con educación a nosotros y a sus hermanos, pues que vean que sus padres lo hacen. Predicar con el ejemplo, o si lo preferís, no tirar por tierra con nuestro ejemplo, lo que le pedimos de palabra. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dejad que se equivoquen


Hoy en día hay muchísima información disponible, muchísima red social donde poder compartir experiencias o conocimientos, para mejorar en la vida familiar, o personal, etc., y también en la laboral. Pues bien, en casi cualquier artículo de formación, de coaching, de progreso personal, etc.,  podréis encontrar una idea común en todos y es que equivocarse es algo positivo.


Como ingeniero, me gusta analizar las cosas desde varios puntos de vista, así que voy a poner las ventajas y desventajas de equivocarnos.
·         DESVENTAJAS: Lo pasas mal, te da vergüenza que te hayan visto, que el de al lado lo haya hecho mejor, no lo has hecho bien, tienes otro argumento para deprimirte, tardas más en conseguir tus objetivos, etc.
·         VENTAJAS: Aprendes.


Por favor, tened paciencia con vuestros hijos. Dejad que se equivoquen cuando hacéis un puzzle y cogen la pieza que no es; cuando le advertís sobre algo y sigue empeñado en hacerlo (con el tiempo os dará la razón); cuando doblan la ropa o hacen la cama (antes de corregidles decidles lo bien que lo han hecho); etc. Enseñadles a valorar el esfuerzo, a que luchen por conseguir SUS objetivos (no los vuestros, ya hablaremos en otro post de eso). Enseñadles a ser positivos y que cuando se equivocan han aprendido muchísimo y que la próxima vez lo harán mejor.


Tratad los errores que cometen vuestros hijos como os hubiera gustado que los hubieran tratado con vosotros y ya sabéis que durante toda su vida van a estar aprendiendo, pero cuando más necesitan aprender es ahora. ¿No es suficiente motivo éste?

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Qué dificil es que se estén quietos...!

     
     ¿Quién no ha visto alguna vez en alguna tienda o centro comercial la infructuosa pero intensa lucha de la madre o el madre por intentar conseguir que su hijo o hija de 2-10 años de edad se esté quieto a su lado o sentado sin hacer nada…? Al menos yo un montón de veces. Y ahora os pregunto, ¿qué pasaría si entramos en una de esas tiendas y vemos al niño de 4 años de pie, quieto, y al lado de su madre sin hacer nada, durante los 5-10 min (ó 30min) que dure la compra? A mí desde luego me chocaría bastante, ya que no es nada normal, y mucho menos habitual.


     Un niño pequeño tiene muchísima energía y tiene que soltarla, por lo tanto todos nuestros esfuerzos para que se esté quieto serán inútiles. A veces puede pasar que seamos más o menos tímidos y nos preocupe qué pensará esa señora tan bien arreglada, o ese señor que nos mira con cara de mala leche. ¿Y a nosotros qué nos importa lo que piense nadie? Por otro lado, como ya os he dicho antes, seguro que piensan mucho peor si ven al niño que ni se mueve, y puede sugerir más cosas malas que buenas. ¡Dejadles que anden! ¡Dejadles que se muevan! Y si se puede, ¡Dejadles que corran! De lo contrario,  lo más seguro es que todo acabe en una desesperación de la madre o padre y un cachete en el culo. Parece lógico, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no dejamos que lo haga? ¿acaso nos molesta? Entonces el problema es nuestro (a mí me pasa el primero, os lo aseguro, y lucho cada día para mejorar) Evidentemente, si en la tienda hay artículos que puedan romperse, habrá que poner más atención, o mejor aún, ir en otro momento que no vayáis acompañados de vuestros hijos, porque lo más seguro es que todo acabe en discusión.

     Me gustaría que los que tenéis hijos pequeños y no tan pequeños sepáis lo que tenéis, que no es sólo un gran tesoro, sino que además son personitas que no paran quietas porque están en edad de no estarse quietas, necesitan tocarlo todo, necesitan probarse a sí mismos y probaros a vosotros, necesitan soltar toda esa energía, etc, etc, etc. Necesitan jugar.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Hola hijo

     Ahora que acaba de empezar el cole para algunos, el instituto para otros y la universidad para otros, volvemos a pasar tiempo separados los padres de los hijos. Me gustaría haceros una pregunta, ¿le decís “Hola” a vuestros hijos cuando vienen de la universidad, instituto  o colegio? A algunos os parecerá, una vez más, algo  impensable no hacerlo, pero os aseguro que he visto más de un caso en el que es así.

     
     Ahora mis hijos van al colegio y aún no tienen edad suficiente para ir y volver a casa solos. A la salida del colegio nos encontramos todos los padres y madres. Pues bien, os puedo asegurar que aproximadamente el 30-40% de los padres no le dedican ni una sonrisa a sus hijos cuando les recogen. Así es. Algunos somos más o menos cariñosos que otros, y hay padres y madres que se “comen a besos” literalmente a sus hijos cuando salen del colegio, con tanto abrazo y besos. Pero hay otros, que con la misma cara de aburrido que tenían al levantarse por la mañana, van a recoger a sus hijos, y lo peor de todo es que la siguen teniendo cuando su hijo sale del colegio, le da la mano (o no) y casi no se dicen ni hola. Si eso es así ahora, ¿qué pasará dentro de unos años en la pubertad, adolescencia y de adultos? Pues no esperéis grandes señales de afecto, ni si quiera de educación.
     Sed educados y amables con vuestros hijos, y ellos lo serán con vosotros y con los demás. Es una ley natural. Decidle “Hola” a vuestros hijos cuando haga tiempo, que no le veis, o se haya ido a por el pan. Decidle adiós cuando se van o cuando os vais. Pedidles las cosas por favor, y dadle las gracias cuando hagan lo que le habéis pedido. Lo podéis hacer por el motivo que queráis: por su educación, por la vuestra, por respeto, por amabilidad, por darles cariño, ¡por lo que sea!, pero hacedlo.


          Todos somos personas, con más o menos edad, y debemos tratarnos entre todos como tal, una vez más, por sentido común, que como ya sabéis, es el menos común de los sentidos.


miércoles, 13 de agosto de 2014

Papá, mamá ¿jugáis conmigo?

     
     ¿Cuántas veces nos han dicho ya estas vacaciones esta pregunta nuestros hijos?  Seguro que casi todos los días. ¿qué es lo que hacemos nosotros? Yo por lo menos estoy de vacaciones, y no quiero que me molesten, ni que nadie perturbe mi descanso…
Para empezar, que sepáis que descansar no consiste en no hacer nada (Ver la TV, por ejemplo) sino cambiar de ocupación, como leer, hacer crucigramas, sudokus, maquetas, papiroflexia, punto de cruz, soldados de plomo, prácticas de albañilería en casa, aprender Chino…Yo qué sé. Pero os aseguro que una de las actividades que más nos van a descansar es jugar con nuestros hijos. Probadlo.


     Por otro lado, y pensando un poco más en ellos, he podido comprobar cómo en familias donde uno de los dos padres juega más con el hijo, es con ese padre/madre, con el que el hijo se le ve más unido. Es pura lógica una vez más… Uno de los recuerdos más agradables y satisfactorios que guardo de mi infancia y juventud, es cuando jugaba con mi padre a encestar la pelota de tenis en el paragüero del pasillo. Era auténtica competitividad, ¡vaya partidos”. Ya de más mayor, con 18-20 años, nos pasamos al pingpong, en el que venían vecinos a vernos jugar, sudando como profesionales y  dándolo todo. Ya con 25 años, recuerdo que fuimos al concierto de Paul McCartney, por ejemplo.  Esto no es casualidad. Vuelve a ser actuar con sentido común.

     Es posible que nunca recuerde muchas otras cosas de mi padre, y que el día que se vaya al cielo, agradeceré mucho más estos momentos. También es posible que en lugar de jugar al pingpong o encestar la pelota de tenis conmigo, prefiriera hacer cualquier otra de las cosas que le gustaban, como tocar la guitarra. No quiero entrar en sentimentalismos. Sólo quiero deciros, que aprovechéis estos días para estar un rato con vuestros hijos, y jugando con ellos, es la mejor forma de dedicarles vuestro tiempo y atención, que es lo que quieren, tengan la edad que tengan.

     ¿A qué jugáis?: hundir la flota, 3 en raya, chinos, sudoku, cartas, fútbol, billar, dardos, minigolf, volar una cometa, castillos y figuras de arena, crucigramas, ajedrez, montar en bici, comiditas, ir de compras, poner una tienda en el pasillo, etc, etc, etc. Cualquiera que implique tiempo y atención, recordadlo.


     Ganadle esta batalla a la pereza y jugad con vuestros hijos, ¡vale la pena!

miércoles, 23 de julio de 2014

Algunas ideas...

   Os pongo un artículo que me ha parecido tan interesante que lo transcribo tal cual. Es de Teresa Pereda, en Hacer Familia. Espero que os sea útil, para mí lo ha sido:



     La amistad y la relación de confianza de los padres con los hijos jóvenes no se consigue poniéndonos a su nivel. Un buen padre puede ser un buen amigo de su hijo sin menoscabo de su autoridad, aunque sea distinto el vocabulario, el modo de vestir o los modales que utilizamos unos y otros. Cuando los padres pretenden hacerse "amiguetes" de su hijo, se produce una situación grotesca y desprestigiadora para ellos.
     Los padres deben evitar ponerse a la altura de los amigos de sus hijos, ya que esta actitud puede terminar con la pérdida del respeto natural que el joven les debe por ser sus padres. No olvidemos que los jóvenes no buscan en sus padres un "colega", sino un amigo con experiencia y autoridad en quien poder confiar.
     - Da el primer paso. Nunca es tarde, aunque sí será más difícil cuanto más nos retrasemos, para conseguir la confianza de nuestros hijos. Los padres tenemos que decidirnos para dar el primer paso.
     - Valora lo que le importa. Párate a pensar qué conoces de tu hijo, de sus intereses y proyectos, de lo que valora por encima de todo. Es importante para poder conversar con él y realizar actividades juntos que consoliden nuestra confianza y amistad.
     - Preocúpate por sus cosas. Debes poder hablar con tu hijo o hija joven de cualquier tema y sin reproches por delante. Aconséjale sin censurar. Está deseando, aunque no lo diga, que se preocupen por él.
     - Respeta su intimidad. No intentes sacar a tu hijo sus confidencias a base de interrogatorios.
     - Date a conocer. Cuenta a tu hijo, de vez en cuando, algo personal acerca de tus ideas, tus proyectos de futuro (profesionales o no), de tus alegrías o tristezas, para lograr intimar con él. Le conocerás y tendrás su confianza cuando él te conozca a ti.
     - Entrégate cuando te necesite. Tu hijo ha de ver en ti alguien en quien poder confiar siempre. Recuérdaselo de vez en cuando, pero sobre todo procura estar preparado para cuando realmente necesite confiar en ti.
     - Pide su opinión en algún asunto serio. Presta atención a su consejo y extrae consecuencias de él. Después, mantenle al tanto de cómo van las cosas, en qué aplicaste lo que dijo, etc. Será una forma de demostrarle que confías en él.