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domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

viernes, 14 de octubre de 2016

Mi hijo no duerme

     Me gustaría contaros lo que nos pasó con nuestro hijo y cómo lo solucionamos. No durmió más de una hora seguida, durante sus primero dos años y medio. Os voy a contar lo que pasó.

     Antes de nada, he de deciros que sólo pretendo contar mi experiencia por si puede servir a algún padre o madre como referencia, a coger alguna idea, por si se encuentran en alguna situación parecida. Pero la solución a los problemas de sueño de mi hijo no debe aplicarse a otro niño sin consultar antes con un médico. Cada niño, cada persona, somos un caso particular. Quiero contar mi historia por si os puede ayudar en algo, pero no hay una solución única para este problema.

     Durante los primeros 3 o 4 meses de vida el sueño es bastante inestable, y puede haber muchos cambios debidos a la inmadurez del bebé. Pero a partir del cuarto mes debería empezar a haber cierta estabilidad en el sueño más menos constante. La pediatra nos dijo que esperáramos hasta los 6 meses, ya que hay niños que tardan un poco más en madurar. Nosotros esperamos, y las noches seguían sin mejorar.

     Mi hijo se dormía muy bien ya que en apenas 5 minutos después de echarle en la cuna ya estaba dormido. Pero pasada una hora aproximadamente, empezaba a llorar. Y hasta que no ibas, no se calmaba. Y ese ciclo se repetía varias veces a lo largo de la noche, todas las noches. Todas. Llevábamos una rutina de hábitos para irnos a dormir muy estricta: baño a las 19:30 durante 5-7 minutos, bibe, cuento y a dormir. Todo lo hacíamos muy despacio y voz tranquila, intentando transmitirle toda la paz posible. Pero todo seguía igual.

     Pasados 8 meses, la pediatra (una profesional fantástica que aún sigue viendo a nuestros hijos) nos decía que hay niños llorones, y que nos “había tocado”. Aun así,  nosotros sabíamos que eso no era habitual. Nuestro instinto de padres nos decía que “algo pasaba”. Por el contrario, su hermano mayor, a partir del cuarto o quinto mes no se despertó ni una sola vez por las noches.

     Tenía un sueño muy ligero. El ruido de una pisada en la tarima era suficiente para despertarle. Fueron unos años realmente duros, con ojeras, con muy mal humor durante el día, desesperados y frustrados. Aún recuerdo un fin de semana que se lo dejamos a mis padres 24 horas. Fueron 24 horas que aprovechamos para dormir, salir a dar un paseo, hacer la comida tranquilos, y hablar. ¡Qué paz! No podíamos “delegar” ese problema a menudo.

     Probamos con todas las opciones homeopáticas, con psicólogos infantiles que basaban su terapia en el juego (nada baratos), neurólogos (le hicieron pruebas), etc. Durante el día él estaba de muy mal humor, dando golpes y pegando, lloraba… Hasta que fuimos a la Unidad del Sueño del Hospital de La Paz.

     Comía muy bien, andaba bien, no presentaba signos de escaso desarrollo de psicomotricidad, etc. Nos dieron un calendario para que apuntáramos las veces que se despertaba durante la noche y durante la siesta. Llegamos a contar un máximo 20 despertares, y un mínimo de 5 en una noche. Una media de 10-12 despertares todas las noches. Todas. Nos dijeron que, a veces, algún indicador bajo en sangre podría ser la causa y había que hacerle un análisis de sangre. Es duro hacer un análisis a un bebé de casi dos años, sabiendo que con lo gordito que era no le iban a encontrar la vena fácilmente. Pero había que hacerlo. Y allí estuvimos 4 enfermeros y yo para sujetarle. Porque estaba muy fuerte y con muy mal genio. Yo lo pasé mal, fueron 30 segundos eternos, pero había que encontrar una solución. Y la encontramos.

     El hierro estaba muy bajo. No recuerdo los valores exactos, pero estaba por debajo de la mitad del valor mínimo para un bebé de su edad. Y empezamos a suministrarle hierro. Y al cabo del mes, empezó a dormir. Empezó a mejorar su humor durante el día. El nuestro también.

     Cuando los adultos no dormimos estamos cansados, nos arrastramos. Sin embargo los niños están irritables, llorones y de mal humor. Lo mismo pasa con el hierro. Cuando a un adulto le falta, se arrastra, está decaído. Pero cuando a un niño le falta, se pone irritable, de mal humor todo el día.

     El proceso en la Unidad del Suelo duró aproximadamente un año, pero mereció la pena.

     Hay que tener mucha paciencia. Mucha. Es muy fácil perder los nervios en una situación así. Él no tenía la culpa. Estaba enfermo y no lo sabíamos. Es muy importante tener esto presente. No es él. No lo hacía a propósito.

     Mientras tanto, y dentro de los grandes misterios de la naturaleza, contra el sueño ligero de D., estuvo (y aún está) el sueño profundo de su hermano mayor, que durmiendo en la litera de arriba, no se despertó ni una sola vez, ni una sola noche, con los llantos de su hermano pequeño que dormía en la misma habitación.

Recuerda:
Cada niño es diferente.
Ten mucha paciencia.
Pide ayuda a quien puedas.
Él no tiene la culpa.


domingo, 15 de febrero de 2015

Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. (El Principito)

Estoy leyendo el Principito, y no he podido evitar ponerme a escribir después de leer un pasaje, en el que el Principito visita el planeta del Rey, que aunque estaba sólo en su planeta, sabía muy bien lo que decía:

         “Quisiera ver una puesta de sol. (…) Ordenad al sol que se ponga”, dijo el Principito. Y el Rey contestó:  “Si ordenara a un general que volara de flor en flor como una mariposa o que escribiera una tragedia o que se transformara en ave acuática y el general no ejecutara la orden recibida, ¿quién de los dos estaría equivocado? (…) Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. La autoridad se apoya sobre todo en la razón.”

Vaya, casi que podría dejar aquí de escribir, pero por si acaso, haré un par de aclaraciones a las dos últimas frases.

Lo primero: hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. Hay un ejemplo muy claro, y es el de las notas. Debemos poner objetivos a nuestros hijos adaptados a sus aptitudes. No podemos decirles que tienen que sacar sobresaliente, porque a los que pueden hacerlo, les irá fenomenal, pero al que no puede, se sentirá frustrado por no poder cumplir lo que su padre le está pidiendo, y por lo tanto, no podrá recibir la gratificación que su padre les ha puesto a él y a sus hermanos, porque sencillamente, no puede porque no tiene las aptitudes para ello. Por lo tanto, a lo mejor hay que exigir a unos el sobresaliente, pero a otros habrá que exigirles el notable, o el bien, o incluso el aprobar todas! Y lo más importante, deberemos alegrarnos exactamente igual por el que ha sacado todo sobresaliente, como el que ha aprobado todas, si ese era su objetivo.
Por otro lado, cuánta razón tenía este Rey, sabía que la autoridad se apoya sobre todo en la razón. No tendría sentido poner como objetivo el sobresaliente al que sólo puede sacar un Bien, pero de la misma manera, no podemos pedir a nuestros hijos pequeños (3-6 años) que se estén quietos, porque no tiene sentido, porque son niños, por la cantidad de energía que tienen, etc.
No tiene sentido exigir a nuestros hijos de 7 años que hagan la cama como la haríamos nosotros, sencillamente, no tienen los brazos tan largos como nosotros para poder hacerlo.
No tiene sentido pedirles a nuestros hijos, que mientras ordenan su habitación, pongan la mesa, y le pongan el chupete a su hermano. Nosotros somos adultos y quizá somos capaces, pero no nuestros hijos pequeños y les podemos volver locos.
No tiene sentido exigir a nuestros hijos recién levantados que tengan la misma agilidad y celeridad que nosotros, porque sencillamente, son niños con sueño. De la misma manera no tiene sentido que después de un viaje, una boda o evento familiar, les pidamos que hagan lo de siempre con la misma velocidad que siempre, porque si tú, adulto, estás cansado, ¿cómo no lo van a estarlo ellos? ¿no habrá que ayudarles hoy a ponerse el pijama y lavarse los dientes ya que el día ha sido muy duro?


No tiene sentido pedir a nuestros hijos que hagan los deberes igual de rápido que si los hiciéramos nosotros, porque ellos están aprendiendo, y tú ya te lo sabes. Tú eres adulto, él es niño. Tú tienes prisa porque tienes un montón de cosas que hacer, pero él todavía no tiene tantas cosas en la cabeza, porque, una vez más, os recuerdo que son sólo niños.

domingo, 11 de enero de 2015

¿Crees que darle un azote va a servir de algo?

Ya te digo yo que no, bueno sí, para desahogarte tú, pero voy a intentar explicártelo.

Lo primero que quiero decir es que dos de mis hijos son uno más tranquilo y el otro es incluso muy inquieto. Bien, pues al que es tranquilo nunca le he puesto la mano encima. Es obediente, bondadoso, con muchas ganas de hacer el bien, deportista, y ni un pelo de tonto. Al hablar del otro, “el inquieto”, no puedo decir lo mismo, ya que alguna vez algún azote le ha caído.  Os explico esto, porque visto ahora con perspectiva, habiendo ya pasado algunos años, y analizando las circunstancias que atravesábamos en ese momento, puedo decirte que mi hijo, “el inquieto” ahora no es ni mejor ni peor. Yo estaba nervioso. Él no dormía, y nosotros tampoco, con lo que el agotamiento nos hacía a todos tener los nervios a flor de piel.


Vosotros pensad una cosa, y es que un niño inquieto o nervioso, lo lógico es que sea así, o bien  porque nosotros somos así de nerviosos o porque él es así, sencillamente. Y lo que también está claro, os lo digo por experiencia, es que será muy difícil que nos preste atención, que nos haga caso, que no nos saque de quicio… Pero, ahora que estás tranquilo, ¿qué crees que es lo que mejor le vendrá a tu hijo para ser más tranquilo? Si estamos de acuerdo en que el estar o ser más nervioso le hace ser o estar como hemos dicho, ¿Cuál será por tanto la mejor manera de que nos preste atención, que nos escuche y haga caso? Pues está claro consiguiendo que él esté más tranquilo. Y ahora viene la pregunta del millón, ¿creéis que un azote ayudará a que sea más tranquilo y sereno… o más bien lo contrario? Desde luego, a mi hijo, el que llamaba de broma “el inquieto”, ahora es el más cariñoso de todos, le encanta hacer puzles y no levantarse hasta terminarlos, nos ayuda a cocinar y le encanta… (Podría seguir mucho más). ¿Qué cómo lo hemos hecho? Millones de besos, millones de abrazos, hablándole muy despacio, mucho,  utilizando el tono de voz más tranquilos que sepamos decir,… y un poco de paciencia, pero no mucha, os lo aseguro. Lo digo para animaros a todos los que creéis que no la tenéis. Tenéis más de la que creéis, y además no os va a hacer falta toda. Eso sí: nada de azotes.
Y para los que no opinan igual, a los que por supuesto respeto a ellos y su opinión, os hago una reflexión, si cada vez que vuestro hijo hace algo mal le dais un azote o una torta como primera medida, ¿cómo diferenciáis o le vais a hacer saber lo grave o menos grave que es lo que han hecho? ¿Pegando más fuerte o menos flojo? De verdad, ¿tiene sentido? No es de sentido común.

       Os pido a todos un favor, en nombre de vuestros hijos, y de vosotros mismos (aunque aún no lo sepáis): que el azote sea el último recurso. Dejadlo para cuando se os hayan acabado todas las alternativas, ya que con un poco de suerte, ya se habrá pasado el enfado, y sobre todo, el vuestro. Así estaréis más tranquilos, y pensaréis con claridad. Con suerte, tu hijo y tú os ahorraréis ese mal trago del azote, ¿o… es que vosotros no os sentís mal después de habérselo dado…?

viernes, 2 de enero de 2015

¿CUÁL ES EL SECRETO PARA QUE NUESTRO HIJO ESTÉ SEGURO Y TRANQUILO?

     El otro día fuimos a visitar unos amigos, que tienen hijos de la edad de los nuestros. Hablando con el mayor de sus amigos del cole, me dijo que los padres de un amigo de clase estaban separados. 

     Yo le pregunté si sabía que era eso, y me contestó que el papá vivía en una casa y la mamá en otra. Veo que lo tenía claro. Sin preguntarle a penas, como si estuviera deseando decirlo, me empezó a contar que su amigo se portaba fatal en clase, que los profesores le decían “¡No sé qué hacer contigo!”.  En un intento de que entendiera o intentara comprender por qué su amigo se portaba mal  en clase, empecé a decirle que había que querer mucho a su amigo entre todos sus amigos. Le explicaba que su amigo estaba triste y su manera de decírselo a todos era portándose mal y estando nervioso. Él me contestó que por que esté triste no significa que tenga que pegar y morder. Me contuve la risa, y cuando pude hablar le dije que tenía toda la razón.  De todas formas, no se quedó muy convencido, y me preguntó que por qué su amigo estaba triste, que no lo entendía. Entonces yo le pregunté, si le gustaría que su papá viviera en una casa y su mamá en otra. Él, con una cara de asombro y de susto, abriendo los ojos como platos y medio esbozando una sonrisa, en plan “¡Qué cosas estás diciendo! Pues claro que no…” Y le dije, pues por eso está triste tu amigo.
     Muchos de nosotros, papás y mamás, podemos pensar que estamos lejos de eso, y que es una exageración, o que no hay ningún riesgo de ese tipo, pero… ¿nos conformamos con eso? Es decir, si nuestro hijo se siente triste o inseguro si llegáramos a separarnos, ¿no creéis que para que nuestros hijos se sientan más seguros, estén más tranquilos y estén mucho más estables, habrá que quererse entre vosotros papás? A veces, nuestros hijos, tienen la mala suerte de que nos ven sólo cuando llegamos del trabajo, o el fin de semana, pero ¿nos ven nuestros hijos querernos? ¿Ven a sus padres darse un beso cuando llegan de casa o salen a la calle? ¿Nos ven darnos un abrazo de vez en cuando (debería ser casi todos los días)? ¿Os ven hablarnos con respeto y educación? ¿Nos ven siendo agradables entre nosotros, dándonos las gracias por favores, y pidiendo las cosas por favor, como nosotros les pedimos que hagan ellos?
      Una vez más, manda el sentido común, es decir, si queremos que nuestros hijos nos quieran, quieran a sus hermanos, nos hablen con educación a nosotros y a sus hermanos, pues que vean que sus padres lo hacen. Predicar con el ejemplo, o si lo preferís, no tirar por tierra con nuestro ejemplo, lo que le pedimos de palabra. 

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dejad que se equivoquen


Hoy en día hay muchísima información disponible, muchísima red social donde poder compartir experiencias o conocimientos, para mejorar en la vida familiar, o personal, etc., y también en la laboral. Pues bien, en casi cualquier artículo de formación, de coaching, de progreso personal, etc.,  podréis encontrar una idea común en todos y es que equivocarse es algo positivo.


Como ingeniero, me gusta analizar las cosas desde varios puntos de vista, así que voy a poner las ventajas y desventajas de equivocarnos.
·         DESVENTAJAS: Lo pasas mal, te da vergüenza que te hayan visto, que el de al lado lo haya hecho mejor, no lo has hecho bien, tienes otro argumento para deprimirte, tardas más en conseguir tus objetivos, etc.
·         VENTAJAS: Aprendes.


Por favor, tened paciencia con vuestros hijos. Dejad que se equivoquen cuando hacéis un puzzle y cogen la pieza que no es; cuando le advertís sobre algo y sigue empeñado en hacerlo (con el tiempo os dará la razón); cuando doblan la ropa o hacen la cama (antes de corregidles decidles lo bien que lo han hecho); etc. Enseñadles a valorar el esfuerzo, a que luchen por conseguir SUS objetivos (no los vuestros, ya hablaremos en otro post de eso). Enseñadles a ser positivos y que cuando se equivocan han aprendido muchísimo y que la próxima vez lo harán mejor.


Tratad los errores que cometen vuestros hijos como os hubiera gustado que los hubieran tratado con vosotros y ya sabéis que durante toda su vida van a estar aprendiendo, pero cuando más necesitan aprender es ahora. ¿No es suficiente motivo éste?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Se le cae siempre el vaso de agua a tu hijo? Tengo la solución

     Puede parecer una tontería y es algo muy simple, pero os aseguro que puede con mi paciencia cuando alguno de mis hijos tiraba el vaso de agua en la cena. Estás agotado del día, y lo único que quieres es que se acabe pronto la cena para irte a leer un rato, ver una serie o simplemente dormir. Pero justo cuando estás pensando en eso, oyes un ruido en el suelo, un líquido caer y la cara de tu hijo que te mira con una expresión en su cara con la que expresa que es consciente de que ha metido la pata y te vas a cabrear…
     El otro día un compañero de trabajo me contaba esta historia tal cual, diciendo que le ponía de los nervios que a su hijo se le cayera el vaso del agua al suelo. ¡A mí también! le dije. ¡Pero he encontrado la solución!Empecé a explicarle que su hijo no tenía la culpa, sino él. Adiviné los vasos que tenía (los de IKEA, claro), y al día siguiente le traje otros. Os pongo una foto.


     Está claro qué vaso tenía y cual le regalé yo. Al día siguiente me lo agradeció enormemente, a parte de la ilusión que les hizo a sus hijos estrenar vasos. Por cierto, el vaso rojo también es de IKEA.
     Creo que una vez más se pone de manifiesto el sentido común y que debe de primar sobre todo lo demás. Quiero que os paréis a pensar. La solución está delante de vuestras narices. Sólo hay que pararse un poco a pensar en la solución, y poneros en la situación de vuestro hijo. Con unas manos pequeñas, sin asa, con una base más estrecha que la parte superior, etc., no es que vuestro hijo sea torpe, es que le habéis puesto la zancadilla (entendedme la expresión). Es un vaso con poca estabilidad, difícil de coger (más para un niño con las manos de grasa de coger las empanadillas) y fácil de que se caiga.

     Espero haberos ayudado.

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Qué dificil es que se estén quietos...!

     
     ¿Quién no ha visto alguna vez en alguna tienda o centro comercial la infructuosa pero intensa lucha de la madre o el madre por intentar conseguir que su hijo o hija de 2-10 años de edad se esté quieto a su lado o sentado sin hacer nada…? Al menos yo un montón de veces. Y ahora os pregunto, ¿qué pasaría si entramos en una de esas tiendas y vemos al niño de 4 años de pie, quieto, y al lado de su madre sin hacer nada, durante los 5-10 min (ó 30min) que dure la compra? A mí desde luego me chocaría bastante, ya que no es nada normal, y mucho menos habitual.


     Un niño pequeño tiene muchísima energía y tiene que soltarla, por lo tanto todos nuestros esfuerzos para que se esté quieto serán inútiles. A veces puede pasar que seamos más o menos tímidos y nos preocupe qué pensará esa señora tan bien arreglada, o ese señor que nos mira con cara de mala leche. ¿Y a nosotros qué nos importa lo que piense nadie? Por otro lado, como ya os he dicho antes, seguro que piensan mucho peor si ven al niño que ni se mueve, y puede sugerir más cosas malas que buenas. ¡Dejadles que anden! ¡Dejadles que se muevan! Y si se puede, ¡Dejadles que corran! De lo contrario,  lo más seguro es que todo acabe en una desesperación de la madre o padre y un cachete en el culo. Parece lógico, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no dejamos que lo haga? ¿acaso nos molesta? Entonces el problema es nuestro (a mí me pasa el primero, os lo aseguro, y lucho cada día para mejorar) Evidentemente, si en la tienda hay artículos que puedan romperse, habrá que poner más atención, o mejor aún, ir en otro momento que no vayáis acompañados de vuestros hijos, porque lo más seguro es que todo acabe en discusión.

     Me gustaría que los que tenéis hijos pequeños y no tan pequeños sepáis lo que tenéis, que no es sólo un gran tesoro, sino que además son personitas que no paran quietas porque están en edad de no estarse quietas, necesitan tocarlo todo, necesitan probarse a sí mismos y probaros a vosotros, necesitan soltar toda esa energía, etc, etc, etc. Necesitan jugar.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Hola hijo

     Ahora que acaba de empezar el cole para algunos, el instituto para otros y la universidad para otros, volvemos a pasar tiempo separados los padres de los hijos. Me gustaría haceros una pregunta, ¿le decís “Hola” a vuestros hijos cuando vienen de la universidad, instituto  o colegio? A algunos os parecerá, una vez más, algo  impensable no hacerlo, pero os aseguro que he visto más de un caso en el que es así.

     
     Ahora mis hijos van al colegio y aún no tienen edad suficiente para ir y volver a casa solos. A la salida del colegio nos encontramos todos los padres y madres. Pues bien, os puedo asegurar que aproximadamente el 30-40% de los padres no le dedican ni una sonrisa a sus hijos cuando les recogen. Así es. Algunos somos más o menos cariñosos que otros, y hay padres y madres que se “comen a besos” literalmente a sus hijos cuando salen del colegio, con tanto abrazo y besos. Pero hay otros, que con la misma cara de aburrido que tenían al levantarse por la mañana, van a recoger a sus hijos, y lo peor de todo es que la siguen teniendo cuando su hijo sale del colegio, le da la mano (o no) y casi no se dicen ni hola. Si eso es así ahora, ¿qué pasará dentro de unos años en la pubertad, adolescencia y de adultos? Pues no esperéis grandes señales de afecto, ni si quiera de educación.
     Sed educados y amables con vuestros hijos, y ellos lo serán con vosotros y con los demás. Es una ley natural. Decidle “Hola” a vuestros hijos cuando haga tiempo, que no le veis, o se haya ido a por el pan. Decidle adiós cuando se van o cuando os vais. Pedidles las cosas por favor, y dadle las gracias cuando hagan lo que le habéis pedido. Lo podéis hacer por el motivo que queráis: por su educación, por la vuestra, por respeto, por amabilidad, por darles cariño, ¡por lo que sea!, pero hacedlo.


          Todos somos personas, con más o menos edad, y debemos tratarnos entre todos como tal, una vez más, por sentido común, que como ya sabéis, es el menos común de los sentidos.


sábado, 17 de mayo de 2014

Papá, mamá, ¡os quiero mucho!

     A veces vamos a casa de algunos amigos. Esos amigos también suelen tener hijos. Y normalmente, en algún momento de la tarde, viene alguno de mis hijos y me dice, “Papá, ¿sabes que te quiero mucho?” Y me da un beso y un abrazo. Acto seguido, se da media vuelta y vuelve a la habitación donde estaba jugando con los demás niños.
     Pues bien, como os podéis imaginar, el asombro de los que no están familiarizados con estos gestos es bastante potente. “Qué suerte habéis tenido”, “que niño tan bueno y cariñoso”. Evidentemente no les falta razón, pero luego dicen “Ojalá mi hijo me dijera esas cosas” o “No soy capaz de que mi hijo me dé un beso”. Y ahí es cuando no puedes decir nada, porque no tienes confianza suficiente, o sabes que a lo mejor se enfadan por decírselo, pero como aquí estoy escribiendo a todo el mundo, nadie se va a enfadar. ¿Acaso le dices a tu hijo que le quieres? ¿Cuántos besos le das a tu hijo al día? ¿cuántas veces al día vas a por él a abrazarle, darle un beso y decirle que le quieres? Pues entonces, ¿cómo esperas que él lo haga contigo?. Parece fácil, ¿verdad? ¿y por qué no lo haces? Os aseguro que es una pasada cuando cualquiera de mis hijos viene y me abraza con fuerza, me da un beso y me dice que me quiere. Entonces pienso “¡Vale la pena!” No hay palabras que lo describan, ni comparación posible. Es simplemente la sensación de saber que eres feliz, que tu hijo te está haciendo feliz con algo tan simple como un abrazo. ¿y te lo vas a perder? ¿y realmente sigues pensando en no saber qué hacer para que tu hijo venga a darte un beso?. Quizá alguno ya sea mayor y si vas a darle un beso te pinches con su barba. Lo que quiero decir, es que cuanto más pequeños sean más fácilmente lo asimilarán y te responderán con un beso antes. Y a los más mayores, quizá les cueste más habituarse, quizá no nos den un beso en años, pero sabrán que les quieres.
     Sed cariñosos con vuestros hijos. Necesitan ese cariño. La naturaleza humana necesita ese cariño, está preparada para ello, forma parte de su construcción como persona. Ayudaremos a nuestro hijo a tener empatía, a saber relacionarse con el resto de personas, a querer a su mujer/marido en un futuro… y todo esto, gracias al cariño que has sabido darle desde pequeño.
     En mi caso, he tenido mucha suerte, ya que mis padres han sido cariñosos conmigo. Gracias porque me han enseñado a descubrir y cuidar las cosas que me hacen feliz cada día: mi mujer y mis hijos.