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domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

lunes, 18 de julio de 2016

Castigado por culpa de la Tablet

     El otro día me contaban una historia que me pareció muy interesante comentar.
     Últimamente hay colegios que han optado por cambiar los libros de texto de papel por una Tablet. Creo que es una medida muy buena y que estaba tardando en llegar. Es impresionante el peso que llevan los niños a la espalda. Pero como todas las medidas innovadoras y revolucionarias como esta, deben de implantarse con indicaciones, transmitiendo a los padres, en este caso, los pros y los contras de esta medida. Os voy a contar lo que pasó.
     Estos estudiantes no tienen libros o muy pocos. Hacen los deberes con la Tablet, y estudian con la Tablet. Pero es una Tablet que no está limitada, al menos no todo lo que debería. Eso significa que en el disco duro, además de tener los libros de texto, están instaladas también aplicaciones de cualquier tipo. Y por supuesto, juegos.
     La anécdota habla de uno de estos estudiantes que en época de exámenes estaba en su habitación estudiando. O al menos, eso era lo que estaba previsto. La madre entró en la habitación y el hijo no estaba estudiando, sino que estaba jugando. La consecuencia fue que se quedó castigado por no estudiar, por mentir, etc.
     Pero vamos a pensar un momento. Le damos a nuestro hijo una Tablet, para que estudie, y no le desinstalamos los juegos, ni siquiera le limitamos el acceso por contraseña, ya que nosotros confiamos plenamente en nuestros hijos (evidentemente). Ahora vamos a ponernos en su situación. Me deja mamá en mi habitación, con la puerta cerrada, con la Tablet para estudiar. ¿No veis que ya suena a cuento? ¡Y lo peor de todo, es que el cuento se lo estamos contando nosotros! Y ahora os pregunto yo a vosotros, padres, ¿tenéis una fuerza de voluntad tal que hacéis siempre lo que tenéis que hacer? Cuando estáis en la oficina o puesto de trabajo, ¿trabajáis las 8 horas diarias sin distracciones? ¿Estáis siempre concentrados al 100% o a veces miráis “qué hay” en Internet los días que estáis más cansados? Y cuando os proponéis algo, como por ejemplo bajar de peso, ¿tenéis la suficiente fuerza de voluntad para cumplir la dieta y no comer dulces? O ¿no será que como no confiáis en vuestra fuerza de voluntad, os valéis de pequeñas ayudas como no comprar dulces? Y sigo preguntando, ¿por qué entonces exigís a vuestros hijos que tengan esa fuerza de voluntad que vosotros los adultos no tenéis? Y peor aún, ¿por qué les castigáis por no tenerla? Hay soluciones: estudiar con la puerta abierta si el ambiente de casa lo permite, restringir los juegos con contraseña, etc., etc., etc.
     Una vez más hago un reclamo a utilizar el sentido común como herramienta de educación. Ayudarles enseñándoles trucos para no distraerse, pero no castigando exigiéndoles algo que excede de su capacidad de respuesta. Si nosotros adultos, no seríamos capaces, ¿por qué exigírselo a nuestros hijos de esa manera?

viernes, 29 de abril de 2016

Mamá y Papá nunca salen.

     Salíamos mi mujer y yo a cenar el otro día. Estábamos con unos amigos y con sus hijos. Su cara de asombro fue para grabarla: “¿Os vais a cenar? Qué suerte tenéis…” Pues sí, la verdad es que sí que tenemos suerte, pero también hay algo más. Y es que os aseguro que tener una conversación sin interrupciones, sin nadie llorando a tu alrededor, sin la posibilidad de hacer aquello que de repente te acuerdas (poner el lavavajillas, o coser el botón del babi, o colocar la estantería que siempre ves desordenada), porque estáis los dos cenando en un restaurante, o en un bar tomando una cerveza y unas patatas bravas…es una pasada.

     Me gusta comparar esto como la gasolina de un coche. Están las personas que van a la gasolinera cuando el coche entra en reserva y otros cuando aún le quedan algunos litros. De la misma manera, están las parejas que hacen esto cuando están hartos, no pueden más, o notan que se enfadan con más facilidad de lo normal. Y están los que procuran hacerlo, sin que se haya convertido en una tarea urgente, porque “no puedo más”.

     Y es que el sentido común vuelve a llamar a nuestra puerta. Tenemos mucha suerte de poder salir a cenar, pero yo también diría que este tipo de cosas salen porque nos hemos propuesto, entre los dos, que salgan. Pedimos un favor a algún hermano, o a alguna abuela, o contratar a un canguro para poder salir nosotros. Pero esto no suele salir de la noche a la mañana. Exige un poco de previsión, un pequeño calendario, avisar con tiempo a quien se vaya a quedar en casa cuidando de los peques, etc. Como veis todo está relacionado.

     No esperéis a “estar hartos”, no esperéis a “quedaros sin gasolina” para salir. Hacer un plan los dos sólo es algo necesario, muy necesario. No hace falta que os recuerde el estrés del trabajo, los horarios de los coles, los deberes, las cenas, la casa, los compromisos con amigos, con familiares… ¿No creéis que debe estar entre nuestras prioridades?. Si se hace así, ¡todo irá mucho mejor! No es lo mismo estudiar para sacar un 5 (que siempre será más fácil suspender), que para sacar un 9 (que tendremos algo de margen), ¿verdad?


     Espero que os planifiquéis ahora mismo, y pongáis un día en el calendario para vuestro próximo plan juntos, y con qué frecuencia. Por vuestro bien y por el de vuestros hijos.

martes, 1 de marzo de 2016

El ejemplo de mi padre

     Mucha gente me dice que hago cosas poco habituales, dicen que tengo mucha fuerza de voluntad (qué poco me conocen), de alguna manera les remueve lo que hago día a día, y se sorprenden de la cantidad de cosas que me da tiempo a hacer. He pensado sobre ello. Y por fin, he averiguado de dónde salen estas “heroicidades”. Lo pongo entre comillas, porque para mí no es más que un pequeño esfuerzo adicional en épocas en las que necesitan o necesito ese esfuerzo extra para sacar adelante lo que me he propuesto o sencillamente lo necesito para vivir. Y digo esto, porque para mí, este esfuerzo, esas “heroicidades” se las he visto hacer a mi padre todos los días desde que nací, y todavía las sigo viendo.

     Mi padre trabaja en casa. Trabajador autónomo, su trabajo se ha medido, no por las horas que trabajaba, sino por los encargos que terminaba. Somos cinco hermanos, y aunque ahora somos todos mayorcitos y adultos, hubo una época en que llevábamos pañales, y hacíamos de todo menos estar en silencio, como cualquier niño. Por lo tanto, mi padre tenía que sacar tiempo de debajo de las piedras para acabar los encargos y traer dinerito a casa.

     Mi padre no estudió ninguna carrera, ni consiguió ningún premio de estudios, y aunque no se podía sentar conmigo a hacer los deberes, me ha enseñado mucho más de lo que cualquier libro me hubiera podido enseñar, ni me enseñará nunca. Lo tengo muy claro.

     He visto a mi padre madrugar muchos días, le he visto pasar frío trabajando, sueño, sufrir en silencio las preocupaciones del trabajo y de la economía familiar.  Son una cantidad de detalles que no he apreciado hasta que no he sido padre de familia y he madurado. Ahora, pienso en ellos, y sencillamente, hago lo que tenga que hacer para estar a la altura de las circunstancias que el día a día me exige. Si tengo que madrugar, pues madrugo; si tengo que estudiar, pues estudio; si tengo que trabajar, trabajo; y si me tengo que aguantar, pues me aguanto.

     Por lo tanto, he llegado a la conclusión (ya había llegado antes, pero me reafirmo en ella) de que he tenido una suerte increíble con mi padre. No digo que sea un padre perfecto, pero jamás creo que pueda echarle el valor que él le echó con nosotros (por ahora sigo estando a años luz). Y a todos los que se sorprenden de mis “heroicidades”, les digo que sólo intento aprovechar al máximo los recursos que mis padres me dieron (con mucho esfuerzo), y que aún me siguen dando. Sé que ahora mis hijos no entienden lo que hago, pero también sé que se les quedará grabado en la memoria lo que hago, de la misma manera que yo tengo grabado en la mía lo que hacía mi padre y que he tardado más de 30 años en entender. Gracias papá.

domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.    

sábado, 16 de mayo de 2015

CÓMO Y CUÁNDO RESPETAR LA INTIMIDAD DE NUESTROS HIJOS

Pues sí, nuestros hijos tienen derecho a la intimidad, y más la necesitan a medida que son más mayores. Poniéndonos en situación, está claro que con un niño de 3 años este tema no será tan importante como con uno de 15. Aun así, un niño de 3-4 años empezará a tener sus juguetes favoritos, esos que siempre se lleva a casa de la abuela. Esos juguetes seguramente los dejará habitualmente en el mismo sitio, en el mismo cajón. Pues ese cajón empieza a formar parte de la intimidad de nuestro hijo. ¿Significa que no podemos abrirlo? Claro que podemos abrirlo, sin embargo debemos evitar cambiar su esencia sin que él lo sepa. Es decir, imaginemos que necesitamos ese cajón para guardar otras cosas y necesitamos cambiar de sitio sus juguetes. Con 3-6 años no pasa nada si cambiamos los juguetes y no le decimos nada, pero estaremos empezando a enseñar qué es el respeto por la intimidad de los demás si hacemos lo contrario. “Pablo, necesito este cajón, ¿puedes por favor poner tus juguetes en otros sitio?”. Pablo se sentirá respetado y su cajón de juguetes tendrá mucho más valor a partir de ahora que sus padres lo respetan. Ni que decir tiene, queda descartado el famoso artículo 33, que dice: “cambio los juguetes aunque no le guste, porque soy su padre/madre y aquí se hace lo que yo diga, y necesito ese cajón. Ya los pondrá en otra parte”.




¿Qué pasa más adelante? A partir de los 8 años, los niños empiezan a tener secretos, si es que se puede llamar así con esa edad. Nosotros, como personas adultas que somos, no debemos/podemos infravalorar esos “secretos”. Por lo tanto, deberemos estar atentos para observar qué es lo que nuestro hijo guarda y cómo lo guarda. Sus pequeños tesoros. Es cuando nosotros como padres, debemos conocer qué es lo que nuestro hijo guarda, como parte de nuestra preocupación por él. Pero con mucha mano izquierda. Es decir, si queremos saber qué guarda nuestro hijo de 10 años, deberemos preguntarle. Si decidimos abrir SU cajón, siempre procuraremos que nuestra pequeña incursión pase totalmente desapercibida. Si encontráramos algo que no tiene nuestra aprobación haciendo esa incursión, NUNCA iremos a decirle: ¿Qué es esto que he encontrado en tu cajón? Si lo hacemos así habremos empezado a romper la confianza que nuestro hijo pueda tener en nosotros. Nuestros hijos tienen que poder confiar en nosotros. Deben confiar en que nosotros no vamos a inspeccionar sus cajones. ¿Qué haríais vosotros si alguien os hiciera eso? A mí por lo menos lo que me provoca es esconderme en mi caparazón como una tortuga, para protegerme. No salgo al exterior porque en cualquier momento alguien puede invadir mi intimidad. 



El tema da para mucho más. Pero no quiero dejar de hablar de Facebook. Hace 15-20 años os diría que no podemos levantar el teléfono del salón mientras nuestro hijo habla en el cuarto. Ahora mismo la situación es distinta, y hay mucho, muchísimo peligro. Pero no podemos llamar a ningún amigo informático para que se meta en la cuenta de nuestro hijo para saber qué hace. Es lo más fácil y el camino más corto, pero no es el camino. Deberemos tener nuestra cuenta de Facebook y que nuestro hijo sea uno de nuestros amigos. Es difícil, y costará mucho esfuerzo conseguirlo, pero contamos con la confianza que hemos estado construyendo entre nuestros hijos y nosotros desde pequeñito. Sabe que puede confiar en nosotros, y sabemos que no tiene nada que esconder.

domingo, 5 de abril de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL?

Me llama mucho la atención que niños, repito, niños cada vez más pequeños tengan móvil, e incluso Tableta propia, con conexión de datos incluida.


No podemos establecer un límite de edad como si de un problema matemático se tratara, pero intentaré analizar la situación utilizando como siempre, el sentido común.
Debemos tener en cuenta que los tiempos han cambiado, pero a la vez no podemos utilizar este argumento para justificar todo lo que hacemos con nuestros hijos. Debemos reflexionar si las decisiones que tomamos para nuestros hijos son lo mejor para ellos, corran los tiempos que corran. Quiero decir, que aunque “todo el mundo” haga algo, como comprar un móvil a su hijo, no debe ser un argumento para comprarle un móvil al nuestro.


Una primera regla general, un primer filtro que podríamos establecer por ejemplo en el caso del móvil sería la siguiente. ¿Es mi hijo un niño todavía? Por ejemplo, el otro día, celebrando un cumpleaños en una piscina de bolas, la hermana de un amigo de mi hijo, apareció por allí con su móvil y con su Tableta, ambos con conexión a Internet. Podría decir la edad que tenía, pero prefiero decir que no paraba de insistir a su madre para que la dejara pasar a la piscina de bolas. Pues a eso me refiero. Algo así debería de valer como motivo para saber que aún es una niña y no debería tener móvil. Lo mismo pasaría si le diera miedo dormir con la luz apagada, o si se hace pis en la cama, etc. No os lo toméis al pie de la letra y sed sinceros con vosotros y con vuestros hijos.
¿Por qué debemos asegurarnos de que ya no es un niño? Porque el móvil cuesta dinero (aunque sea antiguo) y es una responsabilidad, porque no sabemos a quién puede llamar, o no sabemos quién les puede llamar, porque si tiene Internet no sabemos en qué paginas puede entrar, o con quien puede chatear (eso siempre que nos importen algunos principios básicos que queramos transmitir a nuestros hijos). Y si lo que queremos es controlar a nuestro hijo o hija, existen otras alternativas. Por ejemplo hay móviles muy sencillos, sin posibilidad de conexión a Internet, que pueden ser un primer paso.

En general ,deberemos saber de antemano, siempre con cierto riesgo, que nuestro hijo tiene el grado de madurez suficiente para que haga un uso responsable del móvil. El otro día, había una madre con sus dos hijos buscando en la basura que ya habían tirado, porque creían haber tirado una consola de vídeo juegos de mano (mínimo 100 €) sin querer, claro está. Está claro que no nos demos cuenta, pero a veces les asignamos a nuestros hijos más responsabilidades de las que son capaces de responder, pero por la sencilla razón de que son sólo niños.
Por lo tanto, las nuevas tecnologías no son malas, ni muchísimo menos, pero hay que hacer buen uso de ellas y tener siempre el control sobre ellas haciendo un uso responsable, primero nosotros, y luego nuestros hijos, siguiendo nuestro ejemplo y siempre que estén preparados para ello.

Montaríais a caballo sin riendas? Pues de la misma manera vuestros hijos necesitan esas riendas para que les guiéis por el buen camino, al menos, para que sepan cual es el malo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. (El Principito)

Estoy leyendo el Principito, y no he podido evitar ponerme a escribir después de leer un pasaje, en el que el Principito visita el planeta del Rey, que aunque estaba sólo en su planeta, sabía muy bien lo que decía:

         “Quisiera ver una puesta de sol. (…) Ordenad al sol que se ponga”, dijo el Principito. Y el Rey contestó:  “Si ordenara a un general que volara de flor en flor como una mariposa o que escribiera una tragedia o que se transformara en ave acuática y el general no ejecutara la orden recibida, ¿quién de los dos estaría equivocado? (…) Hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. La autoridad se apoya sobre todo en la razón.”

Vaya, casi que podría dejar aquí de escribir, pero por si acaso, haré un par de aclaraciones a las dos últimas frases.

Lo primero: hay que exigir a cada uno lo que cada uno puede dar. Hay un ejemplo muy claro, y es el de las notas. Debemos poner objetivos a nuestros hijos adaptados a sus aptitudes. No podemos decirles que tienen que sacar sobresaliente, porque a los que pueden hacerlo, les irá fenomenal, pero al que no puede, se sentirá frustrado por no poder cumplir lo que su padre le está pidiendo, y por lo tanto, no podrá recibir la gratificación que su padre les ha puesto a él y a sus hermanos, porque sencillamente, no puede porque no tiene las aptitudes para ello. Por lo tanto, a lo mejor hay que exigir a unos el sobresaliente, pero a otros habrá que exigirles el notable, o el bien, o incluso el aprobar todas! Y lo más importante, deberemos alegrarnos exactamente igual por el que ha sacado todo sobresaliente, como el que ha aprobado todas, si ese era su objetivo.
Por otro lado, cuánta razón tenía este Rey, sabía que la autoridad se apoya sobre todo en la razón. No tendría sentido poner como objetivo el sobresaliente al que sólo puede sacar un Bien, pero de la misma manera, no podemos pedir a nuestros hijos pequeños (3-6 años) que se estén quietos, porque no tiene sentido, porque son niños, por la cantidad de energía que tienen, etc.
No tiene sentido exigir a nuestros hijos de 7 años que hagan la cama como la haríamos nosotros, sencillamente, no tienen los brazos tan largos como nosotros para poder hacerlo.
No tiene sentido pedirles a nuestros hijos, que mientras ordenan su habitación, pongan la mesa, y le pongan el chupete a su hermano. Nosotros somos adultos y quizá somos capaces, pero no nuestros hijos pequeños y les podemos volver locos.
No tiene sentido exigir a nuestros hijos recién levantados que tengan la misma agilidad y celeridad que nosotros, porque sencillamente, son niños con sueño. De la misma manera no tiene sentido que después de un viaje, una boda o evento familiar, les pidamos que hagan lo de siempre con la misma velocidad que siempre, porque si tú, adulto, estás cansado, ¿cómo no lo van a estarlo ellos? ¿no habrá que ayudarles hoy a ponerse el pijama y lavarse los dientes ya que el día ha sido muy duro?


No tiene sentido pedir a nuestros hijos que hagan los deberes igual de rápido que si los hiciéramos nosotros, porque ellos están aprendiendo, y tú ya te lo sabes. Tú eres adulto, él es niño. Tú tienes prisa porque tienes un montón de cosas que hacer, pero él todavía no tiene tantas cosas en la cabeza, porque, una vez más, os recuerdo que son sólo niños.

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dejad que se equivoquen


Hoy en día hay muchísima información disponible, muchísima red social donde poder compartir experiencias o conocimientos, para mejorar en la vida familiar, o personal, etc., y también en la laboral. Pues bien, en casi cualquier artículo de formación, de coaching, de progreso personal, etc.,  podréis encontrar una idea común en todos y es que equivocarse es algo positivo.


Como ingeniero, me gusta analizar las cosas desde varios puntos de vista, así que voy a poner las ventajas y desventajas de equivocarnos.
·         DESVENTAJAS: Lo pasas mal, te da vergüenza que te hayan visto, que el de al lado lo haya hecho mejor, no lo has hecho bien, tienes otro argumento para deprimirte, tardas más en conseguir tus objetivos, etc.
·         VENTAJAS: Aprendes.


Por favor, tened paciencia con vuestros hijos. Dejad que se equivoquen cuando hacéis un puzzle y cogen la pieza que no es; cuando le advertís sobre algo y sigue empeñado en hacerlo (con el tiempo os dará la razón); cuando doblan la ropa o hacen la cama (antes de corregidles decidles lo bien que lo han hecho); etc. Enseñadles a valorar el esfuerzo, a que luchen por conseguir SUS objetivos (no los vuestros, ya hablaremos en otro post de eso). Enseñadles a ser positivos y que cuando se equivocan han aprendido muchísimo y que la próxima vez lo harán mejor.


Tratad los errores que cometen vuestros hijos como os hubiera gustado que los hubieran tratado con vosotros y ya sabéis que durante toda su vida van a estar aprendiendo, pero cuando más necesitan aprender es ahora. ¿No es suficiente motivo éste?

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Qué dificil es que se estén quietos...!

     
     ¿Quién no ha visto alguna vez en alguna tienda o centro comercial la infructuosa pero intensa lucha de la madre o el madre por intentar conseguir que su hijo o hija de 2-10 años de edad se esté quieto a su lado o sentado sin hacer nada…? Al menos yo un montón de veces. Y ahora os pregunto, ¿qué pasaría si entramos en una de esas tiendas y vemos al niño de 4 años de pie, quieto, y al lado de su madre sin hacer nada, durante los 5-10 min (ó 30min) que dure la compra? A mí desde luego me chocaría bastante, ya que no es nada normal, y mucho menos habitual.


     Un niño pequeño tiene muchísima energía y tiene que soltarla, por lo tanto todos nuestros esfuerzos para que se esté quieto serán inútiles. A veces puede pasar que seamos más o menos tímidos y nos preocupe qué pensará esa señora tan bien arreglada, o ese señor que nos mira con cara de mala leche. ¿Y a nosotros qué nos importa lo que piense nadie? Por otro lado, como ya os he dicho antes, seguro que piensan mucho peor si ven al niño que ni se mueve, y puede sugerir más cosas malas que buenas. ¡Dejadles que anden! ¡Dejadles que se muevan! Y si se puede, ¡Dejadles que corran! De lo contrario,  lo más seguro es que todo acabe en una desesperación de la madre o padre y un cachete en el culo. Parece lógico, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no dejamos que lo haga? ¿acaso nos molesta? Entonces el problema es nuestro (a mí me pasa el primero, os lo aseguro, y lucho cada día para mejorar) Evidentemente, si en la tienda hay artículos que puedan romperse, habrá que poner más atención, o mejor aún, ir en otro momento que no vayáis acompañados de vuestros hijos, porque lo más seguro es que todo acabe en discusión.

     Me gustaría que los que tenéis hijos pequeños y no tan pequeños sepáis lo que tenéis, que no es sólo un gran tesoro, sino que además son personitas que no paran quietas porque están en edad de no estarse quietas, necesitan tocarlo todo, necesitan probarse a sí mismos y probaros a vosotros, necesitan soltar toda esa energía, etc, etc, etc. Necesitan jugar.

jueves, 3 de julio de 2014

¡Ordena tu habitación!

     Seguimos aplicando el sentido común, que como sabéis es el menos común de todos los sentidos. 

     Es sábado por la mañana o domingo por la tarde, y nuestro hijo ha conseguido, con mucho esfuerzo, que no se vea el suelo de la habitación con la cantidad de cosas que hay tiradas. Pues bien, es hora de recogerlo, porque lleva toda la semana así, porque entre semana no hay tiempo para recogerlo o porque mañana es lunes y hay clase. “¡Hijo, por favor: recoge tu habitación!” ¿Os suena esta frase? Os parecerá muy obvio y lógico, pero ¿le has enseñado a tu hijo a recoger y ordenar su habitación? Quieres que haga su cama, pero ¿la has hecho con él para que aprenda a hacerla bien? ¿Le ayudáis a organizarse y a que en su habitación haya un sitio para cada cosa y tengan cada cosa en su sitio? (distinguir entre ayudar a hacer y hacer, que es bien distinto)

     A mí personalmente me cuesta ser ordenado en casa, y mi mujer es una persona muy organizada. Pues desde que estoy con ella he aprendido a organizarme, sobretodo porque me ha enseñado ella, a ser ordenado, con pequeños pasos básicos que me ha ido enseñando, como apuntarme las cosas en el móvil para que no se me olviden, o dejar las zapatillas en la entrada cuando vengo de correr para no llenar el suelo de la casa de barro. A alguno os parecerá muy básico, pero para mí no lo era. Y digo yo, si a mí me cuesta ver esas cosas que soy ya mayorcito (ahora y cuando me casé), ¿cómo lo va a saber hijo que es menor de edad? Es decir, debemos seguir haciendo preguntas muy sencillas aplicando el sentido común, pero a hora a nosotros mismos, como:

¿Le he dicho a mi hijo cómo se dobla el pijama?

¿He recogido con mi hijo su habitación ayudándole y proponiéndole ejemplos de dónde puede ir cada cosa?

¿Le he contado a mi hijo los beneficios de encontrar una cosa a la primera cuando la buscas y la cantidad de tiempo que pierdes cuando no sabes dónde está, a parte del enfado que pillas?

Ah, se me olvidaba, ¿me preocupo de que mi hijo tenga estanterías en su habitación para guardar los libros o armarios para guardar los juguetes?

¿Le he dicho a mi hijo cómo se cierra la puerta sin dar portazo poniéndole un ejemplo?

¿He enseñado a mi hijo a hacer la cama haciéndola con él varias veces y corrigiéndole con paciencia?

¿Le he dicho a mi hijo para qué sirve la escobilla del baño, cómo se utiliza y qué hay que hacer cuando se mancha el inodoro? ¿Y qué se puede tirar al inodoro y qué se debe tirar a la papelera?

     Y que sepáis que no sirve de nada si se lo decís gritando, enfadados o haciéndoles sentir que no saben hacer nada. Enseñadles como lo harían vuestros padres o como os hubiera gustado que lo hubieran hecho.

     Seguro que alguna madre o padre está pensando en que su hijo de 15 años ya es imposible que sea ordenado. Vosotros enseñadle a ser ordenado, si ahora las hormonas las tiene alborotadas ya se relajarán, y aprovechará todo lo que le habéis enseñado cuando sea un “pequeño adulto”. Seguiremos siendo sus padres y entonces podrán echarnos en cara que no le enseñamos nada o nos lo agradecerán por habérselo enseñado.

jueves, 19 de junio de 2014

Comunicación 2ª Parte: No me molestes.

Estoy en el aeropuerto esperando a que nos llamen para embarcar. Justo en frente de mí, hay una madre con sus dos hijos, el mayor con unos 15 años y la pequeña con unos 10. Aparentemente no parece que les falte dinero, sino todo lo contrario, pero sin excesos. Parecen educados y de buena familia. Es muy pronto, así que los chicos están algo somnolientos, sin embargo la madre  está concentrada y atenta a la tablet que mira fijamente y escribe de vez en cuando. Me ha parecido una imagen perfecta para ayudarme a escribir el tema de este post: Escuchar.
Cuando veo a esta pequeña familia (que puede ser magnífica, no lo pongo en duda) veo una burbuja  invisible alrededor de cada uno. Esa burbuja no se ve, pero se palpa. Cada uno está a lo suyo. Sinceramente, creo que tanto a la chica como al chico dan por perdido cualquier intento de comunicación con su madre. Me ha hecho pensar, porque yo también tengo tablet, portátil, TV y otras cosas que me gusta ver en casa. Y me pregunto, ¿tengo yo en mi casa la misma burbuja que me aísla de mis hijos? Cuando estoy con la tablet o el portátil, o leyendo, ¿hay alguna manera de que mis hijos me hablen o saben por experiencia que cuando estoy “leyendo el periódico” no se me molesta?
Mi abuelo murió a los pocos días de yo nacer. Una de las cosas que siempre me han contado de él fue que cuando un nieto se acercaba a hablarle, dejaba cualquier cosa que estuviera haciendo y le dedicaba toda su atención. Creo que lo deja bastante claro. Es ese lenguaje sin palabras por el que les decimos a nuestros hijos “NO ME MOLESTES”. Si es eso lo que queremos no hay problema, pero luego no nos quejemos de que no nos cuentan nada, o de que siempre me dicen lo mismo cuando les pregunto “qué tal el día”.

Escuchad a vuestros hijos con los cinco sentidos. Dedicadles toda vuestra atención (y ojo: estoy diciendo toda vuestra atención, no todo vuestro tiempo, es bien distinto) mientras habláis con ellos, y si os hablan cuando estáis comiendo, leyendo, viendo una película, o cualquier cosa, dejad inmediatamente lo que estáis haciendo y escuchadles. En ese momento les estamos diciendo que no hay otra cosa más importante que ellos. El día que nos quieran contar un problema o algo importante, tenemos que estar completamente seguros de no tener el cartel colgado de “No me molestes”. Tenemos que asegurarnos de tirar ese cartel, y yo el primero.