viernes, 19 de diciembre de 2014

No se te vaya a ocurrir recoger tu habitación...

No sé si lo habéis probado alguna vez, pero os aseguro que funciona. Los niños son competitivos (más los niños que las niñas, pero da igual) y se motivan con mucha facilidad.


En mi caso, uno de mis hijos es lo que viene siendo un cabezota. Siempre que quiero que haga algo me las veo y me las deseo no sólo para que lo haga, sino para que lo haga hoy y no el año que viene, ¿me entendéis? Tiene mucho carácter con lo que cuando intento ir de frente o desde una posición de autoridad, sé que lo tengo todo perdido, porque él no funciona por “narices”.  Entonces un día nos dimos cuenta que hacía justo lo contrario de lo que le decíamos (eso sí que es típico en los niños), como por ejemplo “Cógete el vaso azul” y se cogía el verde, o “ponte la camiseta de Hulk” y se ponía la de los Angry Birds. Así que mi mujer pensó en alto y dijo “seguro que si le decimos que coja la camiseta de los Angry Birds coge la de Hulk….
Pues bien, no pasó mucho tiempo cuando vino gente a casa y le dijimos “No le vayas a dar un beso a la abuela, eh…” Entonces echó a correr como una exhalación para engancharse al cuello de la abuela y comérsela a besos. Otro ejemplo, esta misma mañana, ya habíamos desayunado. Yo iba a ducharme y ellos tenían que vestirse solos, así que les he dicho “No me vayáis a dar un susto y os vistáis vosotros solos antes de que salga de la ducha, eh…” Pues casi no había entrado en la ducha cuando habían a parecido los dos hermanos vestidos con el uniforme, los zapatos puestos y con la sonrisa puesta de estar pensando “Toma ya, he hecho lo contrario de lo que me ha dicho papá…!” Sin embargo han hecho justo lo que quería que hicieran.



Evidentemente no hay que abusar de esto, porque no son tontos, y aprenden rápido, y a los dos días se darán cuenta de que les estamos tomando el pelo. Pero de vez en cuando, o en los momentos en los que no necesitemos que fallen los besos a la abuela, no hay mejor remedio. Os lo aseguro.

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dejad que se equivoquen


Hoy en día hay muchísima información disponible, muchísima red social donde poder compartir experiencias o conocimientos, para mejorar en la vida familiar, o personal, etc., y también en la laboral. Pues bien, en casi cualquier artículo de formación, de coaching, de progreso personal, etc.,  podréis encontrar una idea común en todos y es que equivocarse es algo positivo.


Como ingeniero, me gusta analizar las cosas desde varios puntos de vista, así que voy a poner las ventajas y desventajas de equivocarnos.
·         DESVENTAJAS: Lo pasas mal, te da vergüenza que te hayan visto, que el de al lado lo haya hecho mejor, no lo has hecho bien, tienes otro argumento para deprimirte, tardas más en conseguir tus objetivos, etc.
·         VENTAJAS: Aprendes.


Por favor, tened paciencia con vuestros hijos. Dejad que se equivoquen cuando hacéis un puzzle y cogen la pieza que no es; cuando le advertís sobre algo y sigue empeñado en hacerlo (con el tiempo os dará la razón); cuando doblan la ropa o hacen la cama (antes de corregidles decidles lo bien que lo han hecho); etc. Enseñadles a valorar el esfuerzo, a que luchen por conseguir SUS objetivos (no los vuestros, ya hablaremos en otro post de eso). Enseñadles a ser positivos y que cuando se equivocan han aprendido muchísimo y que la próxima vez lo harán mejor.


Tratad los errores que cometen vuestros hijos como os hubiera gustado que los hubieran tratado con vosotros y ya sabéis que durante toda su vida van a estar aprendiendo, pero cuando más necesitan aprender es ahora. ¿No es suficiente motivo éste?

miércoles, 26 de noviembre de 2014

¿Se le cae siempre el vaso de agua a tu hijo? Tengo la solución

     Puede parecer una tontería y es algo muy simple, pero os aseguro que puede con mi paciencia cuando alguno de mis hijos tiraba el vaso de agua en la cena. Estás agotado del día, y lo único que quieres es que se acabe pronto la cena para irte a leer un rato, ver una serie o simplemente dormir. Pero justo cuando estás pensando en eso, oyes un ruido en el suelo, un líquido caer y la cara de tu hijo que te mira con una expresión en su cara con la que expresa que es consciente de que ha metido la pata y te vas a cabrear…
     El otro día un compañero de trabajo me contaba esta historia tal cual, diciendo que le ponía de los nervios que a su hijo se le cayera el vaso del agua al suelo. ¡A mí también! le dije. ¡Pero he encontrado la solución!Empecé a explicarle que su hijo no tenía la culpa, sino él. Adiviné los vasos que tenía (los de IKEA, claro), y al día siguiente le traje otros. Os pongo una foto.


     Está claro qué vaso tenía y cual le regalé yo. Al día siguiente me lo agradeció enormemente, a parte de la ilusión que les hizo a sus hijos estrenar vasos. Por cierto, el vaso rojo también es de IKEA.
     Creo que una vez más se pone de manifiesto el sentido común y que debe de primar sobre todo lo demás. Quiero que os paréis a pensar. La solución está delante de vuestras narices. Sólo hay que pararse un poco a pensar en la solución, y poneros en la situación de vuestro hijo. Con unas manos pequeñas, sin asa, con una base más estrecha que la parte superior, etc., no es que vuestro hijo sea torpe, es que le habéis puesto la zancadilla (entendedme la expresión). Es un vaso con poca estabilidad, difícil de coger (más para un niño con las manos de grasa de coger las empanadillas) y fácil de que se caiga.

     Espero haberos ayudado.

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Qué dificil es que se estén quietos...!

     
     ¿Quién no ha visto alguna vez en alguna tienda o centro comercial la infructuosa pero intensa lucha de la madre o el madre por intentar conseguir que su hijo o hija de 2-10 años de edad se esté quieto a su lado o sentado sin hacer nada…? Al menos yo un montón de veces. Y ahora os pregunto, ¿qué pasaría si entramos en una de esas tiendas y vemos al niño de 4 años de pie, quieto, y al lado de su madre sin hacer nada, durante los 5-10 min (ó 30min) que dure la compra? A mí desde luego me chocaría bastante, ya que no es nada normal, y mucho menos habitual.


     Un niño pequeño tiene muchísima energía y tiene que soltarla, por lo tanto todos nuestros esfuerzos para que se esté quieto serán inútiles. A veces puede pasar que seamos más o menos tímidos y nos preocupe qué pensará esa señora tan bien arreglada, o ese señor que nos mira con cara de mala leche. ¿Y a nosotros qué nos importa lo que piense nadie? Por otro lado, como ya os he dicho antes, seguro que piensan mucho peor si ven al niño que ni se mueve, y puede sugerir más cosas malas que buenas. ¡Dejadles que anden! ¡Dejadles que se muevan! Y si se puede, ¡Dejadles que corran! De lo contrario,  lo más seguro es que todo acabe en una desesperación de la madre o padre y un cachete en el culo. Parece lógico, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no dejamos que lo haga? ¿acaso nos molesta? Entonces el problema es nuestro (a mí me pasa el primero, os lo aseguro, y lucho cada día para mejorar) Evidentemente, si en la tienda hay artículos que puedan romperse, habrá que poner más atención, o mejor aún, ir en otro momento que no vayáis acompañados de vuestros hijos, porque lo más seguro es que todo acabe en discusión.

     Me gustaría que los que tenéis hijos pequeños y no tan pequeños sepáis lo que tenéis, que no es sólo un gran tesoro, sino que además son personitas que no paran quietas porque están en edad de no estarse quietas, necesitan tocarlo todo, necesitan probarse a sí mismos y probaros a vosotros, necesitan soltar toda esa energía, etc, etc, etc. Necesitan jugar.

lunes, 6 de octubre de 2014

Pantalón corto en invierno

     En una temporada de mi vida, estuve trabajando de cara al público, con lo que he podido ver a todo tipo de personas, de varios estilos, llegando cada día a la misma conclusión, y es que cada uno es de su padre y de su madre.
     En el caso de las familias, también se pueden ver todo tipo de variedades y estilos, incluso en la forma de vestir. Ahora bien, no perdamos el norte, por favor. Me explico.
     Yo creo que todos nos tiramos de los pelos cuando vemos las fotos en las que aparecemos de pequeños y nos preguntamos qué es lo que le hice yo a mi madre ese día para ponerme el jersey del poni o del cerdito… Eran otras épocas. 


     Hasta aquí, todos de acuerdo. Pero los 8 grados de temperatura de ahora son los mismos que los de hace 30 años, y ahora que somos adultos nos abrigamos. Y digo yo, si nos abrigamos nosotros con una buena chaqueta y pantalón vaquero, ¿por qué llevamos a nuestros hijos un 10 de febrero (por ejemplo) con 8 grados de temperatura o menos, con pantalón corto? “Es que van muy guapos” dicen algunos, “es que van más cómodos” dicen otros. ¿y por qué no vas tú en bañador o bikini? 
     Hay un dicho que dice “si la madre tiene frío, el niño tiene frío”. Os aseguro que una parte de las discusiones que tengo con mi mujer es por esto, por salir de casa con el abrigo puesto o sin él, sobre todo en la época de entretiempo primavera y otoño. Pero de ahí a llevar a tu hijo en pantalón corto y a tu hija con falda cuando los papás llevan el plumas o el chaquetón, es algo que todavía no logro entender.
     Pensemos con la cabeza: si hace 8 grados de temperatura, tu hijo tiene frío; si los zapatos son nuevos, les harán rozadura y les dolerá igual que a nosotros, ¿no? ¿por qué le llevas al cole entonces con los mismos zapatos que ayer le hicieron una rozadura?

     En fin, seamos coherentes y apliquemos el sentido común con nuestros hijos, al igual que lo aplicaríamos con nosotros.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Hola hijo

     Ahora que acaba de empezar el cole para algunos, el instituto para otros y la universidad para otros, volvemos a pasar tiempo separados los padres de los hijos. Me gustaría haceros una pregunta, ¿le decís “Hola” a vuestros hijos cuando vienen de la universidad, instituto  o colegio? A algunos os parecerá, una vez más, algo  impensable no hacerlo, pero os aseguro que he visto más de un caso en el que es así.

     
     Ahora mis hijos van al colegio y aún no tienen edad suficiente para ir y volver a casa solos. A la salida del colegio nos encontramos todos los padres y madres. Pues bien, os puedo asegurar que aproximadamente el 30-40% de los padres no le dedican ni una sonrisa a sus hijos cuando les recogen. Así es. Algunos somos más o menos cariñosos que otros, y hay padres y madres que se “comen a besos” literalmente a sus hijos cuando salen del colegio, con tanto abrazo y besos. Pero hay otros, que con la misma cara de aburrido que tenían al levantarse por la mañana, van a recoger a sus hijos, y lo peor de todo es que la siguen teniendo cuando su hijo sale del colegio, le da la mano (o no) y casi no se dicen ni hola. Si eso es así ahora, ¿qué pasará dentro de unos años en la pubertad, adolescencia y de adultos? Pues no esperéis grandes señales de afecto, ni si quiera de educación.
     Sed educados y amables con vuestros hijos, y ellos lo serán con vosotros y con los demás. Es una ley natural. Decidle “Hola” a vuestros hijos cuando haga tiempo, que no le veis, o se haya ido a por el pan. Decidle adiós cuando se van o cuando os vais. Pedidles las cosas por favor, y dadle las gracias cuando hagan lo que le habéis pedido. Lo podéis hacer por el motivo que queráis: por su educación, por la vuestra, por respeto, por amabilidad, por darles cariño, ¡por lo que sea!, pero hacedlo.


          Todos somos personas, con más o menos edad, y debemos tratarnos entre todos como tal, una vez más, por sentido común, que como ya sabéis, es el menos común de los sentidos.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Dedicado a los que no tienen hijos

     Hace unos días tuve una conversación muy interesante con un compañero de trabajo. Uno siempre suele rodearse de gente con la que  tiene cosas en común. Por lo tanto, no pocas veces coincido con gente que no tiene hijos o que no es de mi edad aproximada, sólo porque los temas de conversación son diferentes, sobretodo los padres y madres, que siempre tendemos a hablar sobre lo difícil que están las cosas para la educación, o experiencias con el colegio, etc. Sencillamente hacemos honor al dicho "Dios los cría y ellos se juntan". 
     Como decía, fue una conversación muy interesante, sencillamente, porque al poco de estar hablando me dijo: "A mi no me gustan los niños, y además no voy a tenerlos porque no quiero". Bien, pues de primeras parece que fue algo agresivo, pero os aseguro que estuvo muy natural.
     A veces las personas tendemos a cerrarnos en nuestros círculos: creencias, estilo de vida, aficiones, etc. Y nos perdemos la oportunidad de aprender de aquello que es nuevo o no es afín a nosotros. En este caso, no sólo seguimos hablando, sino que he quedado con él para que me cuente muchas más cosas sobre su punto de vista.
     ¿Por qué tenemos hijos? "Por que no lo pensé"; "porque mi mujer/marido se empeñó"; "porque es lo que hay que hacer..." Se me ocurren al menos dos posiciones en este sentido. La primera, porque uno no se siente capacitado para tener hijos con todo lo que eso conlleva (cuidados, atención, inversión...). Y la segunda, como mi compañero, "porque no le da la gana" (A una de las personas más influyentes del siglo pasado le gustaba mucho esta frase). Y digo yo, ¿qué problema hay con eso? Os aseguro que estoy contentísimo con la decisión de mi compañero de no tener hijos, sencillamente, porque no quiere tenerlos. No os asustéis, os lo explico. ¿Qué es mejor: no tener hijos porque uno no quiere o tenerlos a pesar de que no se quiera? El que tiene hijos, "a lo hecho, pecho": educadles, queredles, a cuidarles, alimentadles, a vestirles, habladles, enseñadles todo lo que sabéis... Pero para mal educarlos, para no preocuparse por ellos, para dejarles hacer lo que quieran, para que sean pequeños animalitos de la selva...es mejor haberse quedado quieto aquella noche. Y el que no tiene hijos, sea por la razón que sea, ¡Bien! Y el que los tiene por que quiere, ¡Bien!
    Sólo una última cosa más. Jamás, y repito. Jamás abortéis. Nadie. Si alguien no quiere tener hijos y se queda embarazado, hay muchas opciones y vías para evitar el aborto. Sea por la razón que sea. Y a quien no le guste lo que digo que no siga leyendo. Pero por favor, que ni siquiera sea lo último que hagáis. Gracias.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Papá, mamá ¿jugáis conmigo?

     
     ¿Cuántas veces nos han dicho ya estas vacaciones esta pregunta nuestros hijos?  Seguro que casi todos los días. ¿qué es lo que hacemos nosotros? Yo por lo menos estoy de vacaciones, y no quiero que me molesten, ni que nadie perturbe mi descanso…
Para empezar, que sepáis que descansar no consiste en no hacer nada (Ver la TV, por ejemplo) sino cambiar de ocupación, como leer, hacer crucigramas, sudokus, maquetas, papiroflexia, punto de cruz, soldados de plomo, prácticas de albañilería en casa, aprender Chino…Yo qué sé. Pero os aseguro que una de las actividades que más nos van a descansar es jugar con nuestros hijos. Probadlo.


     Por otro lado, y pensando un poco más en ellos, he podido comprobar cómo en familias donde uno de los dos padres juega más con el hijo, es con ese padre/madre, con el que el hijo se le ve más unido. Es pura lógica una vez más… Uno de los recuerdos más agradables y satisfactorios que guardo de mi infancia y juventud, es cuando jugaba con mi padre a encestar la pelota de tenis en el paragüero del pasillo. Era auténtica competitividad, ¡vaya partidos”. Ya de más mayor, con 18-20 años, nos pasamos al pingpong, en el que venían vecinos a vernos jugar, sudando como profesionales y  dándolo todo. Ya con 25 años, recuerdo que fuimos al concierto de Paul McCartney, por ejemplo.  Esto no es casualidad. Vuelve a ser actuar con sentido común.

     Es posible que nunca recuerde muchas otras cosas de mi padre, y que el día que se vaya al cielo, agradeceré mucho más estos momentos. También es posible que en lugar de jugar al pingpong o encestar la pelota de tenis conmigo, prefiriera hacer cualquier otra de las cosas que le gustaban, como tocar la guitarra. No quiero entrar en sentimentalismos. Sólo quiero deciros, que aprovechéis estos días para estar un rato con vuestros hijos, y jugando con ellos, es la mejor forma de dedicarles vuestro tiempo y atención, que es lo que quieren, tengan la edad que tengan.

     ¿A qué jugáis?: hundir la flota, 3 en raya, chinos, sudoku, cartas, fútbol, billar, dardos, minigolf, volar una cometa, castillos y figuras de arena, crucigramas, ajedrez, montar en bici, comiditas, ir de compras, poner una tienda en el pasillo, etc, etc, etc. Cualquiera que implique tiempo y atención, recordadlo.


     Ganadle esta batalla a la pereza y jugad con vuestros hijos, ¡vale la pena!

domingo, 3 de agosto de 2014

Entender y Obedecer

     Mi tío y amigo Ángel, vuelve a echarme una mano. Os relato tal cual su escrito. Espero que os guste y sobretodo, que os sirva. Gracias otra vez Ángel.



     Esta vez se trata por el equilibrio que creo se debe lograr entre estos dos objetivos (Entender y obedecer):
  • Reconocer y manifestar la dignidad de cada hijo: es una persona, y por lo tanto importante, que merece ser atendida, valorada y querida. Además para sus padres no solo es una persona es su hijo y ocupa un lugar esencial en su vida y en su misión de padre o madre.
  • Evitar "endiosar" al hijo, es decir, que el niño se pueda creer que es el centro de su mundo, el más importante, el "único"
     Para lograr este equilibrio hay que tratarle siempre con respeto, sin gritos y por supuesto sin violencia. Hay que escucharle con atención.
Pero al mismo tiempo hay que enseñarle y exigirle que él trate también con respeto, sin gritar, sin interrumpir caprichosamente las conversaciones de los demás, y que sepa escuchar a los demás.

     Sobre la famosa frase "cuando seas padre comerás huevos" mi opinión es que está fuera de lugar en la educación (debe ser de la posguerra). Sin embargo el niño sí debe aprender que, en las relaciones entre las personas, sí existe una jerarquía en el trato: los padres, profesores, ancianos y en general adultos ocupan un lugar preferente. Esta jerarquía bien entendida y aplicada no va contra la dignidad del niño, sino que le educa y le hace más capaz de valorar a las otras personas y ser más generoso y desprendido de sí mismo.

     Por último sobre lo de regañar y corregir con violencia: lo dejo para otro día pues se me hace tarde...

miércoles, 23 de julio de 2014

Algunas ideas...

   Os pongo un artículo que me ha parecido tan interesante que lo transcribo tal cual. Es de Teresa Pereda, en Hacer Familia. Espero que os sea útil, para mí lo ha sido:



     La amistad y la relación de confianza de los padres con los hijos jóvenes no se consigue poniéndonos a su nivel. Un buen padre puede ser un buen amigo de su hijo sin menoscabo de su autoridad, aunque sea distinto el vocabulario, el modo de vestir o los modales que utilizamos unos y otros. Cuando los padres pretenden hacerse "amiguetes" de su hijo, se produce una situación grotesca y desprestigiadora para ellos.
     Los padres deben evitar ponerse a la altura de los amigos de sus hijos, ya que esta actitud puede terminar con la pérdida del respeto natural que el joven les debe por ser sus padres. No olvidemos que los jóvenes no buscan en sus padres un "colega", sino un amigo con experiencia y autoridad en quien poder confiar.
     - Da el primer paso. Nunca es tarde, aunque sí será más difícil cuanto más nos retrasemos, para conseguir la confianza de nuestros hijos. Los padres tenemos que decidirnos para dar el primer paso.
     - Valora lo que le importa. Párate a pensar qué conoces de tu hijo, de sus intereses y proyectos, de lo que valora por encima de todo. Es importante para poder conversar con él y realizar actividades juntos que consoliden nuestra confianza y amistad.
     - Preocúpate por sus cosas. Debes poder hablar con tu hijo o hija joven de cualquier tema y sin reproches por delante. Aconséjale sin censurar. Está deseando, aunque no lo diga, que se preocupen por él.
     - Respeta su intimidad. No intentes sacar a tu hijo sus confidencias a base de interrogatorios.
     - Date a conocer. Cuenta a tu hijo, de vez en cuando, algo personal acerca de tus ideas, tus proyectos de futuro (profesionales o no), de tus alegrías o tristezas, para lograr intimar con él. Le conocerás y tendrás su confianza cuando él te conozca a ti.
     - Entrégate cuando te necesite. Tu hijo ha de ver en ti alguien en quien poder confiar siempre. Recuérdaselo de vez en cuando, pero sobre todo procura estar preparado para cuando realmente necesite confiar en ti.
     - Pide su opinión en algún asunto serio. Presta atención a su consejo y extrae consecuencias de él. Después, mantenle al tanto de cómo van las cosas, en qué aplicaste lo que dijo, etc. Será una forma de demostrarle que confías en él.



miércoles, 9 de julio de 2014

¿Y qué es el sentido común?

Esta vez el artículo no es mío, si no de un familiar, amigo, y con toda una vida de experiencia en educación. Se llama Ángel, y os copio tal cual el correo que me envió el otro día. Espero que os guste y feliz verano.



No sé bien cómo escribirte desde dentro del blog (ya me enseñarás), pues las nuevas tecnologías me han cogido ya un poco tarde. Por eso te haré, en este mismo correo, algunas aportaciones o puntos de vista que surgen de mi experiencia de profesor y del conocimiento de bastantes familias que están en esa tarea apasionante de educar mejor.
ü Sobre el sentido común: En la educación (como padre o profesor) es imprescindible e incluso prioritario el sentido común pero, no olvidemos que el sentido común, hay formarle, trabajarle, organizarle y contrastarle. 
El sentido común se basa en un conocimiento natural, que toda persona tiene, de lo bueno y lo malo; pero también está influido por lo que nos rodea y por nuestro propio itinerario vital. Además, en la aplicación a lo concreto, el sentido común tiene que ir acompañado de conocimientos también concretos: características de la edad del niño y de su proceso de aprendizaje, naturaleza de lo que le queremos enseñar, influencias externas sobre ese asunto, experiencias educativas sobre ello,...

Por eso creo que el sentido común en la educación tiene que ser continuamente:
·         Formado y trabajado: buenos libros (y sencillos), cursos sobre educación, ...
·         Organizado: estableciendo una planificación, estrategia y evaluación de las acciones educativas que dicta el sentido común.
·         Contrastado: Conocer y reflexionar lo que hacen otros padres o profesores, y aprender y enseñar continuamente.

ü Entender y obedecer, ¿qué es primero?: ¡Pues, depende! Te comento una experiencia de la enseñanza de las matemáticas: Por los años 70 los matemáticos franceses propugnaron que los niños tenían que entender todo lo que fueran ejercitando y así, antes de saber sumar y restar, tenían que saber cómo era la estructura de los números naturales y enteros y sus principales propiedades. Se impuso así la enseñanza de la teoría de conjuntos, a los niños de EGB. El resultado fue nefasto: ni sumar, ni restar ni relaciones de equivalencia, ni cardinales, ni.....nada. Hubo que rectificar, pero se tardó 10 años. Un niño tiene que aprender las técnicas de sumar y restar y más tarde las propiedades y los porqués de lo que ya sabe hacer.
No en todas las cosas se debe proceder del mismo modo, no hay reglas generales, y menos en la educación.
Yo creo que lo primero que un niño debe entender, es que tiene que obedecer a papá y a mamá, porque estos son lo que siempre quieren lo mejor para él: tiene que confiar en ellos. En segundo lugar, y según vaya siendo posible, se les irá explicando la bondad de lo se les pide.

Hay una película que me parece que se llama "Historias del Bronx"; en ella, el hilo conductor es una frase que el padre va diciendo repetidamente a su hijo adolescente: lo entenderás más tarde. En la película el padre tuvo razón.

jueves, 3 de julio de 2014

¡Ordena tu habitación!

     Seguimos aplicando el sentido común, que como sabéis es el menos común de todos los sentidos. 

     Es sábado por la mañana o domingo por la tarde, y nuestro hijo ha conseguido, con mucho esfuerzo, que no se vea el suelo de la habitación con la cantidad de cosas que hay tiradas. Pues bien, es hora de recogerlo, porque lleva toda la semana así, porque entre semana no hay tiempo para recogerlo o porque mañana es lunes y hay clase. “¡Hijo, por favor: recoge tu habitación!” ¿Os suena esta frase? Os parecerá muy obvio y lógico, pero ¿le has enseñado a tu hijo a recoger y ordenar su habitación? Quieres que haga su cama, pero ¿la has hecho con él para que aprenda a hacerla bien? ¿Le ayudáis a organizarse y a que en su habitación haya un sitio para cada cosa y tengan cada cosa en su sitio? (distinguir entre ayudar a hacer y hacer, que es bien distinto)

     A mí personalmente me cuesta ser ordenado en casa, y mi mujer es una persona muy organizada. Pues desde que estoy con ella he aprendido a organizarme, sobretodo porque me ha enseñado ella, a ser ordenado, con pequeños pasos básicos que me ha ido enseñando, como apuntarme las cosas en el móvil para que no se me olviden, o dejar las zapatillas en la entrada cuando vengo de correr para no llenar el suelo de la casa de barro. A alguno os parecerá muy básico, pero para mí no lo era. Y digo yo, si a mí me cuesta ver esas cosas que soy ya mayorcito (ahora y cuando me casé), ¿cómo lo va a saber hijo que es menor de edad? Es decir, debemos seguir haciendo preguntas muy sencillas aplicando el sentido común, pero a hora a nosotros mismos, como:

¿Le he dicho a mi hijo cómo se dobla el pijama?

¿He recogido con mi hijo su habitación ayudándole y proponiéndole ejemplos de dónde puede ir cada cosa?

¿Le he contado a mi hijo los beneficios de encontrar una cosa a la primera cuando la buscas y la cantidad de tiempo que pierdes cuando no sabes dónde está, a parte del enfado que pillas?

Ah, se me olvidaba, ¿me preocupo de que mi hijo tenga estanterías en su habitación para guardar los libros o armarios para guardar los juguetes?

¿Le he dicho a mi hijo cómo se cierra la puerta sin dar portazo poniéndole un ejemplo?

¿He enseñado a mi hijo a hacer la cama haciéndola con él varias veces y corrigiéndole con paciencia?

¿Le he dicho a mi hijo para qué sirve la escobilla del baño, cómo se utiliza y qué hay que hacer cuando se mancha el inodoro? ¿Y qué se puede tirar al inodoro y qué se debe tirar a la papelera?

     Y que sepáis que no sirve de nada si se lo decís gritando, enfadados o haciéndoles sentir que no saben hacer nada. Enseñadles como lo harían vuestros padres o como os hubiera gustado que lo hubieran hecho.

     Seguro que alguna madre o padre está pensando en que su hijo de 15 años ya es imposible que sea ordenado. Vosotros enseñadle a ser ordenado, si ahora las hormonas las tiene alborotadas ya se relajarán, y aprovechará todo lo que le habéis enseñado cuando sea un “pequeño adulto”. Seguiremos siendo sus padres y entonces podrán echarnos en cara que no le enseñamos nada o nos lo agradecerán por habérselo enseñado.

jueves, 26 de junio de 2014

Papá, no quiero ver más peleas...

     El otro día fui al cine a ver una peli de superhéroes. Como se sabe que tienen un presupuesto alto estás más tranquilo porque crees que estás amortizando más la entrada. Concretamente el Capitán América 2ª parte. Había muchos niños. Me llamó un poco la atención, porque los malos en estas películas suelen ser bastante feos y suelen asustar a los niños. Además, la mayor parte del tiempo de la peli están luchando, que es lo que la gente espera (y por eso he ido a verla). 

     Como decía había muchos niños, y en mitad de la película, en uno de los silencios que hay después de una batalla, se oye a lo lejos uno de los niños que dice con tono de no estar pasándoselo bien: “Papá: no quiero que haya más peleas…” A mí me quedó bastante claro, ¿y a vosotros? 

     Cada persona es como es, y cada niño es como es. Es posible que a nosotros nos guste Star Wars y estemos deseando que nuestro hijo la vea, pero también es posible que a nuestro hijo le dé miedo C3PO. “¡Pero si es un robot y solo es una película!” podemos pensar. Pero también pregunto: ¿Y? Nuestros hijos no tienen que ser como nosotros. Ni siquiera tienen por qué parecerse, y ni mucho menos tener nuestros gustos. Hemos de respetarles. 

     Sí, sí: respetarles, ¿acaso no son personitas? Si no les gusta un tipo de pelis, o montar en bicicleta, o hacer maquetas, o comer chocolate como a nosotros, no podemos obligarles ni coaccionarles para que les guste. No sólo no les gustará, sino que lo aborrecerán. Dejadles hacer lo que les gusta (y sabéis no me refiero a tirar globos de agua por la ventana a la gente que pasa por la calle). Pero si nuestro hijo es más sensible que otros y todavía prefiere ver Peppa Pig antes que Los Vengadores, ¿qué problema hay?

jueves, 19 de junio de 2014

Comunicación 2ª Parte: No me molestes.

Estoy en el aeropuerto esperando a que nos llamen para embarcar. Justo en frente de mí, hay una madre con sus dos hijos, el mayor con unos 15 años y la pequeña con unos 10. Aparentemente no parece que les falte dinero, sino todo lo contrario, pero sin excesos. Parecen educados y de buena familia. Es muy pronto, así que los chicos están algo somnolientos, sin embargo la madre  está concentrada y atenta a la tablet que mira fijamente y escribe de vez en cuando. Me ha parecido una imagen perfecta para ayudarme a escribir el tema de este post: Escuchar.
Cuando veo a esta pequeña familia (que puede ser magnífica, no lo pongo en duda) veo una burbuja  invisible alrededor de cada uno. Esa burbuja no se ve, pero se palpa. Cada uno está a lo suyo. Sinceramente, creo que tanto a la chica como al chico dan por perdido cualquier intento de comunicación con su madre. Me ha hecho pensar, porque yo también tengo tablet, portátil, TV y otras cosas que me gusta ver en casa. Y me pregunto, ¿tengo yo en mi casa la misma burbuja que me aísla de mis hijos? Cuando estoy con la tablet o el portátil, o leyendo, ¿hay alguna manera de que mis hijos me hablen o saben por experiencia que cuando estoy “leyendo el periódico” no se me molesta?
Mi abuelo murió a los pocos días de yo nacer. Una de las cosas que siempre me han contado de él fue que cuando un nieto se acercaba a hablarle, dejaba cualquier cosa que estuviera haciendo y le dedicaba toda su atención. Creo que lo deja bastante claro. Es ese lenguaje sin palabras por el que les decimos a nuestros hijos “NO ME MOLESTES”. Si es eso lo que queremos no hay problema, pero luego no nos quejemos de que no nos cuentan nada, o de que siempre me dicen lo mismo cuando les pregunto “qué tal el día”.

Escuchad a vuestros hijos con los cinco sentidos. Dedicadles toda vuestra atención (y ojo: estoy diciendo toda vuestra atención, no todo vuestro tiempo, es bien distinto) mientras habláis con ellos, y si os hablan cuando estáis comiendo, leyendo, viendo una película, o cualquier cosa, dejad inmediatamente lo que estáis haciendo y escuchadles. En ese momento les estamos diciendo que no hay otra cosa más importante que ellos. El día que nos quieran contar un problema o algo importante, tenemos que estar completamente seguros de no tener el cartel colgado de “No me molestes”. Tenemos que asegurarnos de tirar ese cartel, y yo el primero.

viernes, 13 de junio de 2014

Comunicación. 1ª Parte

     Admito que ya sólo el título echa para atrás que da gusto. Pero una vez más, y haciendo mención del lema del blog, apliquemos el sentido común a ver si conseguimos desmarcarnos de este gran tópico tan explotado, y descubrimos algo nuevo.

     Todos hemos  oído alguna vez, en charlas de padres en los colegios, en libros de pedagogía, o revistas de cómo ser padres, la importancia de la comunicación. Se podrían escribir páginas y páginas, de hecho se escriben libros, pero no sé si os pasará a vosotros, pero cuando mi hijo llega del colegio, lo único que me sale es: “Hola Juan, ¿qué tal el cole?” A lo que mi hijo contesta “Bien” como no podía ser de otra manera. En nuestro afán por ser mejores padres, le volvemos a preguntar, “¿Qué has hecho hoy?”. Esta pregunta vale durante los 2-3 primeros días de cole, pero luego, ¿no pensáis como yo, cuando la habéis leído, que ni si quiera nosotros sabríamos qué contestar?. Nuestro hijo nos dirá, “Pues nada” o “lo de siempre” o “fichas” o “trabajar”, etc.

     Apliquemos ahora un poco de sentido común con muy poquito esfuerzo, y voy a escribir a modo de brain storm, una serie de preguntas, a ver qué os parece.

-          Hola hijo, ¿has trabajado mucho hoy?
-          ¿Se ha enfadado hoy tu profesora con alguien? ¿con quién?
-          ¿Se ha alegrado hoy tu profesora? ¿con quién?
-          ¿A qué has jugado en el recreo?
-          ¿Alguien ha faltado hoy? ¿por qué?
-          ¿Sigue malo el que no vino ayer?
-          ¿Has hecho fichas hoy? ¿de qué eran? ¿le han gustado a tu profe?
-          ¿Qué has comido hoy? ¿te lo has comido todo? ¿seguro?
-          ¿Alguno de tus amigos le han regañado por no comerse todo?
-          ¿Estaba rico el bocata de hoy que te ha preparado papá/mamá?
-          ¿Has tenido calor/frío?
-          ¿Habéis jugado en clase hoy? ¿a qué? ¿te ha gustado? ¿por qué sí/no?

Y para alguno más mayor…
-          ¿Ha sido difícil la clase de mates hoy? ¿qué habéis dado?
-         ¿Te han corregido los deberes de ayer que te costaron tanto hacerlos/los hiciste tan bien?
-          ¿Se ha enfadado el profesor con alguien hoy? ¿con quién? ¿por qué?
-          ¿A qué juegas en el descanso?
-          ¿Habéis hablado del partido/película de ayer? ¿qué dicen tus amigos?
-          ¿Qué les gusta a tus amigos? ¿les regaña el profesor? ¿hacen los deberes?
-          ¿Qué le ha parecido a Josefito el cómo jugó ayer su equipo?
-          ¿Se ha vuelto a olvidar Zutanito el bocata?
-          ¿Te ha preguntado el profesor hoy? ¿Has contestado?

     Como veis no son preguntas complicadas, ni elaboradas, ni profundas. La comunicación es mucho más fácil que lo que nos quieren vender los libros que tienen que rellenar sus páginas. Todas estas preguntas no son más que una chispa que puede ayudar a empezar una conversación. A veces no saldrá, porque no es tú día, o tu hijo está cansado (tenga la edad que tenga también se cansan), o porque hoy llueve, o simplemente hoy no toca. Hablar es algo natural, por lo tanto, no nos enfademos si hoy no sale nada.


Si queréis añadir alguna pregunta que se os ocurra, no dudéis en ponerla en los comentarios.

viernes, 6 de junio de 2014

No nos van a hacer más caso por gritar más

       ¿Piensas lo contrario? Voy a intentar convencerte.

     Seguro que todos recordamos a alguien en nuestra vida que nos ha invadido por su sabiduría, su manera de decir las cosas, su manera de explicarse, su manera de actuar… y seguro que todos tenemos un recuerdo agradable y bueno de esa persona. También recordaremos, haciendo un poco más de esfuerzo ya que nuestro cerebro habrá intentado borrar ese recuerdo, a esa persona que era todo lo contrario: te gritaba para que la hicieras caso, incluso alguna vez te daba un cachete, te lo decía de malas maneras, muy bruscamente. A los dos les hacías caso, pero ¿Cuál crees que ha sido la persona que más ha influido de las dos? ¿A cuál de esas dos te gustaría parecerte? ¿Cuál de las dos maneras de comunicación (hablaremos más adelante de manera más extensa de este tema) es la más efectiva para tu hijo? Está claro, pero voy a explicarlo.

     Estamos haciendo la comida y va acercándose la hora de poner la mesa. Desde la cocina llamas a tus hijos y les dices “¡Es la hora de comer, id poniendo la mesa!” Y como si se lo hubieras dicho a los azulejos. Vuelves a lanzar el mensaje, esta vez algo más alto y con cierto tono de comienzo de enfado. Y en la casa sigue sin moverse nadie. Total, que te enfadas del todo, dejas el cucharón (por si acaso, no vaya a ser que se te ocurre tirárselo a alguno) y vas hacia donde está cada uno lanzando improperios y amenazas en volumen más bien alto, lo que podría considerarse gritando. Tus hijos te hacen caso, claro (yo también lo haría lo que me pidieran en ese momento, os lo aseguro, con o sin cucharón en la mano), ¡por la cuenta que les trae!
     Os voy a pedir que intentéis una alternativa que os propongo a continuación. Mientras estás en la cocina y llega la hora de comer, deja el cucharón lo primero. Apaga el fuego o bájalo para que no se queme nada. Tranquilamente ve hacia donde están tus hijos y te pones a una altura donde puedan mirarte horizontalmente a la cara, y a continuación con voz pausada le dices: “Pedro: mírame que quiero decirte una cosa” Y esperas a que tu hijo te mire y te preste atención. En ese momento le dices: “Hijo, es hora de comer. Necesito que, por favor, vengas a ayudarme a poner la mesa mientras termino de hacer la comida” Ojo, sin que sea una pregunta. Pero esperas su confirmación con un “vale, voy” por ejemplo. Si está acabando algo será mejor que esperes con él a que acabe (no hay nada de malo en eso, no tiene que ser todo inmediato) unos segundos, no 15 minutos por supuesto. Y vas con él a la cocina dándole las gracias por ayudarte.

     Esto mismo es aplicable a cuando nos estamos yendo del parque (es mejor avisarle 5 minutos antes, para que se vaya haciendo la idea), o cuando hay que irse a la cama, o cuando hay que ponerse a hacer los deberes…
     El mensaje es que quiero que os deis cuenta de que son personitas, no son robots que al oír una instrucción, automáticamente dejan lo que están haciendo y ejecutan la orden. Pensadlo. ¿No creéis que a vosotros os pasaría igual?
Ya me contaréis.

sábado, 24 de mayo de 2014

Papá, mamá, ¿por qué discutís? No lo entiendo...

     Desde siempre se sabe que los niños son como esponjas, que lo cogen todo a la primera. De hecho, seguro que conocemos alguna historia de alguien que va a trabajar a otro país con otro idioma y se lleva a la familia, y los hijos siempre aprenden el idioma más fácil y mejor que los padres. Lo mismo pasa con el funcionamiento de algunos aparatos, como la cámara de fotos, o gestos que vemos que hacen que no les hemos enseñado, como apuntar con el mando a la tele cuando estamos cambiando de canal, o apoyarse su teléfono móvil en el hombro para jugar a que hablan por teléfono.
     Ahora digo yo, si somos conscientes de lo listos que son, y de lo fácil que asimilan todo, ¿por qué no nos preocupamos de que eviten ver lo que no les va a ayudar o les va a afectar? ¿por qué tenemos que hacerles partícipes de nuestros problemas o preocupaciones? ¿no os dice la lógica que igual que asimilan lo bueno, como un idioma, también van a asimilar lo malo, como una situación de tensión?
     No me refiero a una discusión de matrimonio… Bueno, porque doy por supuesto que todos somos conscientes de lo que perjudica a nuestros hijos vernos discutir… Pero bueno, por si acaso os quiero decir, que JAMÁS DISCUTÁIS DELANTE DE VUESTROS HIJOS. ¿Qué por qué? Vuestros hijos pensarán que esa es la forma de relacionarse con los demás; no podrán acudir a vosotros para demandar ese cariño que todos necesitan, ya que os tendrán miedo de que reacciones igual con ellos; perderéis parte de su confianza para que os cuente las cosas; es posible que en un futuro no muy lejano, hable así a los demás, como a los profesores del colegio, y no digo ya a sus compañeros; será muy difícil que consiga tener amigos, no sabrá relacionarse, ya que es lo que ha visto en casa;  a vosotros mismos os hablará de la misma manera; y lo peor de todo, es que para él, todo esto será lo normal, porque no ha visto otra cosa. Por eso nunca os levantéis ni siquiera la voz entre vosotros. Aunque en ese momento no queráis deciros cosas bonitas (todos tenemos esos momentos), por lo menos estaos callaos, y cuando los niños no estén, habláis lo que tengáis que hablar. Por favor.

sábado, 17 de mayo de 2014

Papá, mamá, ¡os quiero mucho!

     A veces vamos a casa de algunos amigos. Esos amigos también suelen tener hijos. Y normalmente, en algún momento de la tarde, viene alguno de mis hijos y me dice, “Papá, ¿sabes que te quiero mucho?” Y me da un beso y un abrazo. Acto seguido, se da media vuelta y vuelve a la habitación donde estaba jugando con los demás niños.
     Pues bien, como os podéis imaginar, el asombro de los que no están familiarizados con estos gestos es bastante potente. “Qué suerte habéis tenido”, “que niño tan bueno y cariñoso”. Evidentemente no les falta razón, pero luego dicen “Ojalá mi hijo me dijera esas cosas” o “No soy capaz de que mi hijo me dé un beso”. Y ahí es cuando no puedes decir nada, porque no tienes confianza suficiente, o sabes que a lo mejor se enfadan por decírselo, pero como aquí estoy escribiendo a todo el mundo, nadie se va a enfadar. ¿Acaso le dices a tu hijo que le quieres? ¿Cuántos besos le das a tu hijo al día? ¿cuántas veces al día vas a por él a abrazarle, darle un beso y decirle que le quieres? Pues entonces, ¿cómo esperas que él lo haga contigo?. Parece fácil, ¿verdad? ¿y por qué no lo haces? Os aseguro que es una pasada cuando cualquiera de mis hijos viene y me abraza con fuerza, me da un beso y me dice que me quiere. Entonces pienso “¡Vale la pena!” No hay palabras que lo describan, ni comparación posible. Es simplemente la sensación de saber que eres feliz, que tu hijo te está haciendo feliz con algo tan simple como un abrazo. ¿y te lo vas a perder? ¿y realmente sigues pensando en no saber qué hacer para que tu hijo venga a darte un beso?. Quizá alguno ya sea mayor y si vas a darle un beso te pinches con su barba. Lo que quiero decir, es que cuanto más pequeños sean más fácilmente lo asimilarán y te responderán con un beso antes. Y a los más mayores, quizá les cueste más habituarse, quizá no nos den un beso en años, pero sabrán que les quieres.
     Sed cariñosos con vuestros hijos. Necesitan ese cariño. La naturaleza humana necesita ese cariño, está preparada para ello, forma parte de su construcción como persona. Ayudaremos a nuestro hijo a tener empatía, a saber relacionarse con el resto de personas, a querer a su mujer/marido en un futuro… y todo esto, gracias al cariño que has sabido darle desde pequeño.
     En mi caso, he tenido mucha suerte, ya que mis padres han sido cariñosos conmigo. Gracias porque me han enseñado a descubrir y cuidar las cosas que me hacen feliz cada día: mi mujer y mis hijos.

lunes, 12 de mayo de 2014

Hijo, ¡pórtate bien!

     Me ha llamado siempre la atención cuando  un padre o madre le dice a su hijo: “Pórtate bien” o , por ejemplo, “Hay que ser educado”. A veces lo dice de manera insistente, otras más alto o más bajo, otras más o menos enfadado… Y curiosamente el niño siempre tiene la misma cara de estar pensando “aquí es cuando tengo que decir que sí para que papá esté contento y se tranquilice”.
     Pues bien, lo primero que tengo que hacer es tranquilizarme para no gritar a ese padre, por no darse cuenta él mismo, pero luego pienso que es posible que a él tampoco se lo explicaron. Y digo yo:¿Es que acaso un niño de 2, 3, 4…años sabe qué es portarse bien o ser educado? Quizá no hayamos caído en algo tan simple, pero es que ¡NO lo saben! Ahora seguro que alguno estáis pensando “Claro que lo saben, si se lo he dicho muchas veces” Y yo os digo, ¿seguro? Os quiero hacer una pregunta: ¿le habéis sentado a hablar con vosotros y le habéis explicado qué cosas hay que hacer para hacer eso que dice papá de portarse bien? Es decir, no pegar al hermano, no pedir las cosas llorando, dar un beso al abuelo, ayudar a poner la mesa, etc… ¿le habéis dicho que hacer estas cosas es portarse bien?
     Ahora voy un paso más allá. Imaginaos que vuestro jefe os dice “quiero que trabajes bien”. ¿Tú qué pensarías? Quizá que algo has hecho mal, que el resto de compañeros están haciéndolo mejor, etc. Pero, ¿no os quedaríais con una gran intriga con qué ha querido decir con eso de “trabajar bien”? ¿no os quedaríais con ganas de pedirle que sea más concreto?.  Quizá no entreguemos los informes a tiempo, o quizá los hacemos con un tipo de letra que a él no le gusta, ¡yo qué sé!. Pues lo mismo nos preguntarían nuestros hijos, pero no lo hacen porque quizá alguno hasta sólo sepa decir papá y mamá. Debemos explicarles qué es eso de portarse bien, o eso de ser educado, etc. No podemos dar por supuesto que los niños ya saben esas cosas, por muy inteligentes que sean, que lo son. Pero ni si quiera Einstein nació sabiendo que era eso que le decían sus padres de “portarse bien”.
     Os voy a pedir un favor: probadlo. No les digáis más que se porten bien, y ya está. Sed concretos, y decidles cosas muy sencillas, que ellos lo puedan entender. A los de 2-3 años habrá que hablarles de una manera y a los de 10-12 de otra. No les digáis que sean educados, ¡sino explicadles qué es la educación primero! Parece una tontería, pero no lo es en absoluto. Hacedlo por ellos y por vosotros. Todo será mucho más fácil, os lo aseguro.

jueves, 8 de mayo de 2014

Primera Entrada

El motivo por el que me he decidido a escribir es el hecho de querer ayudar a quien quiera, a quien se deje, y a quien lo necesite. Soy de los que piensa, que muchas de las cosas que pasan, muchos de los errores que cometemos, consciente o inconscientemente (esto último es más común, evidentemente) es por no saber qué hacer. Creo que hay mucha gente que nadie le ha contado nunca qué es lo que hay que hacer. Si de pequeño no nos han dicho que se come con cuchillo y tenedor y no nos hubieran enseñado a utilizarlos pues ahora estaríamos comiendo con la mano, por ejemplo.
Pues de la misma manera creo, que muchos de nosotros a veces cometemos errores con nuestros hijos porque nadie nos ha advertido antes de las consecuencias de ciertos hábitos, o ciertas acciones nuestras con ellos. Esos hábitos, pueden llevar a nuestro hijo a “improvisar” y sin quererlo nos estamos arriesgando a que vaya por el camino equivocado. Con lo fácil que es decirles: “No, por ahí no vayas, que está lleno de hortigas. Mejor por aquí, que por lo menos no te picarán”.
Esto significa que no tienen la base para saber diferenciar lo bueno de lo malo, y no me refiero a comer cuchillo y tenedor, si no a moldearles, a esculpir en su personalidad e ir eliminando todo aquello que no deja ver lo increíbles que pueden llegar a ser. Luego ellos podrán hacer con lo que les hemos enseñado cosas increíbles…

       Pero insisto, para eso es necesario esculpir y moldear, como si de un bloque de piedra se tratara, hay que quitar lo que sobra, para que al final quede sólo una escultura preciosa, fruto de una labor de paciencia, de cariño y de mucho tiempo y esfuerzo. Vamos a intentarlo.