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domingo, 25 de marzo de 2018

Cómo reiniciar a tu hijo


     ¿Qué crees que es lo más efectivo para cambiar en el momento la conducta de tu hijo? ¿Crees que un azote es a veces es la única manera de que tu hijo se porte mejor? Espero poder ayudaros a contestar estas preguntas con lo que os voy a contar.
     Estaba hablando de este tema con un amigo. Él no tiene hijos, pero hablábamos de su sobrino. De vez en cuando se queda con él jugando cuando va a casa de su hermano. Estábamos tomando un café y en la cafetería donde estábamos empezó a llenarse de familias. Los niños empezaron a ponerse más nerviosos con cada minuto que pasaba. Él me dijo, “A veces los niños empiezan a ponerse nerviosos y hay que “reiniciarles” con un azote o una colleja. La verdad es que me pareció una comparación muy buena para poder hablaros de esto.
     Tanto los que sabéis mucho de informática como los que no, seguro que alguna vez se os ha quedado “colgado” el ordenador. Primero pruebas pulsando ESC. Esperas un rato por si “está pensando”. Luego alguna combinación de teclas como Alt+F4.  Por último, lo intentas pulsando el clásico Ctrl+Alt+Supr hasta 3 veces. Pero aquello sigue sin funcionar... Una vez que ya lo has intentado todo, y ves que el ordenador sigue sin responder y sin desbloquearse, sabes que no te queda otra que reiniciar, pulsando varios segundos el botón de apagado. Pero como sabéis, es la última opción recomendada. Seguro que ya sabéis por dónde voy. ¿A que no se te ocurre reiniciar el ordenador nada más ver el mensaje “(No responde)”? Reiniciar así el ordenador supone poner en riesgo el disco duro, aumentando las posibilidades de dañarlo seriamente si reinicias así a menudo el ordenador.
     Llevándolo al tema que nos ocupa, nada fácil por cierto, debemos considerar el azote como último recurso. Antes es recomendable (y necesario) explicar a tu hijo lo que ha hecho mal y por qué no debe hacerlo; lo que sigue haciendo mal, y lo que puede que pase como no deje de hacerlo. Si sigue sin hacer caso, es decir “(No responde)”, debemos intentar otras soluciones: un rato a la zona de pensar, amenazarle sin un privilegio que tenga, por supuesto repetírselo varias veces...
     Debemos saber que igual que un disco duro se daña si lo reiniciamos muchas veces con el botón de apagado, “pasará lo mismo” si utilizamos esta opción de manera recurrente con nuestros hijos: aumentamos las posibilidades de dañar “su disco duro” si utilizamos este recurso a menudo y como primera opción.

domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

miércoles, 6 de abril de 2016

Tienes un hijo, pero sigues siendo la misma persona.

      Hoy he estado en el dentista. Le he preguntado si le gustaba el fútbol. Me ha dicho que era socio del Real Madrid, pero que desde que tuvo a su hija hace 5 años, no ha pisado el campo. No suelo ser muy abierto con estos temas con personas con las que no tengo mucha confianza, pero esta vez me he lanzado.

      Le he dicho que eso no podía ser. Cada persona somos de una manera, tenemos unos gustos, unas preferencias, unos hobbies, cosas que nos ponen nerviosos, y otras que nos relajan, etc. Cuando tenemos un hijo, seguimos siendo la misma persona, el mismo que le gustaba las hamburguesas, el mismo que le gustaba la música clásica, etc. Con el tiempo, crecemos físicamente, y mentalmente, es decir, maduramos, pero seguimos siendo la misma persona. Cuando tenemos un hijo, los cambios que se producen en nuestros hábitos son brutales, nos hacen madurar de manera acelerada e intensa, pero seguimos siendo la misma persona.

      Lo que quiero decir, es que el hecho de tener un hijo no significa dejar de ser el o la  que eras, dejar de hacer lo que nos gustaba y que hacíamos antes de tenerlo. Sé lo que estáis pensando, y no olvidéis aplicar el sentido común. Está claro, que durante los primeros meses de vida, la demanda de tiempo y luego de atención es mucha. Lo que quiero decir es que si te gusta el fútbol, eras socio abonado, y desde que eras pequeño has ido todos los domingos por la tarde al campo, quizá no puedas ir todos los domingos, pero sería totalmente contraproducente dejar de ir completamente. Y si es así, debe ser algo temporal, con la idea de retomarlo cuando la situación se estabilice (cuando tu hijo crezca).

      Hablo de fútbol, pero podría ser cualquier otra cosa, tanto para el padre como para la madre, evidentemente. Da igual. Por nuestra salud, y por lo tanto por la de nuestra familia, tenemos la obligación de cuidarnos y así estar en situación de poder dar lo mejor de nosotros a nuestra familia.

    Hace poco leí en un libro sobre liderazgo algo que decía: “La generosidad, es la capacidad que tenemos de pedir lo que necesitamos, para poder dar después lo que necesitan los demás”. Me pareció absolutamente cierto como revolucionario.

      Piénsalo. No olvides el sentido común. No olvides a tu familia. No olvides de cuidarte.

      La próxima vez hablaremos sobre la importancia de cuidarse en pareja, tan importante como cuidarse uno mismo, y complementario.

domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

miércoles, 25 de noviembre de 2015

DECÁLOGO PARA FORMAR UN HIJO DELINCUENTE

Acabo de leer en el blog de Emilio Calatayud, Juez de menores de Granada, este decálogo y no he podido dejar pasar la oportunidad de compartirlo. No puede estar más acertado. Espero que os guste.
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, festéjelas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, España, conocido por la imposición de sentencias curiosas, ejemplares y basadas en la educación más que en el mero castigo.

domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.    

sábado, 16 de mayo de 2015

CÓMO Y CUÁNDO RESPETAR LA INTIMIDAD DE NUESTROS HIJOS

Pues sí, nuestros hijos tienen derecho a la intimidad, y más la necesitan a medida que son más mayores. Poniéndonos en situación, está claro que con un niño de 3 años este tema no será tan importante como con uno de 15. Aun así, un niño de 3-4 años empezará a tener sus juguetes favoritos, esos que siempre se lleva a casa de la abuela. Esos juguetes seguramente los dejará habitualmente en el mismo sitio, en el mismo cajón. Pues ese cajón empieza a formar parte de la intimidad de nuestro hijo. ¿Significa que no podemos abrirlo? Claro que podemos abrirlo, sin embargo debemos evitar cambiar su esencia sin que él lo sepa. Es decir, imaginemos que necesitamos ese cajón para guardar otras cosas y necesitamos cambiar de sitio sus juguetes. Con 3-6 años no pasa nada si cambiamos los juguetes y no le decimos nada, pero estaremos empezando a enseñar qué es el respeto por la intimidad de los demás si hacemos lo contrario. “Pablo, necesito este cajón, ¿puedes por favor poner tus juguetes en otros sitio?”. Pablo se sentirá respetado y su cajón de juguetes tendrá mucho más valor a partir de ahora que sus padres lo respetan. Ni que decir tiene, queda descartado el famoso artículo 33, que dice: “cambio los juguetes aunque no le guste, porque soy su padre/madre y aquí se hace lo que yo diga, y necesito ese cajón. Ya los pondrá en otra parte”.




¿Qué pasa más adelante? A partir de los 8 años, los niños empiezan a tener secretos, si es que se puede llamar así con esa edad. Nosotros, como personas adultas que somos, no debemos/podemos infravalorar esos “secretos”. Por lo tanto, deberemos estar atentos para observar qué es lo que nuestro hijo guarda y cómo lo guarda. Sus pequeños tesoros. Es cuando nosotros como padres, debemos conocer qué es lo que nuestro hijo guarda, como parte de nuestra preocupación por él. Pero con mucha mano izquierda. Es decir, si queremos saber qué guarda nuestro hijo de 10 años, deberemos preguntarle. Si decidimos abrir SU cajón, siempre procuraremos que nuestra pequeña incursión pase totalmente desapercibida. Si encontráramos algo que no tiene nuestra aprobación haciendo esa incursión, NUNCA iremos a decirle: ¿Qué es esto que he encontrado en tu cajón? Si lo hacemos así habremos empezado a romper la confianza que nuestro hijo pueda tener en nosotros. Nuestros hijos tienen que poder confiar en nosotros. Deben confiar en que nosotros no vamos a inspeccionar sus cajones. ¿Qué haríais vosotros si alguien os hiciera eso? A mí por lo menos lo que me provoca es esconderme en mi caparazón como una tortuga, para protegerme. No salgo al exterior porque en cualquier momento alguien puede invadir mi intimidad. 



El tema da para mucho más. Pero no quiero dejar de hablar de Facebook. Hace 15-20 años os diría que no podemos levantar el teléfono del salón mientras nuestro hijo habla en el cuarto. Ahora mismo la situación es distinta, y hay mucho, muchísimo peligro. Pero no podemos llamar a ningún amigo informático para que se meta en la cuenta de nuestro hijo para saber qué hace. Es lo más fácil y el camino más corto, pero no es el camino. Deberemos tener nuestra cuenta de Facebook y que nuestro hijo sea uno de nuestros amigos. Es difícil, y costará mucho esfuerzo conseguirlo, pero contamos con la confianza que hemos estado construyendo entre nuestros hijos y nosotros desde pequeñito. Sabe que puede confiar en nosotros, y sabemos que no tiene nada que esconder.

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

lunes, 13 de octubre de 2014

¡Qué dificil es que se estén quietos...!

     
     ¿Quién no ha visto alguna vez en alguna tienda o centro comercial la infructuosa pero intensa lucha de la madre o el madre por intentar conseguir que su hijo o hija de 2-10 años de edad se esté quieto a su lado o sentado sin hacer nada…? Al menos yo un montón de veces. Y ahora os pregunto, ¿qué pasaría si entramos en una de esas tiendas y vemos al niño de 4 años de pie, quieto, y al lado de su madre sin hacer nada, durante los 5-10 min (ó 30min) que dure la compra? A mí desde luego me chocaría bastante, ya que no es nada normal, y mucho menos habitual.


     Un niño pequeño tiene muchísima energía y tiene que soltarla, por lo tanto todos nuestros esfuerzos para que se esté quieto serán inútiles. A veces puede pasar que seamos más o menos tímidos y nos preocupe qué pensará esa señora tan bien arreglada, o ese señor que nos mira con cara de mala leche. ¿Y a nosotros qué nos importa lo que piense nadie? Por otro lado, como ya os he dicho antes, seguro que piensan mucho peor si ven al niño que ni se mueve, y puede sugerir más cosas malas que buenas. ¡Dejadles que anden! ¡Dejadles que se muevan! Y si se puede, ¡Dejadles que corran! De lo contrario,  lo más seguro es que todo acabe en una desesperación de la madre o padre y un cachete en el culo. Parece lógico, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no dejamos que lo haga? ¿acaso nos molesta? Entonces el problema es nuestro (a mí me pasa el primero, os lo aseguro, y lucho cada día para mejorar) Evidentemente, si en la tienda hay artículos que puedan romperse, habrá que poner más atención, o mejor aún, ir en otro momento que no vayáis acompañados de vuestros hijos, porque lo más seguro es que todo acabe en discusión.

     Me gustaría que los que tenéis hijos pequeños y no tan pequeños sepáis lo que tenéis, que no es sólo un gran tesoro, sino que además son personitas que no paran quietas porque están en edad de no estarse quietas, necesitan tocarlo todo, necesitan probarse a sí mismos y probaros a vosotros, necesitan soltar toda esa energía, etc, etc, etc. Necesitan jugar.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Papá, mamá ¿jugáis conmigo?

     
     ¿Cuántas veces nos han dicho ya estas vacaciones esta pregunta nuestros hijos?  Seguro que casi todos los días. ¿qué es lo que hacemos nosotros? Yo por lo menos estoy de vacaciones, y no quiero que me molesten, ni que nadie perturbe mi descanso…
Para empezar, que sepáis que descansar no consiste en no hacer nada (Ver la TV, por ejemplo) sino cambiar de ocupación, como leer, hacer crucigramas, sudokus, maquetas, papiroflexia, punto de cruz, soldados de plomo, prácticas de albañilería en casa, aprender Chino…Yo qué sé. Pero os aseguro que una de las actividades que más nos van a descansar es jugar con nuestros hijos. Probadlo.


     Por otro lado, y pensando un poco más en ellos, he podido comprobar cómo en familias donde uno de los dos padres juega más con el hijo, es con ese padre/madre, con el que el hijo se le ve más unido. Es pura lógica una vez más… Uno de los recuerdos más agradables y satisfactorios que guardo de mi infancia y juventud, es cuando jugaba con mi padre a encestar la pelota de tenis en el paragüero del pasillo. Era auténtica competitividad, ¡vaya partidos”. Ya de más mayor, con 18-20 años, nos pasamos al pingpong, en el que venían vecinos a vernos jugar, sudando como profesionales y  dándolo todo. Ya con 25 años, recuerdo que fuimos al concierto de Paul McCartney, por ejemplo.  Esto no es casualidad. Vuelve a ser actuar con sentido común.

     Es posible que nunca recuerde muchas otras cosas de mi padre, y que el día que se vaya al cielo, agradeceré mucho más estos momentos. También es posible que en lugar de jugar al pingpong o encestar la pelota de tenis conmigo, prefiriera hacer cualquier otra de las cosas que le gustaban, como tocar la guitarra. No quiero entrar en sentimentalismos. Sólo quiero deciros, que aprovechéis estos días para estar un rato con vuestros hijos, y jugando con ellos, es la mejor forma de dedicarles vuestro tiempo y atención, que es lo que quieren, tengan la edad que tengan.

     ¿A qué jugáis?: hundir la flota, 3 en raya, chinos, sudoku, cartas, fútbol, billar, dardos, minigolf, volar una cometa, castillos y figuras de arena, crucigramas, ajedrez, montar en bici, comiditas, ir de compras, poner una tienda en el pasillo, etc, etc, etc. Cualquiera que implique tiempo y atención, recordadlo.


     Ganadle esta batalla a la pereza y jugad con vuestros hijos, ¡vale la pena!

miércoles, 23 de julio de 2014

Algunas ideas...

   Os pongo un artículo que me ha parecido tan interesante que lo transcribo tal cual. Es de Teresa Pereda, en Hacer Familia. Espero que os sea útil, para mí lo ha sido:



     La amistad y la relación de confianza de los padres con los hijos jóvenes no se consigue poniéndonos a su nivel. Un buen padre puede ser un buen amigo de su hijo sin menoscabo de su autoridad, aunque sea distinto el vocabulario, el modo de vestir o los modales que utilizamos unos y otros. Cuando los padres pretenden hacerse "amiguetes" de su hijo, se produce una situación grotesca y desprestigiadora para ellos.
     Los padres deben evitar ponerse a la altura de los amigos de sus hijos, ya que esta actitud puede terminar con la pérdida del respeto natural que el joven les debe por ser sus padres. No olvidemos que los jóvenes no buscan en sus padres un "colega", sino un amigo con experiencia y autoridad en quien poder confiar.
     - Da el primer paso. Nunca es tarde, aunque sí será más difícil cuanto más nos retrasemos, para conseguir la confianza de nuestros hijos. Los padres tenemos que decidirnos para dar el primer paso.
     - Valora lo que le importa. Párate a pensar qué conoces de tu hijo, de sus intereses y proyectos, de lo que valora por encima de todo. Es importante para poder conversar con él y realizar actividades juntos que consoliden nuestra confianza y amistad.
     - Preocúpate por sus cosas. Debes poder hablar con tu hijo o hija joven de cualquier tema y sin reproches por delante. Aconséjale sin censurar. Está deseando, aunque no lo diga, que se preocupen por él.
     - Respeta su intimidad. No intentes sacar a tu hijo sus confidencias a base de interrogatorios.
     - Date a conocer. Cuenta a tu hijo, de vez en cuando, algo personal acerca de tus ideas, tus proyectos de futuro (profesionales o no), de tus alegrías o tristezas, para lograr intimar con él. Le conocerás y tendrás su confianza cuando él te conozca a ti.
     - Entrégate cuando te necesite. Tu hijo ha de ver en ti alguien en quien poder confiar siempre. Recuérdaselo de vez en cuando, pero sobre todo procura estar preparado para cuando realmente necesite confiar en ti.
     - Pide su opinión en algún asunto serio. Presta atención a su consejo y extrae consecuencias de él. Después, mantenle al tanto de cómo van las cosas, en qué aplicaste lo que dijo, etc. Será una forma de demostrarle que confías en él.



jueves, 19 de junio de 2014

Comunicación 2ª Parte: No me molestes.

Estoy en el aeropuerto esperando a que nos llamen para embarcar. Justo en frente de mí, hay una madre con sus dos hijos, el mayor con unos 15 años y la pequeña con unos 10. Aparentemente no parece que les falte dinero, sino todo lo contrario, pero sin excesos. Parecen educados y de buena familia. Es muy pronto, así que los chicos están algo somnolientos, sin embargo la madre  está concentrada y atenta a la tablet que mira fijamente y escribe de vez en cuando. Me ha parecido una imagen perfecta para ayudarme a escribir el tema de este post: Escuchar.
Cuando veo a esta pequeña familia (que puede ser magnífica, no lo pongo en duda) veo una burbuja  invisible alrededor de cada uno. Esa burbuja no se ve, pero se palpa. Cada uno está a lo suyo. Sinceramente, creo que tanto a la chica como al chico dan por perdido cualquier intento de comunicación con su madre. Me ha hecho pensar, porque yo también tengo tablet, portátil, TV y otras cosas que me gusta ver en casa. Y me pregunto, ¿tengo yo en mi casa la misma burbuja que me aísla de mis hijos? Cuando estoy con la tablet o el portátil, o leyendo, ¿hay alguna manera de que mis hijos me hablen o saben por experiencia que cuando estoy “leyendo el periódico” no se me molesta?
Mi abuelo murió a los pocos días de yo nacer. Una de las cosas que siempre me han contado de él fue que cuando un nieto se acercaba a hablarle, dejaba cualquier cosa que estuviera haciendo y le dedicaba toda su atención. Creo que lo deja bastante claro. Es ese lenguaje sin palabras por el que les decimos a nuestros hijos “NO ME MOLESTES”. Si es eso lo que queremos no hay problema, pero luego no nos quejemos de que no nos cuentan nada, o de que siempre me dicen lo mismo cuando les pregunto “qué tal el día”.

Escuchad a vuestros hijos con los cinco sentidos. Dedicadles toda vuestra atención (y ojo: estoy diciendo toda vuestra atención, no todo vuestro tiempo, es bien distinto) mientras habláis con ellos, y si os hablan cuando estáis comiendo, leyendo, viendo una película, o cualquier cosa, dejad inmediatamente lo que estáis haciendo y escuchadles. En ese momento les estamos diciendo que no hay otra cosa más importante que ellos. El día que nos quieran contar un problema o algo importante, tenemos que estar completamente seguros de no tener el cartel colgado de “No me molestes”. Tenemos que asegurarnos de tirar ese cartel, y yo el primero.