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domingo, 25 de marzo de 2018

Cómo reiniciar a tu hijo


     ¿Qué crees que es lo más efectivo para cambiar en el momento la conducta de tu hijo? ¿Crees que un azote es a veces es la única manera de que tu hijo se porte mejor? Espero poder ayudaros a contestar estas preguntas con lo que os voy a contar.
     Estaba hablando de este tema con un amigo. Él no tiene hijos, pero hablábamos de su sobrino. De vez en cuando se queda con él jugando cuando va a casa de su hermano. Estábamos tomando un café y en la cafetería donde estábamos empezó a llenarse de familias. Los niños empezaron a ponerse más nerviosos con cada minuto que pasaba. Él me dijo, “A veces los niños empiezan a ponerse nerviosos y hay que “reiniciarles” con un azote o una colleja. La verdad es que me pareció una comparación muy buena para poder hablaros de esto.
     Tanto los que sabéis mucho de informática como los que no, seguro que alguna vez se os ha quedado “colgado” el ordenador. Primero pruebas pulsando ESC. Esperas un rato por si “está pensando”. Luego alguna combinación de teclas como Alt+F4.  Por último, lo intentas pulsando el clásico Ctrl+Alt+Supr hasta 3 veces. Pero aquello sigue sin funcionar... Una vez que ya lo has intentado todo, y ves que el ordenador sigue sin responder y sin desbloquearse, sabes que no te queda otra que reiniciar, pulsando varios segundos el botón de apagado. Pero como sabéis, es la última opción recomendada. Seguro que ya sabéis por dónde voy. ¿A que no se te ocurre reiniciar el ordenador nada más ver el mensaje “(No responde)”? Reiniciar así el ordenador supone poner en riesgo el disco duro, aumentando las posibilidades de dañarlo seriamente si reinicias así a menudo el ordenador.
     Llevándolo al tema que nos ocupa, nada fácil por cierto, debemos considerar el azote como último recurso. Antes es recomendable (y necesario) explicar a tu hijo lo que ha hecho mal y por qué no debe hacerlo; lo que sigue haciendo mal, y lo que puede que pase como no deje de hacerlo. Si sigue sin hacer caso, es decir “(No responde)”, debemos intentar otras soluciones: un rato a la zona de pensar, amenazarle sin un privilegio que tenga, por supuesto repetírselo varias veces...
     Debemos saber que igual que un disco duro se daña si lo reiniciamos muchas veces con el botón de apagado, “pasará lo mismo” si utilizamos esta opción de manera recurrente con nuestros hijos: aumentamos las posibilidades de dañar “su disco duro” si utilizamos este recurso a menudo y como primera opción.

lunes, 18 de julio de 2016

Castigado por culpa de la Tablet

     El otro día me contaban una historia que me pareció muy interesante comentar.
     Últimamente hay colegios que han optado por cambiar los libros de texto de papel por una Tablet. Creo que es una medida muy buena y que estaba tardando en llegar. Es impresionante el peso que llevan los niños a la espalda. Pero como todas las medidas innovadoras y revolucionarias como esta, deben de implantarse con indicaciones, transmitiendo a los padres, en este caso, los pros y los contras de esta medida. Os voy a contar lo que pasó.
     Estos estudiantes no tienen libros o muy pocos. Hacen los deberes con la Tablet, y estudian con la Tablet. Pero es una Tablet que no está limitada, al menos no todo lo que debería. Eso significa que en el disco duro, además de tener los libros de texto, están instaladas también aplicaciones de cualquier tipo. Y por supuesto, juegos.
     La anécdota habla de uno de estos estudiantes que en época de exámenes estaba en su habitación estudiando. O al menos, eso era lo que estaba previsto. La madre entró en la habitación y el hijo no estaba estudiando, sino que estaba jugando. La consecuencia fue que se quedó castigado por no estudiar, por mentir, etc.
     Pero vamos a pensar un momento. Le damos a nuestro hijo una Tablet, para que estudie, y no le desinstalamos los juegos, ni siquiera le limitamos el acceso por contraseña, ya que nosotros confiamos plenamente en nuestros hijos (evidentemente). Ahora vamos a ponernos en su situación. Me deja mamá en mi habitación, con la puerta cerrada, con la Tablet para estudiar. ¿No veis que ya suena a cuento? ¡Y lo peor de todo, es que el cuento se lo estamos contando nosotros! Y ahora os pregunto yo a vosotros, padres, ¿tenéis una fuerza de voluntad tal que hacéis siempre lo que tenéis que hacer? Cuando estáis en la oficina o puesto de trabajo, ¿trabajáis las 8 horas diarias sin distracciones? ¿Estáis siempre concentrados al 100% o a veces miráis “qué hay” en Internet los días que estáis más cansados? Y cuando os proponéis algo, como por ejemplo bajar de peso, ¿tenéis la suficiente fuerza de voluntad para cumplir la dieta y no comer dulces? O ¿no será que como no confiáis en vuestra fuerza de voluntad, os valéis de pequeñas ayudas como no comprar dulces? Y sigo preguntando, ¿por qué entonces exigís a vuestros hijos que tengan esa fuerza de voluntad que vosotros los adultos no tenéis? Y peor aún, ¿por qué les castigáis por no tenerla? Hay soluciones: estudiar con la puerta abierta si el ambiente de casa lo permite, restringir los juegos con contraseña, etc., etc., etc.
     Una vez más hago un reclamo a utilizar el sentido común como herramienta de educación. Ayudarles enseñándoles trucos para no distraerse, pero no castigando exigiéndoles algo que excede de su capacidad de respuesta. Si nosotros adultos, no seríamos capaces, ¿por qué exigírselo a nuestros hijos de esa manera?

viernes, 29 de abril de 2016

Mamá y Papá nunca salen.

     Salíamos mi mujer y yo a cenar el otro día. Estábamos con unos amigos y con sus hijos. Su cara de asombro fue para grabarla: “¿Os vais a cenar? Qué suerte tenéis…” Pues sí, la verdad es que sí que tenemos suerte, pero también hay algo más. Y es que os aseguro que tener una conversación sin interrupciones, sin nadie llorando a tu alrededor, sin la posibilidad de hacer aquello que de repente te acuerdas (poner el lavavajillas, o coser el botón del babi, o colocar la estantería que siempre ves desordenada), porque estáis los dos cenando en un restaurante, o en un bar tomando una cerveza y unas patatas bravas…es una pasada.

     Me gusta comparar esto como la gasolina de un coche. Están las personas que van a la gasolinera cuando el coche entra en reserva y otros cuando aún le quedan algunos litros. De la misma manera, están las parejas que hacen esto cuando están hartos, no pueden más, o notan que se enfadan con más facilidad de lo normal. Y están los que procuran hacerlo, sin que se haya convertido en una tarea urgente, porque “no puedo más”.

     Y es que el sentido común vuelve a llamar a nuestra puerta. Tenemos mucha suerte de poder salir a cenar, pero yo también diría que este tipo de cosas salen porque nos hemos propuesto, entre los dos, que salgan. Pedimos un favor a algún hermano, o a alguna abuela, o contratar a un canguro para poder salir nosotros. Pero esto no suele salir de la noche a la mañana. Exige un poco de previsión, un pequeño calendario, avisar con tiempo a quien se vaya a quedar en casa cuidando de los peques, etc. Como veis todo está relacionado.

     No esperéis a “estar hartos”, no esperéis a “quedaros sin gasolina” para salir. Hacer un plan los dos sólo es algo necesario, muy necesario. No hace falta que os recuerde el estrés del trabajo, los horarios de los coles, los deberes, las cenas, la casa, los compromisos con amigos, con familiares… ¿No creéis que debe estar entre nuestras prioridades?. Si se hace así, ¡todo irá mucho mejor! No es lo mismo estudiar para sacar un 5 (que siempre será más fácil suspender), que para sacar un 9 (que tendremos algo de margen), ¿verdad?


     Espero que os planifiquéis ahora mismo, y pongáis un día en el calendario para vuestro próximo plan juntos, y con qué frecuencia. Por vuestro bien y por el de vuestros hijos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Tienes un hijo, pero sigues siendo la misma persona.

      Hoy he estado en el dentista. Le he preguntado si le gustaba el fútbol. Me ha dicho que era socio del Real Madrid, pero que desde que tuvo a su hija hace 5 años, no ha pisado el campo. No suelo ser muy abierto con estos temas con personas con las que no tengo mucha confianza, pero esta vez me he lanzado.

      Le he dicho que eso no podía ser. Cada persona somos de una manera, tenemos unos gustos, unas preferencias, unos hobbies, cosas que nos ponen nerviosos, y otras que nos relajan, etc. Cuando tenemos un hijo, seguimos siendo la misma persona, el mismo que le gustaba las hamburguesas, el mismo que le gustaba la música clásica, etc. Con el tiempo, crecemos físicamente, y mentalmente, es decir, maduramos, pero seguimos siendo la misma persona. Cuando tenemos un hijo, los cambios que se producen en nuestros hábitos son brutales, nos hacen madurar de manera acelerada e intensa, pero seguimos siendo la misma persona.

      Lo que quiero decir, es que el hecho de tener un hijo no significa dejar de ser el o la  que eras, dejar de hacer lo que nos gustaba y que hacíamos antes de tenerlo. Sé lo que estáis pensando, y no olvidéis aplicar el sentido común. Está claro, que durante los primeros meses de vida, la demanda de tiempo y luego de atención es mucha. Lo que quiero decir es que si te gusta el fútbol, eras socio abonado, y desde que eras pequeño has ido todos los domingos por la tarde al campo, quizá no puedas ir todos los domingos, pero sería totalmente contraproducente dejar de ir completamente. Y si es así, debe ser algo temporal, con la idea de retomarlo cuando la situación se estabilice (cuando tu hijo crezca).

      Hablo de fútbol, pero podría ser cualquier otra cosa, tanto para el padre como para la madre, evidentemente. Da igual. Por nuestra salud, y por lo tanto por la de nuestra familia, tenemos la obligación de cuidarnos y así estar en situación de poder dar lo mejor de nosotros a nuestra familia.

    Hace poco leí en un libro sobre liderazgo algo que decía: “La generosidad, es la capacidad que tenemos de pedir lo que necesitamos, para poder dar después lo que necesitan los demás”. Me pareció absolutamente cierto como revolucionario.

      Piénsalo. No olvides el sentido común. No olvides a tu familia. No olvides de cuidarte.

      La próxima vez hablaremos sobre la importancia de cuidarse en pareja, tan importante como cuidarse uno mismo, y complementario.

martes, 1 de marzo de 2016

El ejemplo de mi padre

     Mucha gente me dice que hago cosas poco habituales, dicen que tengo mucha fuerza de voluntad (qué poco me conocen), de alguna manera les remueve lo que hago día a día, y se sorprenden de la cantidad de cosas que me da tiempo a hacer. He pensado sobre ello. Y por fin, he averiguado de dónde salen estas “heroicidades”. Lo pongo entre comillas, porque para mí no es más que un pequeño esfuerzo adicional en épocas en las que necesitan o necesito ese esfuerzo extra para sacar adelante lo que me he propuesto o sencillamente lo necesito para vivir. Y digo esto, porque para mí, este esfuerzo, esas “heroicidades” se las he visto hacer a mi padre todos los días desde que nací, y todavía las sigo viendo.

     Mi padre trabaja en casa. Trabajador autónomo, su trabajo se ha medido, no por las horas que trabajaba, sino por los encargos que terminaba. Somos cinco hermanos, y aunque ahora somos todos mayorcitos y adultos, hubo una época en que llevábamos pañales, y hacíamos de todo menos estar en silencio, como cualquier niño. Por lo tanto, mi padre tenía que sacar tiempo de debajo de las piedras para acabar los encargos y traer dinerito a casa.

     Mi padre no estudió ninguna carrera, ni consiguió ningún premio de estudios, y aunque no se podía sentar conmigo a hacer los deberes, me ha enseñado mucho más de lo que cualquier libro me hubiera podido enseñar, ni me enseñará nunca. Lo tengo muy claro.

     He visto a mi padre madrugar muchos días, le he visto pasar frío trabajando, sueño, sufrir en silencio las preocupaciones del trabajo y de la economía familiar.  Son una cantidad de detalles que no he apreciado hasta que no he sido padre de familia y he madurado. Ahora, pienso en ellos, y sencillamente, hago lo que tenga que hacer para estar a la altura de las circunstancias que el día a día me exige. Si tengo que madrugar, pues madrugo; si tengo que estudiar, pues estudio; si tengo que trabajar, trabajo; y si me tengo que aguantar, pues me aguanto.

     Por lo tanto, he llegado a la conclusión (ya había llegado antes, pero me reafirmo en ella) de que he tenido una suerte increíble con mi padre. No digo que sea un padre perfecto, pero jamás creo que pueda echarle el valor que él le echó con nosotros (por ahora sigo estando a años luz). Y a todos los que se sorprenden de mis “heroicidades”, les digo que sólo intento aprovechar al máximo los recursos que mis padres me dieron (con mucho esfuerzo), y que aún me siguen dando. Sé que ahora mis hijos no entienden lo que hago, pero también sé que se les quedará grabado en la memoria lo que hago, de la misma manera que yo tengo grabado en la mía lo que hacía mi padre y que he tardado más de 30 años en entender. Gracias papá.

domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

martes, 29 de diciembre de 2015

Caprichos: Aunque podamos, no debemos.

     Hace poco leí una publicación de una de las personas más influyentes de esta década a nivel mundial. No diré quién es para no dar pie a prejuicios y que el mensaje llegue claro. El texto hacía mención al exceso de dedicación que tenemos con nuestros hijos. Cuando digo exceso, quiere decir eso mismo, cantidad excesiva, demasiada, es decir, un cantidad que al superar la medida necesaria, lo hace en tal grado  que perjudica y tiene efectos contrarios a los esperados. Es decir, siempre nos hemos quejado de que nuestros padres no nos preguntaban ni se interesaban lo suficiente por nuestras cosas diarias (opinión subjetiva, por cierto), y siempre hacemos alusión a los efectos negativos de una falta de atención y dedicación hacia nuestros hijos. Me gustaría que nos preguntásemos ahora mismo, ¿le doy a mi hijo lo que necesita o más de lo que necesita? Si le doy más, ¿ese exceso que le estoy dando le está beneficiando o perjudicando? Pensadlo bien. En nuestra responsabilidad como padres, debemos estar vigilantes, y no sólo poner el corazón a la hora de educar.


     Permitidme que os cuente un caso personal que se suele dar. A comienzo de curso llega el momento de ir a por las zapatillas de deporte para el cole. Y nos encontramos con la siguiente situación: tu hijo ha estado todo el camino ansioso porque va a tener “zapatos nuevos”; te empieza a hacer la lista de las zapatillas que llevan todos sus amigos del cole, a los que va a ver todos los días y va a jugar con ellos; le dice lo mucho que le gustan las amarillas fosforito de “La Marca”, etc. Y te presentas en la tienda delante de todo ese muestrario de zapatillas que abarcan precios desde los 15€ a los 49€. Gracias a Dios, los ingresos familiares nos permiten optar, no sin esfuerzo, tanto a las de 15 como a las de 49. Mi hijo me pide las de 45€, sabiendo que las de 49 son las más caras y sabe que le voy a decir que no. Y empieza el vaivén de pensamientos en mi cabeza: “quiero lo mejor para mi hijo, y estas zapatillas tienen una mejor amortiguación para su pie”, o “¿cómo voy a dejar que mi hijo vaya con unas zapatillas baratas al cole si TODOS sus amigos llevan las mejores?”, o “con lo mal que yo lo pasé porque mis padres nunca me podían comprar las zapatillas que yo quería, no quiero que lo pase mal”, etc., etc., etc.

     

     Espero que os hayáis dado cuenta de lo que quiero mostraros: aunque la zapatilla de 49€ no afecte a nuestra estabilidad económica, ¿estamos educando bien a nuestro hijo comprándole la mejor zapatilla? Aunque podamos, no siempre debemos. Esta frase seguro que la ponéis en práctica a menudo para vosotros mismos. Intentamos vivir sin excesos para no afectar a nuestra economía familiar, pero ¿por qué sus caprichos sí pueden afectarla? ¿Por qué vamos a hacer una excepción con nuestros hijos? Hacedlo por  ellos y por vosotros. Os lo agradecerán en el futuro, aunque ahora no lo entiendan.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

DECÁLOGO PARA FORMAR UN HIJO DELINCUENTE

Acabo de leer en el blog de Emilio Calatayud, Juez de menores de Granada, este decálogo y no he podido dejar pasar la oportunidad de compartirlo. No puede estar más acertado. Espero que os guste.
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, festéjelas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, España, conocido por la imposición de sentencias curiosas, ejemplares y basadas en la educación más que en el mero castigo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

ESTA PELÍCULA NO ES PARA NIÑOS

      Tras un pequeño descanso durante la jornada de verano, volvemos a nuestras reflexiones.

         Ya ha empezado el cole. Algunos padres tenían más ganas que otros, aunque no es el tema que me gustaría tratar hoy.
          El otro día, al llegar mi hijo del cole, me dice que su amigo ha visto una película el fin de semana, y que quiere verla. Yo ya había visto esa película hace tiempo, pero no recordaba que fuera para un público infantil, es decir, en torno a los 7 años. Por tanto, fui a buscar el título de la película para ver la calificación por edades. Efectivamente me encuentro con que la película tenía una calificación no apta para menores de 12 años.  Le dije a mi hijo que esa película no la podía ver porque era para niños mayores de 12 años. Intentó convencerme, pidiéndomelo por favor, etc. Pero, aunque me costó (ya que no es una situación agradable ver a tu hijo pidiéndote algo y tener que decirle que no), acabó entendiendo, al menos respetando, que no íbamos a ver esa película. Intentando compensarle, y a la vez premiarle por no enfadarse, hemos visto una película de “las de papá”, que no son aptas para menores de 7 años, y que podíamos ver sin problema, pero que a él le ha hecho ilusión extra por ver una película de las que están en la estantería de papá (las tengo especial cariño, no porque tenga que esconder nada).

       A parte de ilusiones, y recompensas, hay algo en lo que no puedo dejar de pensar: en ese amigo de mi hijo que vio la película. No quiero entrar a debatir si un niño de 6 años puede tener la madurez de un niño de 7 o de 8. Es posible. O no, no lo sé. Lo que sí sé, es que hay que tener un cuidado exquisito, con lo que ven nuestros hijos. Todos hemos tenido experiencias de niños que han marcado nuestra vida de mayores, ya sea con un padre muy estricto, una separación, una muerte temprana de alguien cercano, etc. Esas circunstancias no son evitables, y es la vida la que nos marca esas pautas. Pero, no podemos ni debemos permitir que nuestro hijo vea imágenes o escuche películas que alteran su sensibilidad de niños, que es lo que son. Ninguno de nosotros sabemos con exactitud las repercusiones que puede tener, por lo tanto tampoco sabemos el daño que les puede provocar (aunque hay numerosos estudios sobre este tema). Es nuestra responsabilidad, como madres y padres, no sólo no hacer nada que pueda dañar a nuestros hijos, sino evitarlo a toda costa.


       Puede que nos encontremos en la situación en la que queramos ver una película en el cine no apta para menores y que no podamos dejar a nuestros hijos con alguien para ir a verla. En ese caso, tendremos que esperar, y verla en otro momento. ¿O acaso es más importante un estreno en el cine que nuestro hijo?
       Nuestros hijos dependen de nosotros. Aunque no entiendan algunas de las cosas que hacemos por su educación, debemos cumplir con nuestra responsabilidad. Confían en nosotros, aunque ellos no lo sepan.

sábado, 20 de junio de 2015

CONSEJOS PARA SOBREVIVIR (DISFRUTAR) ESTE VERANO

     El viernes pasado la mayoría de nosotros recogíamos a nuestros hijos. Se podía leer en sus caras una desbordante alegría porque el cole se acababa. Sin embargo, también se podía leer en las caras de los padres que allí estábamos algo como: “madre mía…” ; “Ahora cómo los entretengo por las tardes sin deberes…”; “vaya verano que me espera…”. Esta es nuestra primera reacción como humanos que somos, pero si algo nos diferencia de los animales ante estas reacciones, es la de gestionarlas. Aplicamos la inteligencia y como siempre el sentido común, y decimos: “Hay que hacer lo que haga falta para tener controlada la situación… y a nuestros hijos, claro está”.

     Durante el curso han estado con un horario que lo marcaba el colegio, las clases, las prisas de los papás en llegar a trabajar por las mañanas… Pues intentemos tener una serie de sencillos hitos para gestionar con éxito nuestro verano y el de nuestros hijos.

     Lo primero, un calendario del verano. Escribamos en un A3 un calendario con los meses de junio, Julio, Agosto y Septiembre. Marquemos la semana o semanas vamos a estar en la playa o en el pueblo. Después hagamos una lista de planes para el verano. Será importante que nuestros hijos participen. Qué planes les gustaría hacer, dónde les gustaría ir, etc. Los iremos colocando en unos días concretos y que estén libres. Ya tenemos una visión global del verano.

     Segundo, un horario. “Jo, papá, que estamos de vacaciones…”. No se trata de fichar en casa como en el trabajo. Se trata de poner un poco de orden para ayudar a nuestros hijos a gestionarse a sí mismos.



- Hora de levantarse. El hecho de estar en verano no significa poder hacer lo que nos da la gana. Por eso, lo primero y más importante es tener una hora prevista para levantarse. Una hora poco exigente, pero que requiera esfuerzo. Es decir, las 10 de la mañana no tiene mucho sentido, al igual que las 8 de la mañana tampoco. Pero algo intermedio estaría muy bien.

- Después de desayunar es el momento en que la pereza se apodera de nuestros hijos (y de mí, por lo menos). Es muy bueno, casi necesario, que nuestros hijos tengan un encargo, un campo de responsabilidades en casa, que irá desde cortar el césped, hacer la compra, reponer el papel del baño, etc. No se trata de que “trabajen” en casa. Se trata de tener unas responsabilidades que les lleve una hora diaria, aproximadamente. 

- Como decía mi abuela, “Con la satisfacción del trabajo hecho” es entonces cuando es momento de bajar a la piscina, bajar a la calle, al jardín, tocar un rato la guitarra, o ver un rato la tele.

- La hora de comer. Que haya una hora definida y se mantenga. Ayudará a que comáis todos juntos, y eso siempre tiene beneficios. 

- Un rato de lectura. Serán 5 minutos, o 30, depende de la edad. No perdamos esta buena costumbre. Todos los días. Los beneficios son incalculables.

- Aquellos que tengan que estudiar en verano, pues que sea siempre a la misma hora, y el mismo tiempo. Y los que no, no está de más que trabajen un rato unas operaciones, o lo que sea. Hay cuadernos de verano, los de siempre. Y ya no digamos aplicaciones para móvil o Tablet. 

- Al igual que hay una hora para levantarse, debe haber una hora para acostarse.

     Los horarios en esta época no son reglas indiscutibles. Ni que decir tiene, que el día que vamos a casa de los abuelos a cenar, o cuando vienen los amigos, nos acostaremos más tarde todos. Eso son excepciones, pero no puede ser lo normal.



     A algunos les parecerá exagerado, pero lo único que estamos haciendo es marcar el camino a nuestros hijos, y ayudarles a recorrerlo. Como regla general, nuestros hijos no pueden levantarse a la hora cristiana (cuando Dios quiera) todos los días. Hagamos que nuestros hijos se esfuercen, hagamos de ellos un edificio fuerte y resistente. No hagamos de ellos un edificio de paja, y que cuando venga el lobo y sople, o si viene una brisa de verano, se lleve a nuestros hijos porque no hemos hecho que se esfuercen por nada. Nuestro esfuerzo y su esfuerzo, tendrá recompensa. Seguro.


domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.    

sábado, 16 de mayo de 2015

CÓMO Y CUÁNDO RESPETAR LA INTIMIDAD DE NUESTROS HIJOS

Pues sí, nuestros hijos tienen derecho a la intimidad, y más la necesitan a medida que son más mayores. Poniéndonos en situación, está claro que con un niño de 3 años este tema no será tan importante como con uno de 15. Aun así, un niño de 3-4 años empezará a tener sus juguetes favoritos, esos que siempre se lleva a casa de la abuela. Esos juguetes seguramente los dejará habitualmente en el mismo sitio, en el mismo cajón. Pues ese cajón empieza a formar parte de la intimidad de nuestro hijo. ¿Significa que no podemos abrirlo? Claro que podemos abrirlo, sin embargo debemos evitar cambiar su esencia sin que él lo sepa. Es decir, imaginemos que necesitamos ese cajón para guardar otras cosas y necesitamos cambiar de sitio sus juguetes. Con 3-6 años no pasa nada si cambiamos los juguetes y no le decimos nada, pero estaremos empezando a enseñar qué es el respeto por la intimidad de los demás si hacemos lo contrario. “Pablo, necesito este cajón, ¿puedes por favor poner tus juguetes en otros sitio?”. Pablo se sentirá respetado y su cajón de juguetes tendrá mucho más valor a partir de ahora que sus padres lo respetan. Ni que decir tiene, queda descartado el famoso artículo 33, que dice: “cambio los juguetes aunque no le guste, porque soy su padre/madre y aquí se hace lo que yo diga, y necesito ese cajón. Ya los pondrá en otra parte”.




¿Qué pasa más adelante? A partir de los 8 años, los niños empiezan a tener secretos, si es que se puede llamar así con esa edad. Nosotros, como personas adultas que somos, no debemos/podemos infravalorar esos “secretos”. Por lo tanto, deberemos estar atentos para observar qué es lo que nuestro hijo guarda y cómo lo guarda. Sus pequeños tesoros. Es cuando nosotros como padres, debemos conocer qué es lo que nuestro hijo guarda, como parte de nuestra preocupación por él. Pero con mucha mano izquierda. Es decir, si queremos saber qué guarda nuestro hijo de 10 años, deberemos preguntarle. Si decidimos abrir SU cajón, siempre procuraremos que nuestra pequeña incursión pase totalmente desapercibida. Si encontráramos algo que no tiene nuestra aprobación haciendo esa incursión, NUNCA iremos a decirle: ¿Qué es esto que he encontrado en tu cajón? Si lo hacemos así habremos empezado a romper la confianza que nuestro hijo pueda tener en nosotros. Nuestros hijos tienen que poder confiar en nosotros. Deben confiar en que nosotros no vamos a inspeccionar sus cajones. ¿Qué haríais vosotros si alguien os hiciera eso? A mí por lo menos lo que me provoca es esconderme en mi caparazón como una tortuga, para protegerme. No salgo al exterior porque en cualquier momento alguien puede invadir mi intimidad. 



El tema da para mucho más. Pero no quiero dejar de hablar de Facebook. Hace 15-20 años os diría que no podemos levantar el teléfono del salón mientras nuestro hijo habla en el cuarto. Ahora mismo la situación es distinta, y hay mucho, muchísimo peligro. Pero no podemos llamar a ningún amigo informático para que se meta en la cuenta de nuestro hijo para saber qué hace. Es lo más fácil y el camino más corto, pero no es el camino. Deberemos tener nuestra cuenta de Facebook y que nuestro hijo sea uno de nuestros amigos. Es difícil, y costará mucho esfuerzo conseguirlo, pero contamos con la confianza que hemos estado construyendo entre nuestros hijos y nosotros desde pequeñito. Sabe que puede confiar en nosotros, y sabemos que no tiene nada que esconder.

viernes, 12 de diciembre de 2014

No pasa nada si..., pero es mejor que...

No pasa nada si vuestro hijo se acuesta tarde, pero es mejor si se acuesta pronto y a la misma hora: al día siguiente estará descansado, de buen humor, y será un día agradable.
No pasa nada si vuestro hijo ve la tele o juega a la consola todo el sábado por la mañana, pero es mejor que lea un cómic, os ayude a arreglar algo, vaya a por el pan o la compra, os ayude a cocinar, haga deporte, visite a su abuela…, o en último caso, que juguéis con él.

No pasa nada si mi hijo lleva varios días que no le veo reír, serán épocas, pero es mejor que me asegure y hable con él por si tiene algún problema.
No pasa nada si digo palabrotas en casa, pero es mejor que no las diga si quiero que mi hijo hable bien.
No pasa nada si un día llamo "tonto" a mi hijo porque estaba enfadado, pero es mejor que no lo haga, porque así me aseguraré que él tampoco me lo dirá (ni cosas peores).

No pasa nada si miro en los cajones de mi hijo cuando él no está, es mi casa y es mi hijo, pero es mejor que no lo haga y respete su intimidad (tenga la edad que tenga), porque si no, nunca confiarán en nosotros.
No pasa nada si va con los auriculares puestos en el coche con vosotros, pero es mejor si no los lleva y habláis con él.

No pasa nada si no le digo a mi hijo que le quiero, él ya lo sabe, pero es mejor que se lo diga, ya que estrecharé la relación y hasta es posible que él me lo diga a mí.
No pasa nada si no ve a sus padres quererse, él ya sabe que nos queremos, pero quien mejor que sus padres para enseñar a sus hijos qué es el cariño y todo lo bueno que eso tiene.
No pasa nada si vuestro hijo se pasa horas delante del ordenador sin saber qué hace exactamente, pero es mejor que os aseguréis que entra en las páginas que os dice, así evitaréis el riesgo de que entre en contacto con personas sin buenas intenciones.

No pasa nada si este post no os ha gustado, pero es mejor que lo leáis y reflexionéis un rato.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Dejad que se equivoquen


Hoy en día hay muchísima información disponible, muchísima red social donde poder compartir experiencias o conocimientos, para mejorar en la vida familiar, o personal, etc., y también en la laboral. Pues bien, en casi cualquier artículo de formación, de coaching, de progreso personal, etc.,  podréis encontrar una idea común en todos y es que equivocarse es algo positivo.


Como ingeniero, me gusta analizar las cosas desde varios puntos de vista, así que voy a poner las ventajas y desventajas de equivocarnos.
·         DESVENTAJAS: Lo pasas mal, te da vergüenza que te hayan visto, que el de al lado lo haya hecho mejor, no lo has hecho bien, tienes otro argumento para deprimirte, tardas más en conseguir tus objetivos, etc.
·         VENTAJAS: Aprendes.


Por favor, tened paciencia con vuestros hijos. Dejad que se equivoquen cuando hacéis un puzzle y cogen la pieza que no es; cuando le advertís sobre algo y sigue empeñado en hacerlo (con el tiempo os dará la razón); cuando doblan la ropa o hacen la cama (antes de corregidles decidles lo bien que lo han hecho); etc. Enseñadles a valorar el esfuerzo, a que luchen por conseguir SUS objetivos (no los vuestros, ya hablaremos en otro post de eso). Enseñadles a ser positivos y que cuando se equivocan han aprendido muchísimo y que la próxima vez lo harán mejor.


Tratad los errores que cometen vuestros hijos como os hubiera gustado que los hubieran tratado con vosotros y ya sabéis que durante toda su vida van a estar aprendiendo, pero cuando más necesitan aprender es ahora. ¿No es suficiente motivo éste?

lunes, 6 de octubre de 2014

Pantalón corto en invierno

     En una temporada de mi vida, estuve trabajando de cara al público, con lo que he podido ver a todo tipo de personas, de varios estilos, llegando cada día a la misma conclusión, y es que cada uno es de su padre y de su madre.
     En el caso de las familias, también se pueden ver todo tipo de variedades y estilos, incluso en la forma de vestir. Ahora bien, no perdamos el norte, por favor. Me explico.
     Yo creo que todos nos tiramos de los pelos cuando vemos las fotos en las que aparecemos de pequeños y nos preguntamos qué es lo que le hice yo a mi madre ese día para ponerme el jersey del poni o del cerdito… Eran otras épocas. 


     Hasta aquí, todos de acuerdo. Pero los 8 grados de temperatura de ahora son los mismos que los de hace 30 años, y ahora que somos adultos nos abrigamos. Y digo yo, si nos abrigamos nosotros con una buena chaqueta y pantalón vaquero, ¿por qué llevamos a nuestros hijos un 10 de febrero (por ejemplo) con 8 grados de temperatura o menos, con pantalón corto? “Es que van muy guapos” dicen algunos, “es que van más cómodos” dicen otros. ¿y por qué no vas tú en bañador o bikini? 
     Hay un dicho que dice “si la madre tiene frío, el niño tiene frío”. Os aseguro que una parte de las discusiones que tengo con mi mujer es por esto, por salir de casa con el abrigo puesto o sin él, sobre todo en la época de entretiempo primavera y otoño. Pero de ahí a llevar a tu hijo en pantalón corto y a tu hija con falda cuando los papás llevan el plumas o el chaquetón, es algo que todavía no logro entender.
     Pensemos con la cabeza: si hace 8 grados de temperatura, tu hijo tiene frío; si los zapatos son nuevos, les harán rozadura y les dolerá igual que a nosotros, ¿no? ¿por qué le llevas al cole entonces con los mismos zapatos que ayer le hicieron una rozadura?

     En fin, seamos coherentes y apliquemos el sentido común con nuestros hijos, al igual que lo aplicaríamos con nosotros.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Dedicado a los que no tienen hijos

     Hace unos días tuve una conversación muy interesante con un compañero de trabajo. Uno siempre suele rodearse de gente con la que  tiene cosas en común. Por lo tanto, no pocas veces coincido con gente que no tiene hijos o que no es de mi edad aproximada, sólo porque los temas de conversación son diferentes, sobretodo los padres y madres, que siempre tendemos a hablar sobre lo difícil que están las cosas para la educación, o experiencias con el colegio, etc. Sencillamente hacemos honor al dicho "Dios los cría y ellos se juntan". 
     Como decía, fue una conversación muy interesante, sencillamente, porque al poco de estar hablando me dijo: "A mi no me gustan los niños, y además no voy a tenerlos porque no quiero". Bien, pues de primeras parece que fue algo agresivo, pero os aseguro que estuvo muy natural.
     A veces las personas tendemos a cerrarnos en nuestros círculos: creencias, estilo de vida, aficiones, etc. Y nos perdemos la oportunidad de aprender de aquello que es nuevo o no es afín a nosotros. En este caso, no sólo seguimos hablando, sino que he quedado con él para que me cuente muchas más cosas sobre su punto de vista.
     ¿Por qué tenemos hijos? "Por que no lo pensé"; "porque mi mujer/marido se empeñó"; "porque es lo que hay que hacer..." Se me ocurren al menos dos posiciones en este sentido. La primera, porque uno no se siente capacitado para tener hijos con todo lo que eso conlleva (cuidados, atención, inversión...). Y la segunda, como mi compañero, "porque no le da la gana" (A una de las personas más influyentes del siglo pasado le gustaba mucho esta frase). Y digo yo, ¿qué problema hay con eso? Os aseguro que estoy contentísimo con la decisión de mi compañero de no tener hijos, sencillamente, porque no quiere tenerlos. No os asustéis, os lo explico. ¿Qué es mejor: no tener hijos porque uno no quiere o tenerlos a pesar de que no se quiera? El que tiene hijos, "a lo hecho, pecho": educadles, queredles, a cuidarles, alimentadles, a vestirles, habladles, enseñadles todo lo que sabéis... Pero para mal educarlos, para no preocuparse por ellos, para dejarles hacer lo que quieran, para que sean pequeños animalitos de la selva...es mejor haberse quedado quieto aquella noche. Y el que no tiene hijos, sea por la razón que sea, ¡Bien! Y el que los tiene por que quiere, ¡Bien!
    Sólo una última cosa más. Jamás, y repito. Jamás abortéis. Nadie. Si alguien no quiere tener hijos y se queda embarazado, hay muchas opciones y vías para evitar el aborto. Sea por la razón que sea. Y a quien no le guste lo que digo que no siga leyendo. Pero por favor, que ni siquiera sea lo último que hagáis. Gracias.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Papá, mamá ¿jugáis conmigo?

     
     ¿Cuántas veces nos han dicho ya estas vacaciones esta pregunta nuestros hijos?  Seguro que casi todos los días. ¿qué es lo que hacemos nosotros? Yo por lo menos estoy de vacaciones, y no quiero que me molesten, ni que nadie perturbe mi descanso…
Para empezar, que sepáis que descansar no consiste en no hacer nada (Ver la TV, por ejemplo) sino cambiar de ocupación, como leer, hacer crucigramas, sudokus, maquetas, papiroflexia, punto de cruz, soldados de plomo, prácticas de albañilería en casa, aprender Chino…Yo qué sé. Pero os aseguro que una de las actividades que más nos van a descansar es jugar con nuestros hijos. Probadlo.


     Por otro lado, y pensando un poco más en ellos, he podido comprobar cómo en familias donde uno de los dos padres juega más con el hijo, es con ese padre/madre, con el que el hijo se le ve más unido. Es pura lógica una vez más… Uno de los recuerdos más agradables y satisfactorios que guardo de mi infancia y juventud, es cuando jugaba con mi padre a encestar la pelota de tenis en el paragüero del pasillo. Era auténtica competitividad, ¡vaya partidos”. Ya de más mayor, con 18-20 años, nos pasamos al pingpong, en el que venían vecinos a vernos jugar, sudando como profesionales y  dándolo todo. Ya con 25 años, recuerdo que fuimos al concierto de Paul McCartney, por ejemplo.  Esto no es casualidad. Vuelve a ser actuar con sentido común.

     Es posible que nunca recuerde muchas otras cosas de mi padre, y que el día que se vaya al cielo, agradeceré mucho más estos momentos. También es posible que en lugar de jugar al pingpong o encestar la pelota de tenis conmigo, prefiriera hacer cualquier otra de las cosas que le gustaban, como tocar la guitarra. No quiero entrar en sentimentalismos. Sólo quiero deciros, que aprovechéis estos días para estar un rato con vuestros hijos, y jugando con ellos, es la mejor forma de dedicarles vuestro tiempo y atención, que es lo que quieren, tengan la edad que tengan.

     ¿A qué jugáis?: hundir la flota, 3 en raya, chinos, sudoku, cartas, fútbol, billar, dardos, minigolf, volar una cometa, castillos y figuras de arena, crucigramas, ajedrez, montar en bici, comiditas, ir de compras, poner una tienda en el pasillo, etc, etc, etc. Cualquiera que implique tiempo y atención, recordadlo.


     Ganadle esta batalla a la pereza y jugad con vuestros hijos, ¡vale la pena!

miércoles, 23 de julio de 2014

Algunas ideas...

   Os pongo un artículo que me ha parecido tan interesante que lo transcribo tal cual. Es de Teresa Pereda, en Hacer Familia. Espero que os sea útil, para mí lo ha sido:



     La amistad y la relación de confianza de los padres con los hijos jóvenes no se consigue poniéndonos a su nivel. Un buen padre puede ser un buen amigo de su hijo sin menoscabo de su autoridad, aunque sea distinto el vocabulario, el modo de vestir o los modales que utilizamos unos y otros. Cuando los padres pretenden hacerse "amiguetes" de su hijo, se produce una situación grotesca y desprestigiadora para ellos.
     Los padres deben evitar ponerse a la altura de los amigos de sus hijos, ya que esta actitud puede terminar con la pérdida del respeto natural que el joven les debe por ser sus padres. No olvidemos que los jóvenes no buscan en sus padres un "colega", sino un amigo con experiencia y autoridad en quien poder confiar.
     - Da el primer paso. Nunca es tarde, aunque sí será más difícil cuanto más nos retrasemos, para conseguir la confianza de nuestros hijos. Los padres tenemos que decidirnos para dar el primer paso.
     - Valora lo que le importa. Párate a pensar qué conoces de tu hijo, de sus intereses y proyectos, de lo que valora por encima de todo. Es importante para poder conversar con él y realizar actividades juntos que consoliden nuestra confianza y amistad.
     - Preocúpate por sus cosas. Debes poder hablar con tu hijo o hija joven de cualquier tema y sin reproches por delante. Aconséjale sin censurar. Está deseando, aunque no lo diga, que se preocupen por él.
     - Respeta su intimidad. No intentes sacar a tu hijo sus confidencias a base de interrogatorios.
     - Date a conocer. Cuenta a tu hijo, de vez en cuando, algo personal acerca de tus ideas, tus proyectos de futuro (profesionales o no), de tus alegrías o tristezas, para lograr intimar con él. Le conocerás y tendrás su confianza cuando él te conozca a ti.
     - Entrégate cuando te necesite. Tu hijo ha de ver en ti alguien en quien poder confiar siempre. Recuérdaselo de vez en cuando, pero sobre todo procura estar preparado para cuando realmente necesite confiar en ti.
     - Pide su opinión en algún asunto serio. Presta atención a su consejo y extrae consecuencias de él. Después, mantenle al tanto de cómo van las cosas, en qué aplicaste lo que dijo, etc. Será una forma de demostrarle que confías en él.