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domingo, 25 de marzo de 2018

Cómo reiniciar a tu hijo


     ¿Qué crees que es lo más efectivo para cambiar en el momento la conducta de tu hijo? ¿Crees que un azote es a veces es la única manera de que tu hijo se porte mejor? Espero poder ayudaros a contestar estas preguntas con lo que os voy a contar.
     Estaba hablando de este tema con un amigo. Él no tiene hijos, pero hablábamos de su sobrino. De vez en cuando se queda con él jugando cuando va a casa de su hermano. Estábamos tomando un café y en la cafetería donde estábamos empezó a llenarse de familias. Los niños empezaron a ponerse más nerviosos con cada minuto que pasaba. Él me dijo, “A veces los niños empiezan a ponerse nerviosos y hay que “reiniciarles” con un azote o una colleja. La verdad es que me pareció una comparación muy buena para poder hablaros de esto.
     Tanto los que sabéis mucho de informática como los que no, seguro que alguna vez se os ha quedado “colgado” el ordenador. Primero pruebas pulsando ESC. Esperas un rato por si “está pensando”. Luego alguna combinación de teclas como Alt+F4.  Por último, lo intentas pulsando el clásico Ctrl+Alt+Supr hasta 3 veces. Pero aquello sigue sin funcionar... Una vez que ya lo has intentado todo, y ves que el ordenador sigue sin responder y sin desbloquearse, sabes que no te queda otra que reiniciar, pulsando varios segundos el botón de apagado. Pero como sabéis, es la última opción recomendada. Seguro que ya sabéis por dónde voy. ¿A que no se te ocurre reiniciar el ordenador nada más ver el mensaje “(No responde)”? Reiniciar así el ordenador supone poner en riesgo el disco duro, aumentando las posibilidades de dañarlo seriamente si reinicias así a menudo el ordenador.
     Llevándolo al tema que nos ocupa, nada fácil por cierto, debemos considerar el azote como último recurso. Antes es recomendable (y necesario) explicar a tu hijo lo que ha hecho mal y por qué no debe hacerlo; lo que sigue haciendo mal, y lo que puede que pase como no deje de hacerlo. Si sigue sin hacer caso, es decir “(No responde)”, debemos intentar otras soluciones: un rato a la zona de pensar, amenazarle sin un privilegio que tenga, por supuesto repetírselo varias veces...
     Debemos saber que igual que un disco duro se daña si lo reiniciamos muchas veces con el botón de apagado, “pasará lo mismo” si utilizamos esta opción de manera recurrente con nuestros hijos: aumentamos las posibilidades de dañar “su disco duro” si utilizamos este recurso a menudo y como primera opción.

domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?