domingo, 25 de marzo de 2018

Cómo reiniciar a tu hijo


     ¿Qué crees que es lo más efectivo para cambiar en el momento la conducta de tu hijo? ¿Crees que un azote es a veces es la única manera de que tu hijo se porte mejor? Espero poder ayudaros a contestar estas preguntas con lo que os voy a contar.
     Estaba hablando de este tema con un amigo. Él no tiene hijos, pero hablábamos de su sobrino. De vez en cuando se queda con él jugando cuando va a casa de su hermano. Estábamos tomando un café y en la cafetería donde estábamos empezó a llenarse de familias. Los niños empezaron a ponerse más nerviosos con cada minuto que pasaba. Él me dijo, “A veces los niños empiezan a ponerse nerviosos y hay que “reiniciarles” con un azote o una colleja. La verdad es que me pareció una comparación muy buena para poder hablaros de esto.
     Tanto los que sabéis mucho de informática como los que no, seguro que alguna vez se os ha quedado “colgado” el ordenador. Primero pruebas pulsando ESC. Esperas un rato por si “está pensando”. Luego alguna combinación de teclas como Alt+F4.  Por último, lo intentas pulsando el clásico Ctrl+Alt+Supr hasta 3 veces. Pero aquello sigue sin funcionar... Una vez que ya lo has intentado todo, y ves que el ordenador sigue sin responder y sin desbloquearse, sabes que no te queda otra que reiniciar, pulsando varios segundos el botón de apagado. Pero como sabéis, es la última opción recomendada. Seguro que ya sabéis por dónde voy. ¿A que no se te ocurre reiniciar el ordenador nada más ver el mensaje “(No responde)”? Reiniciar así el ordenador supone poner en riesgo el disco duro, aumentando las posibilidades de dañarlo seriamente si reinicias así a menudo el ordenador.
     Llevándolo al tema que nos ocupa, nada fácil por cierto, debemos considerar el azote como último recurso. Antes es recomendable (y necesario) explicar a tu hijo lo que ha hecho mal y por qué no debe hacerlo; lo que sigue haciendo mal, y lo que puede que pase como no deje de hacerlo. Si sigue sin hacer caso, es decir “(No responde)”, debemos intentar otras soluciones: un rato a la zona de pensar, amenazarle sin un privilegio que tenga, por supuesto repetírselo varias veces...
     Debemos saber que igual que un disco duro se daña si lo reiniciamos muchas veces con el botón de apagado, “pasará lo mismo” si utilizamos esta opción de manera recurrente con nuestros hijos: aumentamos las posibilidades de dañar “su disco duro” si utilizamos este recurso a menudo y como primera opción.

domingo, 5 de febrero de 2017

Cómo ser mejor madre

Hace tiempo escribí acerca de mi padre. Todo lo comparto con vosotros. Pero mi padre no sería el que es, ni yo el que soy, ni mis hermanos, si no estuviese mi madre. 
Hay mucho escrito sobre las madres. Desde un punto de vista científico, biológico, etc. Hay muchísimas frases bonitas por las redes sociales, que nos recuerdan lo increíblemente alucinantes que son las madres. ¿Podrán nuestros hijos hablar de vosotras como la mejor madre del mundo? Si vuestros hijos están ahora en plena adolescencia o pubertad, lo más seguro es que no lo hagan, igual que no lo hacía yo en ese momento. Cuando maduren ¿lo harán? Cuando vuestros hijos crezcan ¿podrán agradeceros la madre tan increíblemente alucinantes tienen y han tenido? Te reto a que lo consigas.
Mi madre siempre ha sabido estar a la altura de cualquier circunstancia. Todo el mundo se siente muy tranquilo cuando habla con ella. Transmite confianza. No sacó matrículas de honor, ni habla tres idiomas, pero siempre sabe qué decir. 
Madre de 5 hijos, ha sabido siempre qué hacer en cada situación. Todos íbamos, y a veces seguimos yendo, a preguntarle qué hacer o cómo hacer en cualquier situación. Tiene una solución para todo.  
Cuando iba a la universidad, todas las mañanas, salvo que estuviera mala, se levantaba conmigo fuera la hora que fuera, a hacerme compañía para desayunar. Algo que puede parecer muy sencillo, y hasta una tontería (alguno puede que no le encuentre utilidad), pero requiere un esfuerzo muy grande. ¿Beneficios? No os imagináis lo alucinante que es saber que tu madre está contigo desde primera hora de la mañana. 
Hablar, hablar y hablar. Hablaba conmigo siempre que yo quisiera. Aunque estuviese cocinando, planchando, o viendo la tele, no recuerdo un “ahora no puedo”, o “déjame tranquila”… Hiciera lo que estuviera haciendo, siempre tenía atención para cualquiera de nosotros. Ahora seguimos hablando casi todos los días. Y, aunque hace mucho tiempo que no podemos por razones obvias, aprovechamos cualquier oportunidad para ir a desayunar y hablar. Me considero un auténtico privilegiado por ello. 

Podría escribir cientos de páginas con todo lo que hicieron y hacen mi madre y mi padre por mí. Pasando por muchas épocas, buenas y malas, siempre he visto cómo, a pesar de todo, mis padres se han querido y nos han querido. Aunque alguna vez les haya visto discutir, les he visto muchas más veces dados de la mano, diciéndose cosas bonitas (sin cursilerías), y saliendo siempre juntos de cualquier situación. Ojalá mis hijos puedan escribir algún día estas cosas sobre sus padres. El listón está muy alto, pero no dejo de esforzarme. ¿Y tú? 

domingo, 4 de diciembre de 2016

¡Vendemos felicidad!

Los que me conocéis, sabéis que me gusta mucho la música. Por circunstancias, he tenido que cambiar de equipo de música. Comprar un equipo no es tarea fácil, pero se disfruta mucho con todo el proceso de compra, haciendo comparativas, leyendo en foros, y, por supuesto, haciendo pruebas de sonido en las tiendas especializadas. ¡Esa es la mejor parte!
Para poneros en situación, estas tiendas venden aparatos desde 50-100 € hasta de 20.000, 50.000 ó 100.000 euros (os aseguro que mi equipo no costó eso). Pues una vez cerrado el proceso, ya en la caja para pagar, charlando con el vendedor, muy amable y sonriente, me llegó a decir: “Claro, es que aquí vendemos felicidad”. No suelo ser de esos que entran en polémica en seguida, y menos en una situación tan puntual, pero al oírle decir eso no pude evitar callarme, y le dije: “Hombre, con mucho cariño te lo digo, pero… tampoco te pases”. A lo que él me contestó: “Sí, sí, es verdad lo que te digo, la gente se va de aquí con una sonrisa de oreja a oreja”. Y yo pensé: “¡Claro!, con razón crees que vendes felicidad”.
La verdad es que les estoy muy agradecido, porque me hizo estar pensando todo el camino de vuelta a casa, en las razones por las que aquel hombre estaba equivocado y empecé a pensar en los argumentos que le diría si me lo volvía a encontrar.
¿Felicidad?
Felicidad es ver a mis hijos correr por el pasillo para darme un beso al llegar de trabajar.
Felicidad es ver a mi hijo nervioso porque al día siguiente tiene su primer partido de fútbol.
Felicidad es ver a mi hijo mayor explicarle los deberes del cole a su hermano pequeño.
Felicidad es haber visto a mi hijo prematuro nacer con 670grs, tenerle en el pecho desnudo con poco más de un kilo lleno de cables, y ver cómo ahora con más de dos kilos me sonríe después de darle el biberón.
Felicidad es ver cuando tu mujer te cubre cuando tú no llegas, con una sonrisa y un beso.
Felicidad es cuando miras años atrás, y ves que todo el esfuerzo que habéis hecho tu mujer y tú, no ha sido en vano. Ha sido duro, a veces muy duro, pero ha valido la pena. (Y lo que queda).
Felicidad es saber la gran suerte que tengo de tener los padres que he tenido, y que gracias a su esfuerzo y generosidad, estoy aquí.

Podría seguir mucho más. Dentro de unos 3 o 4 meses, me habré acostumbrado al equipo, aunque me hubiese comprado el de 100 mil euros. Porque somos humanos. Y porque un equipo de música no da la felicidad, ni un coche, ni una casa. El día que te lo compras, estarás muy contento, como yo lo estaba, pero eso no es felicidad. Tu hijo crece y cada día te sorprenderá con algo que, inexplicablemente, te hará feliz. Porque son expertos en eso. Sin embargo el equipo no sonará cada día mejor, el coche no correrá más, y la casa no se hará más grande. La felicidad ni se vende, ni se compra.

viernes, 14 de octubre de 2016

Mi hijo no duerme

     Me gustaría contaros lo que nos pasó con nuestro hijo y cómo lo solucionamos. No durmió más de una hora seguida, durante sus primero dos años y medio. Os voy a contar lo que pasó.

     Antes de nada, he de deciros que sólo pretendo contar mi experiencia por si puede servir a algún padre o madre como referencia, a coger alguna idea, por si se encuentran en alguna situación parecida. Pero la solución a los problemas de sueño de mi hijo no debe aplicarse a otro niño sin consultar antes con un médico. Cada niño, cada persona, somos un caso particular. Quiero contar mi historia por si os puede ayudar en algo, pero no hay una solución única para este problema.

     Durante los primeros 3 o 4 meses de vida el sueño es bastante inestable, y puede haber muchos cambios debidos a la inmadurez del bebé. Pero a partir del cuarto mes debería empezar a haber cierta estabilidad en el sueño más menos constante. La pediatra nos dijo que esperáramos hasta los 6 meses, ya que hay niños que tardan un poco más en madurar. Nosotros esperamos, y las noches seguían sin mejorar.

     Mi hijo se dormía muy bien ya que en apenas 5 minutos después de echarle en la cuna ya estaba dormido. Pero pasada una hora aproximadamente, empezaba a llorar. Y hasta que no ibas, no se calmaba. Y ese ciclo se repetía varias veces a lo largo de la noche, todas las noches. Todas. Llevábamos una rutina de hábitos para irnos a dormir muy estricta: baño a las 19:30 durante 5-7 minutos, bibe, cuento y a dormir. Todo lo hacíamos muy despacio y voz tranquila, intentando transmitirle toda la paz posible. Pero todo seguía igual.

     Pasados 8 meses, la pediatra (una profesional fantástica que aún sigue viendo a nuestros hijos) nos decía que hay niños llorones, y que nos “había tocado”. Aun así,  nosotros sabíamos que eso no era habitual. Nuestro instinto de padres nos decía que “algo pasaba”. Por el contrario, su hermano mayor, a partir del cuarto o quinto mes no se despertó ni una sola vez por las noches.

     Tenía un sueño muy ligero. El ruido de una pisada en la tarima era suficiente para despertarle. Fueron unos años realmente duros, con ojeras, con muy mal humor durante el día, desesperados y frustrados. Aún recuerdo un fin de semana que se lo dejamos a mis padres 24 horas. Fueron 24 horas que aprovechamos para dormir, salir a dar un paseo, hacer la comida tranquilos, y hablar. ¡Qué paz! No podíamos “delegar” ese problema a menudo.

     Probamos con todas las opciones homeopáticas, con psicólogos infantiles que basaban su terapia en el juego (nada baratos), neurólogos (le hicieron pruebas), etc. Durante el día él estaba de muy mal humor, dando golpes y pegando, lloraba… Hasta que fuimos a la Unidad del Sueño del Hospital de La Paz.

     Comía muy bien, andaba bien, no presentaba signos de escaso desarrollo de psicomotricidad, etc. Nos dieron un calendario para que apuntáramos las veces que se despertaba durante la noche y durante la siesta. Llegamos a contar un máximo 20 despertares, y un mínimo de 5 en una noche. Una media de 10-12 despertares todas las noches. Todas. Nos dijeron que, a veces, algún indicador bajo en sangre podría ser la causa y había que hacerle un análisis de sangre. Es duro hacer un análisis a un bebé de casi dos años, sabiendo que con lo gordito que era no le iban a encontrar la vena fácilmente. Pero había que hacerlo. Y allí estuvimos 4 enfermeros y yo para sujetarle. Porque estaba muy fuerte y con muy mal genio. Yo lo pasé mal, fueron 30 segundos eternos, pero había que encontrar una solución. Y la encontramos.

     El hierro estaba muy bajo. No recuerdo los valores exactos, pero estaba por debajo de la mitad del valor mínimo para un bebé de su edad. Y empezamos a suministrarle hierro. Y al cabo del mes, empezó a dormir. Empezó a mejorar su humor durante el día. El nuestro también.

     Cuando los adultos no dormimos estamos cansados, nos arrastramos. Sin embargo los niños están irritables, llorones y de mal humor. Lo mismo pasa con el hierro. Cuando a un adulto le falta, se arrastra, está decaído. Pero cuando a un niño le falta, se pone irritable, de mal humor todo el día.

     El proceso en la Unidad del Suelo duró aproximadamente un año, pero mereció la pena.

     Hay que tener mucha paciencia. Mucha. Es muy fácil perder los nervios en una situación así. Él no tenía la culpa. Estaba enfermo y no lo sabíamos. Es muy importante tener esto presente. No es él. No lo hacía a propósito.

     Mientras tanto, y dentro de los grandes misterios de la naturaleza, contra el sueño ligero de D., estuvo (y aún está) el sueño profundo de su hermano mayor, que durmiendo en la litera de arriba, no se despertó ni una sola vez, ni una sola noche, con los llantos de su hermano pequeño que dormía en la misma habitación.

Recuerda:
Cada niño es diferente.
Ten mucha paciencia.
Pide ayuda a quien puedas.
Él no tiene la culpa.


lunes, 18 de julio de 2016

Castigado por culpa de la Tablet

     El otro día me contaban una historia que me pareció muy interesante comentar.
     Últimamente hay colegios que han optado por cambiar los libros de texto de papel por una Tablet. Creo que es una medida muy buena y que estaba tardando en llegar. Es impresionante el peso que llevan los niños a la espalda. Pero como todas las medidas innovadoras y revolucionarias como esta, deben de implantarse con indicaciones, transmitiendo a los padres, en este caso, los pros y los contras de esta medida. Os voy a contar lo que pasó.
     Estos estudiantes no tienen libros o muy pocos. Hacen los deberes con la Tablet, y estudian con la Tablet. Pero es una Tablet que no está limitada, al menos no todo lo que debería. Eso significa que en el disco duro, además de tener los libros de texto, están instaladas también aplicaciones de cualquier tipo. Y por supuesto, juegos.
     La anécdota habla de uno de estos estudiantes que en época de exámenes estaba en su habitación estudiando. O al menos, eso era lo que estaba previsto. La madre entró en la habitación y el hijo no estaba estudiando, sino que estaba jugando. La consecuencia fue que se quedó castigado por no estudiar, por mentir, etc.
     Pero vamos a pensar un momento. Le damos a nuestro hijo una Tablet, para que estudie, y no le desinstalamos los juegos, ni siquiera le limitamos el acceso por contraseña, ya que nosotros confiamos plenamente en nuestros hijos (evidentemente). Ahora vamos a ponernos en su situación. Me deja mamá en mi habitación, con la puerta cerrada, con la Tablet para estudiar. ¿No veis que ya suena a cuento? ¡Y lo peor de todo, es que el cuento se lo estamos contando nosotros! Y ahora os pregunto yo a vosotros, padres, ¿tenéis una fuerza de voluntad tal que hacéis siempre lo que tenéis que hacer? Cuando estáis en la oficina o puesto de trabajo, ¿trabajáis las 8 horas diarias sin distracciones? ¿Estáis siempre concentrados al 100% o a veces miráis “qué hay” en Internet los días que estáis más cansados? Y cuando os proponéis algo, como por ejemplo bajar de peso, ¿tenéis la suficiente fuerza de voluntad para cumplir la dieta y no comer dulces? O ¿no será que como no confiáis en vuestra fuerza de voluntad, os valéis de pequeñas ayudas como no comprar dulces? Y sigo preguntando, ¿por qué entonces exigís a vuestros hijos que tengan esa fuerza de voluntad que vosotros los adultos no tenéis? Y peor aún, ¿por qué les castigáis por no tenerla? Hay soluciones: estudiar con la puerta abierta si el ambiente de casa lo permite, restringir los juegos con contraseña, etc., etc., etc.
     Una vez más hago un reclamo a utilizar el sentido común como herramienta de educación. Ayudarles enseñándoles trucos para no distraerse, pero no castigando exigiéndoles algo que excede de su capacidad de respuesta. Si nosotros adultos, no seríamos capaces, ¿por qué exigírselo a nuestros hijos de esa manera?

viernes, 29 de abril de 2016

Mamá y Papá nunca salen.

     Salíamos mi mujer y yo a cenar el otro día. Estábamos con unos amigos y con sus hijos. Su cara de asombro fue para grabarla: “¿Os vais a cenar? Qué suerte tenéis…” Pues sí, la verdad es que sí que tenemos suerte, pero también hay algo más. Y es que os aseguro que tener una conversación sin interrupciones, sin nadie llorando a tu alrededor, sin la posibilidad de hacer aquello que de repente te acuerdas (poner el lavavajillas, o coser el botón del babi, o colocar la estantería que siempre ves desordenada), porque estáis los dos cenando en un restaurante, o en un bar tomando una cerveza y unas patatas bravas…es una pasada.

     Me gusta comparar esto como la gasolina de un coche. Están las personas que van a la gasolinera cuando el coche entra en reserva y otros cuando aún le quedan algunos litros. De la misma manera, están las parejas que hacen esto cuando están hartos, no pueden más, o notan que se enfadan con más facilidad de lo normal. Y están los que procuran hacerlo, sin que se haya convertido en una tarea urgente, porque “no puedo más”.

     Y es que el sentido común vuelve a llamar a nuestra puerta. Tenemos mucha suerte de poder salir a cenar, pero yo también diría que este tipo de cosas salen porque nos hemos propuesto, entre los dos, que salgan. Pedimos un favor a algún hermano, o a alguna abuela, o contratar a un canguro para poder salir nosotros. Pero esto no suele salir de la noche a la mañana. Exige un poco de previsión, un pequeño calendario, avisar con tiempo a quien se vaya a quedar en casa cuidando de los peques, etc. Como veis todo está relacionado.

     No esperéis a “estar hartos”, no esperéis a “quedaros sin gasolina” para salir. Hacer un plan los dos sólo es algo necesario, muy necesario. No hace falta que os recuerde el estrés del trabajo, los horarios de los coles, los deberes, las cenas, la casa, los compromisos con amigos, con familiares… ¿No creéis que debe estar entre nuestras prioridades?. Si se hace así, ¡todo irá mucho mejor! No es lo mismo estudiar para sacar un 5 (que siempre será más fácil suspender), que para sacar un 9 (que tendremos algo de margen), ¿verdad?


     Espero que os planifiquéis ahora mismo, y pongáis un día en el calendario para vuestro próximo plan juntos, y con qué frecuencia. Por vuestro bien y por el de vuestros hijos.

miércoles, 6 de abril de 2016

Tienes un hijo, pero sigues siendo la misma persona.

      Hoy he estado en el dentista. Le he preguntado si le gustaba el fútbol. Me ha dicho que era socio del Real Madrid, pero que desde que tuvo a su hija hace 5 años, no ha pisado el campo. No suelo ser muy abierto con estos temas con personas con las que no tengo mucha confianza, pero esta vez me he lanzado.

      Le he dicho que eso no podía ser. Cada persona somos de una manera, tenemos unos gustos, unas preferencias, unos hobbies, cosas que nos ponen nerviosos, y otras que nos relajan, etc. Cuando tenemos un hijo, seguimos siendo la misma persona, el mismo que le gustaba las hamburguesas, el mismo que le gustaba la música clásica, etc. Con el tiempo, crecemos físicamente, y mentalmente, es decir, maduramos, pero seguimos siendo la misma persona. Cuando tenemos un hijo, los cambios que se producen en nuestros hábitos son brutales, nos hacen madurar de manera acelerada e intensa, pero seguimos siendo la misma persona.

      Lo que quiero decir, es que el hecho de tener un hijo no significa dejar de ser el o la  que eras, dejar de hacer lo que nos gustaba y que hacíamos antes de tenerlo. Sé lo que estáis pensando, y no olvidéis aplicar el sentido común. Está claro, que durante los primeros meses de vida, la demanda de tiempo y luego de atención es mucha. Lo que quiero decir es que si te gusta el fútbol, eras socio abonado, y desde que eras pequeño has ido todos los domingos por la tarde al campo, quizá no puedas ir todos los domingos, pero sería totalmente contraproducente dejar de ir completamente. Y si es así, debe ser algo temporal, con la idea de retomarlo cuando la situación se estabilice (cuando tu hijo crezca).

      Hablo de fútbol, pero podría ser cualquier otra cosa, tanto para el padre como para la madre, evidentemente. Da igual. Por nuestra salud, y por lo tanto por la de nuestra familia, tenemos la obligación de cuidarnos y así estar en situación de poder dar lo mejor de nosotros a nuestra familia.

    Hace poco leí en un libro sobre liderazgo algo que decía: “La generosidad, es la capacidad que tenemos de pedir lo que necesitamos, para poder dar después lo que necesitan los demás”. Me pareció absolutamente cierto como revolucionario.

      Piénsalo. No olvides el sentido común. No olvides a tu familia. No olvides de cuidarte.

      La próxima vez hablaremos sobre la importancia de cuidarse en pareja, tan importante como cuidarse uno mismo, y complementario.

martes, 1 de marzo de 2016

El ejemplo de mi padre

     Mucha gente me dice que hago cosas poco habituales, dicen que tengo mucha fuerza de voluntad (qué poco me conocen), de alguna manera les remueve lo que hago día a día, y se sorprenden de la cantidad de cosas que me da tiempo a hacer. He pensado sobre ello. Y por fin, he averiguado de dónde salen estas “heroicidades”. Lo pongo entre comillas, porque para mí no es más que un pequeño esfuerzo adicional en épocas en las que necesitan o necesito ese esfuerzo extra para sacar adelante lo que me he propuesto o sencillamente lo necesito para vivir. Y digo esto, porque para mí, este esfuerzo, esas “heroicidades” se las he visto hacer a mi padre todos los días desde que nací, y todavía las sigo viendo.

     Mi padre trabaja en casa. Trabajador autónomo, su trabajo se ha medido, no por las horas que trabajaba, sino por los encargos que terminaba. Somos cinco hermanos, y aunque ahora somos todos mayorcitos y adultos, hubo una época en que llevábamos pañales, y hacíamos de todo menos estar en silencio, como cualquier niño. Por lo tanto, mi padre tenía que sacar tiempo de debajo de las piedras para acabar los encargos y traer dinerito a casa.

     Mi padre no estudió ninguna carrera, ni consiguió ningún premio de estudios, y aunque no se podía sentar conmigo a hacer los deberes, me ha enseñado mucho más de lo que cualquier libro me hubiera podido enseñar, ni me enseñará nunca. Lo tengo muy claro.

     He visto a mi padre madrugar muchos días, le he visto pasar frío trabajando, sueño, sufrir en silencio las preocupaciones del trabajo y de la economía familiar.  Son una cantidad de detalles que no he apreciado hasta que no he sido padre de familia y he madurado. Ahora, pienso en ellos, y sencillamente, hago lo que tenga que hacer para estar a la altura de las circunstancias que el día a día me exige. Si tengo que madrugar, pues madrugo; si tengo que estudiar, pues estudio; si tengo que trabajar, trabajo; y si me tengo que aguantar, pues me aguanto.

     Por lo tanto, he llegado a la conclusión (ya había llegado antes, pero me reafirmo en ella) de que he tenido una suerte increíble con mi padre. No digo que sea un padre perfecto, pero jamás creo que pueda echarle el valor que él le echó con nosotros (por ahora sigo estando a años luz). Y a todos los que se sorprenden de mis “heroicidades”, les digo que sólo intento aprovechar al máximo los recursos que mis padres me dieron (con mucho esfuerzo), y que aún me siguen dando. Sé que ahora mis hijos no entienden lo que hago, pero también sé que se les quedará grabado en la memoria lo que hago, de la misma manera que yo tengo grabado en la mía lo que hacía mi padre y que he tardado más de 30 años en entender. Gracias papá.

domingo, 7 de febrero de 2016

Más vale prevenir que curar

     El otro día hablaba con una madre de tres hijos. Me gusta siempre saber cómo se las apañan otros padres, no solo con temas como la logística, sino también con otros temas más sensibles y como por ejemplo las noticias de la actualidad del día a día.
     Llevamos una temporada que tanto la actualidad nacional como la internacional vienen cargadas de  noticias con gran repercusión mediática. Tanto es así, que una vez su hijo de 7 años llegó a casa preguntando a su madre si quería cambiar de presidente del Gobierno. Algo parecido pasó con los atentados de París. Son cosas que salen en las noticias y que por lo tanto un niño de esa edad no tiene por qué saber, no le interesan y no le aportan nada. Pero como no estamos todo el día con nuestro hijo ¿cómo sabemos si sus amigos del colegio conocen esas noticias? ¿Cómo sabemos si lo que le está explicando su amigo es verdad, o si coincide con los principios y valores que yo le quiero transmitir a mi hijo?
     Esta madre  habló con su marido del tema. Llegaron a la conclusión de que a partir de ahora, aquellos temas con gran repercusión social y mediática, los hablarían con su hijo, se lo explicaría de manera sencilla, para que lo entendiera, y sobre todo, para asegurarse de que su hijo se enteraría de esos temas tan delicados de mano de sus padres. Su hijo las interpretaría correctamente, y podrían responder en el momento a las preguntas que les hiciese. Eso sí, escuchando.

     Es muy importante que filtremos la gran cantidad de información que fluye en nuestro día a día y que inevitablemente, a veces llega también a nuestros hijos. Ellos no tienen aún la madurez para poder tener espíritu crítico. Un vez más, la comunicación constante, es protagonista en la educación de nuestros hijos. Aunque a veces nos parezca que no es eficaz, sí que lo es.

jueves, 28 de enero de 2016

El acoso escolar no tiene beneficios

     He leído esta mañana un artículo sobre un directivo cuyo éxito se ha basado en la creación de una página web, la cual está ayudando a muchísimas personas con una causa con necesidad de apoyo, aunque sea de gente desconocida. Esta persona contaba en la entrevista que de pequeño se metían con él en el cole, metiéndose con su orientación sexual, etc. Cambió muchas veces de colegio por el trabajo de su padre y eso dificultó las cosas.
     Cuando terminas de leer el artículo, te queda la sensación de un ejemplo de lucha, de vencer momentos difíciles y además sacar partido de ello, y todo ello “gracias” a que sufrió acoso escolar. Hay que reconocer la dura victoria de esta persona y agradecerle, junto con todas las personas que ayuda cada día a través de su página, su labor y dedicación. Pero de ahí a decir que el acoso escolar tiene beneficios,  hay un abismo.


     Hay gente que se toma un café para despertarse y hay gente que se lo toma para dormir. Hay gente que se sienta a tu lado que tiene frío y tú estás en manga corta. Hay gente que cuando está nerviosa come y otras personas adelgazan. Hay gente que ve películas que les afecta para toda la vida y otras ni se inmutan. Lo que quiero decir es que no hay un patrón, no hay una medida exacta, y no somos todos iguales. Por lo tanto, hay niños cuyos compañeros de clase se meten con él y puede que no les afecte, se lo tomen a broma y saquen incluso una personalidad reforzada. Sin embargo, puede haber otros niños, cuyos compañeros de clase se metan con él de la misma manera que con el primero, y debido a su forma de ser, no sólo no salgan reforzados, sino que además les afecte, les hunda, y les impida tener una infancia tranquila, divertida, disfrutar de su pubertad y vivir una adolescencia que por sí misma es difícil. Esto desembocará en un adulto con problemas de sociabilidad, etc. Por lo tanto, puede que tengas la suerte de poder decir que se metían contigo de pequeño y eso te haya hecho fuerte, pero puede que esa suerte no la tengan otros.


     Te invito a que hagas una prueba. Busca en las redes sociales a tu compañero de clase con el que se metía todo el mundo. Si no lo encuentras, posiblemente no supo superar esa época con el mismo éxito que tú.

     Conclusión, como cada persona somos un mundo, y cada niño y niña también lo es, vamos a estar muy atentos. No permitamos ningún tipo de acoso. Ninguno. Porque no a todos nos gustan las mismas bromas, ¿verdad?

martes, 29 de diciembre de 2015

Caprichos: Aunque podamos, no debemos.

     Hace poco leí una publicación de una de las personas más influyentes de esta década a nivel mundial. No diré quién es para no dar pie a prejuicios y que el mensaje llegue claro. El texto hacía mención al exceso de dedicación que tenemos con nuestros hijos. Cuando digo exceso, quiere decir eso mismo, cantidad excesiva, demasiada, es decir, un cantidad que al superar la medida necesaria, lo hace en tal grado  que perjudica y tiene efectos contrarios a los esperados. Es decir, siempre nos hemos quejado de que nuestros padres no nos preguntaban ni se interesaban lo suficiente por nuestras cosas diarias (opinión subjetiva, por cierto), y siempre hacemos alusión a los efectos negativos de una falta de atención y dedicación hacia nuestros hijos. Me gustaría que nos preguntásemos ahora mismo, ¿le doy a mi hijo lo que necesita o más de lo que necesita? Si le doy más, ¿ese exceso que le estoy dando le está beneficiando o perjudicando? Pensadlo bien. En nuestra responsabilidad como padres, debemos estar vigilantes, y no sólo poner el corazón a la hora de educar.


     Permitidme que os cuente un caso personal que se suele dar. A comienzo de curso llega el momento de ir a por las zapatillas de deporte para el cole. Y nos encontramos con la siguiente situación: tu hijo ha estado todo el camino ansioso porque va a tener “zapatos nuevos”; te empieza a hacer la lista de las zapatillas que llevan todos sus amigos del cole, a los que va a ver todos los días y va a jugar con ellos; le dice lo mucho que le gustan las amarillas fosforito de “La Marca”, etc. Y te presentas en la tienda delante de todo ese muestrario de zapatillas que abarcan precios desde los 15€ a los 49€. Gracias a Dios, los ingresos familiares nos permiten optar, no sin esfuerzo, tanto a las de 15 como a las de 49. Mi hijo me pide las de 45€, sabiendo que las de 49 son las más caras y sabe que le voy a decir que no. Y empieza el vaivén de pensamientos en mi cabeza: “quiero lo mejor para mi hijo, y estas zapatillas tienen una mejor amortiguación para su pie”, o “¿cómo voy a dejar que mi hijo vaya con unas zapatillas baratas al cole si TODOS sus amigos llevan las mejores?”, o “con lo mal que yo lo pasé porque mis padres nunca me podían comprar las zapatillas que yo quería, no quiero que lo pase mal”, etc., etc., etc.

     

     Espero que os hayáis dado cuenta de lo que quiero mostraros: aunque la zapatilla de 49€ no afecte a nuestra estabilidad económica, ¿estamos educando bien a nuestro hijo comprándole la mejor zapatilla? Aunque podamos, no siempre debemos. Esta frase seguro que la ponéis en práctica a menudo para vosotros mismos. Intentamos vivir sin excesos para no afectar a nuestra economía familiar, pero ¿por qué sus caprichos sí pueden afectarla? ¿Por qué vamos a hacer una excepción con nuestros hijos? Hacedlo por  ellos y por vosotros. Os lo agradecerán en el futuro, aunque ahora no lo entiendan.


miércoles, 25 de noviembre de 2015

DECÁLOGO PARA FORMAR UN HIJO DELINCUENTE

Acabo de leer en el blog de Emilio Calatayud, Juez de menores de Granada, este decálogo y no he podido dejar pasar la oportunidad de compartirlo. No puede estar más acertado. Espero que os guste.
1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.

2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, festéjelas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.


Emilio Calatayud es Juez de Menores de Granada, España, conocido por la imposición de sentencias curiosas, ejemplares y basadas en la educación más que en el mero castigo.

domingo, 20 de septiembre de 2015

ESTA PELÍCULA NO ES PARA NIÑOS

      Tras un pequeño descanso durante la jornada de verano, volvemos a nuestras reflexiones.

         Ya ha empezado el cole. Algunos padres tenían más ganas que otros, aunque no es el tema que me gustaría tratar hoy.
          El otro día, al llegar mi hijo del cole, me dice que su amigo ha visto una película el fin de semana, y que quiere verla. Yo ya había visto esa película hace tiempo, pero no recordaba que fuera para un público infantil, es decir, en torno a los 7 años. Por tanto, fui a buscar el título de la película para ver la calificación por edades. Efectivamente me encuentro con que la película tenía una calificación no apta para menores de 12 años.  Le dije a mi hijo que esa película no la podía ver porque era para niños mayores de 12 años. Intentó convencerme, pidiéndomelo por favor, etc. Pero, aunque me costó (ya que no es una situación agradable ver a tu hijo pidiéndote algo y tener que decirle que no), acabó entendiendo, al menos respetando, que no íbamos a ver esa película. Intentando compensarle, y a la vez premiarle por no enfadarse, hemos visto una película de “las de papá”, que no son aptas para menores de 7 años, y que podíamos ver sin problema, pero que a él le ha hecho ilusión extra por ver una película de las que están en la estantería de papá (las tengo especial cariño, no porque tenga que esconder nada).

       A parte de ilusiones, y recompensas, hay algo en lo que no puedo dejar de pensar: en ese amigo de mi hijo que vio la película. No quiero entrar a debatir si un niño de 6 años puede tener la madurez de un niño de 7 o de 8. Es posible. O no, no lo sé. Lo que sí sé, es que hay que tener un cuidado exquisito, con lo que ven nuestros hijos. Todos hemos tenido experiencias de niños que han marcado nuestra vida de mayores, ya sea con un padre muy estricto, una separación, una muerte temprana de alguien cercano, etc. Esas circunstancias no son evitables, y es la vida la que nos marca esas pautas. Pero, no podemos ni debemos permitir que nuestro hijo vea imágenes o escuche películas que alteran su sensibilidad de niños, que es lo que son. Ninguno de nosotros sabemos con exactitud las repercusiones que puede tener, por lo tanto tampoco sabemos el daño que les puede provocar (aunque hay numerosos estudios sobre este tema). Es nuestra responsabilidad, como madres y padres, no sólo no hacer nada que pueda dañar a nuestros hijos, sino evitarlo a toda costa.


       Puede que nos encontremos en la situación en la que queramos ver una película en el cine no apta para menores y que no podamos dejar a nuestros hijos con alguien para ir a verla. En ese caso, tendremos que esperar, y verla en otro momento. ¿O acaso es más importante un estreno en el cine que nuestro hijo?
       Nuestros hijos dependen de nosotros. Aunque no entiendan algunas de las cosas que hacemos por su educación, debemos cumplir con nuestra responsabilidad. Confían en nosotros, aunque ellos no lo sepan.

sábado, 20 de junio de 2015

CONSEJOS PARA SOBREVIVIR (DISFRUTAR) ESTE VERANO

     El viernes pasado la mayoría de nosotros recogíamos a nuestros hijos. Se podía leer en sus caras una desbordante alegría porque el cole se acababa. Sin embargo, también se podía leer en las caras de los padres que allí estábamos algo como: “madre mía…” ; “Ahora cómo los entretengo por las tardes sin deberes…”; “vaya verano que me espera…”. Esta es nuestra primera reacción como humanos que somos, pero si algo nos diferencia de los animales ante estas reacciones, es la de gestionarlas. Aplicamos la inteligencia y como siempre el sentido común, y decimos: “Hay que hacer lo que haga falta para tener controlada la situación… y a nuestros hijos, claro está”.

     Durante el curso han estado con un horario que lo marcaba el colegio, las clases, las prisas de los papás en llegar a trabajar por las mañanas… Pues intentemos tener una serie de sencillos hitos para gestionar con éxito nuestro verano y el de nuestros hijos.

     Lo primero, un calendario del verano. Escribamos en un A3 un calendario con los meses de junio, Julio, Agosto y Septiembre. Marquemos la semana o semanas vamos a estar en la playa o en el pueblo. Después hagamos una lista de planes para el verano. Será importante que nuestros hijos participen. Qué planes les gustaría hacer, dónde les gustaría ir, etc. Los iremos colocando en unos días concretos y que estén libres. Ya tenemos una visión global del verano.

     Segundo, un horario. “Jo, papá, que estamos de vacaciones…”. No se trata de fichar en casa como en el trabajo. Se trata de poner un poco de orden para ayudar a nuestros hijos a gestionarse a sí mismos.



- Hora de levantarse. El hecho de estar en verano no significa poder hacer lo que nos da la gana. Por eso, lo primero y más importante es tener una hora prevista para levantarse. Una hora poco exigente, pero que requiera esfuerzo. Es decir, las 10 de la mañana no tiene mucho sentido, al igual que las 8 de la mañana tampoco. Pero algo intermedio estaría muy bien.

- Después de desayunar es el momento en que la pereza se apodera de nuestros hijos (y de mí, por lo menos). Es muy bueno, casi necesario, que nuestros hijos tengan un encargo, un campo de responsabilidades en casa, que irá desde cortar el césped, hacer la compra, reponer el papel del baño, etc. No se trata de que “trabajen” en casa. Se trata de tener unas responsabilidades que les lleve una hora diaria, aproximadamente. 

- Como decía mi abuela, “Con la satisfacción del trabajo hecho” es entonces cuando es momento de bajar a la piscina, bajar a la calle, al jardín, tocar un rato la guitarra, o ver un rato la tele.

- La hora de comer. Que haya una hora definida y se mantenga. Ayudará a que comáis todos juntos, y eso siempre tiene beneficios. 

- Un rato de lectura. Serán 5 minutos, o 30, depende de la edad. No perdamos esta buena costumbre. Todos los días. Los beneficios son incalculables.

- Aquellos que tengan que estudiar en verano, pues que sea siempre a la misma hora, y el mismo tiempo. Y los que no, no está de más que trabajen un rato unas operaciones, o lo que sea. Hay cuadernos de verano, los de siempre. Y ya no digamos aplicaciones para móvil o Tablet. 

- Al igual que hay una hora para levantarse, debe haber una hora para acostarse.

     Los horarios en esta época no son reglas indiscutibles. Ni que decir tiene, que el día que vamos a casa de los abuelos a cenar, o cuando vienen los amigos, nos acostaremos más tarde todos. Eso son excepciones, pero no puede ser lo normal.



     A algunos les parecerá exagerado, pero lo único que estamos haciendo es marcar el camino a nuestros hijos, y ayudarles a recorrerlo. Como regla general, nuestros hijos no pueden levantarse a la hora cristiana (cuando Dios quiera) todos los días. Hagamos que nuestros hijos se esfuercen, hagamos de ellos un edificio fuerte y resistente. No hagamos de ellos un edificio de paja, y que cuando venga el lobo y sople, o si viene una brisa de verano, se lleve a nuestros hijos porque no hemos hecho que se esfuercen por nada. Nuestro esfuerzo y su esfuerzo, tendrá recompensa. Seguro.


domingo, 24 de mayo de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL? (2ª parte)

Quiero compartir con vosotros la aportación de un amigo experto y con mucha experiencia.

A ver si atino a dar una aportación útil. En general coincido con tu comentario y sólo expondré algunas experiencias complementarias.
No cabe duda de que el móvil es un instrumento sensacional que facilita mucho la vida profesional, familiar y las  relaciones sociales y de amistad. Pero al mismo tiempo, todos percibimos que también es fácil que nos haga perder el tiempo, incomunicarlos con los que tenemos a nuestro lado, dispersarnos en multitud de temas que "nos entran", chatear de modo frívolo (e incluso grosero). También conocemos lo fácil que es meterse (con 5 toques) en páginas que, espiritualmente, nos harían un daño grave a nosotros y a nuestra familia. Por lo tanto, opino que el móvil es estupendo, para niños y adultos, si se tiene bien formado el criterio y la fuerza de voluntad necesaria para hacer un uso adecuado de él.

Y ¿cuál es la edad a la que se tiene formado el criterio y una fuerza de voluntad suficiente? Esa es la cuestión - que diría Descartes -. Hay personas que nunca llegan a esa edad, pues no es solo cosa de la edad. Pero está claro que un niño tiene más dificultades de criterio y de fuerza en la voluntad.

Comento algunas peculiaridades que el móvil puede tener con un niño o joven:
1.       Iniciar sus relaciones con amigos de modo indirecto (a través del móvil) y no directamente (cara a cara); creo que esto es muy importante especialmente en el inicio de esas relaciones.
2.       El móvil puede distorsionar la esencia de la amistad: se confunden "contactos" con "amigos"
3.       Se puede crear, demasiado pronto, una privacidad en las relaciones, fuera del conocimiento de sus padres; de este modo se impide el tan necesario consejo de los padres sobre esas relaciones.
4.       El móvil también sitúa al niño en un rol de adulto: "ejecutivos de 12 años" Yo creo que un niño debe de pasar por todas las fases de su desarrollo, sin saltarse ni anticipar ninguna fase. Menos chatear y más jugar como siempre.
5.       Para el estudio, de hecho, el móvil produce mucha dispersión: si lo tiene junto a él está pendiente de las "entradas" que hay; y si se le retira puede ocasionar enfados y roces con los padres o cuidadores.
6.  ¿Existe la posibilidad de móviles básicos de comunicación con números determinados? Creo que sí, pero solo la utilizaría en los días o circunstancias en las que es necesaria esa comunicación continua y directa. 
7.       El niño tiene una gran curiosidad y el móvil le permite satisfacerla sin control y prácticamente sin ningún filtro que la vaya adecuando a su capacidad. El daño que este tema le puede hacer es muy grande y dejar secuelas durante mucho tiempo.    


En la mayoría de los colegios no permiten el uso del móvil en los niños. En mi colegio no se permite a ningún alumno (aunque se hace algo la vista gorda con los de Bachillerato).
En las familias no se pueden dar reglas fijas desde el exterior de ellas. Yo, en general, aconsejaría lo siguiente:
1.       No se tiene móvil hasta iniciar 1º de Bachillerato. Habría que saber transmitir al hijo que eso lo hacemos porque es lo mejor para él, que no le importe ser, en eso, distinto de la mayoría, que tenga personalidad y que se fíe de vosotros.
2.       En el verano anterior a 1º de Bachillerato, comprarle un móvil y darle un cursillo completo de su utilización, de sus ventajas y de sus peligros y adicción.

3.       En el comienzo del curso, sabría manejar el móvil como sus compañeros, pero con más capacidad de usarlo adecuadamente.    

sábado, 16 de mayo de 2015

CÓMO Y CUÁNDO RESPETAR LA INTIMIDAD DE NUESTROS HIJOS

Pues sí, nuestros hijos tienen derecho a la intimidad, y más la necesitan a medida que son más mayores. Poniéndonos en situación, está claro que con un niño de 3 años este tema no será tan importante como con uno de 15. Aun así, un niño de 3-4 años empezará a tener sus juguetes favoritos, esos que siempre se lleva a casa de la abuela. Esos juguetes seguramente los dejará habitualmente en el mismo sitio, en el mismo cajón. Pues ese cajón empieza a formar parte de la intimidad de nuestro hijo. ¿Significa que no podemos abrirlo? Claro que podemos abrirlo, sin embargo debemos evitar cambiar su esencia sin que él lo sepa. Es decir, imaginemos que necesitamos ese cajón para guardar otras cosas y necesitamos cambiar de sitio sus juguetes. Con 3-6 años no pasa nada si cambiamos los juguetes y no le decimos nada, pero estaremos empezando a enseñar qué es el respeto por la intimidad de los demás si hacemos lo contrario. “Pablo, necesito este cajón, ¿puedes por favor poner tus juguetes en otros sitio?”. Pablo se sentirá respetado y su cajón de juguetes tendrá mucho más valor a partir de ahora que sus padres lo respetan. Ni que decir tiene, queda descartado el famoso artículo 33, que dice: “cambio los juguetes aunque no le guste, porque soy su padre/madre y aquí se hace lo que yo diga, y necesito ese cajón. Ya los pondrá en otra parte”.




¿Qué pasa más adelante? A partir de los 8 años, los niños empiezan a tener secretos, si es que se puede llamar así con esa edad. Nosotros, como personas adultas que somos, no debemos/podemos infravalorar esos “secretos”. Por lo tanto, deberemos estar atentos para observar qué es lo que nuestro hijo guarda y cómo lo guarda. Sus pequeños tesoros. Es cuando nosotros como padres, debemos conocer qué es lo que nuestro hijo guarda, como parte de nuestra preocupación por él. Pero con mucha mano izquierda. Es decir, si queremos saber qué guarda nuestro hijo de 10 años, deberemos preguntarle. Si decidimos abrir SU cajón, siempre procuraremos que nuestra pequeña incursión pase totalmente desapercibida. Si encontráramos algo que no tiene nuestra aprobación haciendo esa incursión, NUNCA iremos a decirle: ¿Qué es esto que he encontrado en tu cajón? Si lo hacemos así habremos empezado a romper la confianza que nuestro hijo pueda tener en nosotros. Nuestros hijos tienen que poder confiar en nosotros. Deben confiar en que nosotros no vamos a inspeccionar sus cajones. ¿Qué haríais vosotros si alguien os hiciera eso? A mí por lo menos lo que me provoca es esconderme en mi caparazón como una tortuga, para protegerme. No salgo al exterior porque en cualquier momento alguien puede invadir mi intimidad. 



El tema da para mucho más. Pero no quiero dejar de hablar de Facebook. Hace 15-20 años os diría que no podemos levantar el teléfono del salón mientras nuestro hijo habla en el cuarto. Ahora mismo la situación es distinta, y hay mucho, muchísimo peligro. Pero no podemos llamar a ningún amigo informático para que se meta en la cuenta de nuestro hijo para saber qué hace. Es lo más fácil y el camino más corto, pero no es el camino. Deberemos tener nuestra cuenta de Facebook y que nuestro hijo sea uno de nuestros amigos. Es difícil, y costará mucho esfuerzo conseguirlo, pero contamos con la confianza que hemos estado construyendo entre nuestros hijos y nosotros desde pequeñito. Sabe que puede confiar en nosotros, y sabemos que no tiene nada que esconder.

domingo, 5 de abril de 2015

¿CUAL ES EL MEJOR MOMENTO PARA QUE MIS HIJOS TENGAN MÓVIL?

Me llama mucho la atención que niños, repito, niños cada vez más pequeños tengan móvil, e incluso Tableta propia, con conexión de datos incluida.


No podemos establecer un límite de edad como si de un problema matemático se tratara, pero intentaré analizar la situación utilizando como siempre, el sentido común.
Debemos tener en cuenta que los tiempos han cambiado, pero a la vez no podemos utilizar este argumento para justificar todo lo que hacemos con nuestros hijos. Debemos reflexionar si las decisiones que tomamos para nuestros hijos son lo mejor para ellos, corran los tiempos que corran. Quiero decir, que aunque “todo el mundo” haga algo, como comprar un móvil a su hijo, no debe ser un argumento para comprarle un móvil al nuestro.


Una primera regla general, un primer filtro que podríamos establecer por ejemplo en el caso del móvil sería la siguiente. ¿Es mi hijo un niño todavía? Por ejemplo, el otro día, celebrando un cumpleaños en una piscina de bolas, la hermana de un amigo de mi hijo, apareció por allí con su móvil y con su Tableta, ambos con conexión a Internet. Podría decir la edad que tenía, pero prefiero decir que no paraba de insistir a su madre para que la dejara pasar a la piscina de bolas. Pues a eso me refiero. Algo así debería de valer como motivo para saber que aún es una niña y no debería tener móvil. Lo mismo pasaría si le diera miedo dormir con la luz apagada, o si se hace pis en la cama, etc. No os lo toméis al pie de la letra y sed sinceros con vosotros y con vuestros hijos.
¿Por qué debemos asegurarnos de que ya no es un niño? Porque el móvil cuesta dinero (aunque sea antiguo) y es una responsabilidad, porque no sabemos a quién puede llamar, o no sabemos quién les puede llamar, porque si tiene Internet no sabemos en qué paginas puede entrar, o con quien puede chatear (eso siempre que nos importen algunos principios básicos que queramos transmitir a nuestros hijos). Y si lo que queremos es controlar a nuestro hijo o hija, existen otras alternativas. Por ejemplo hay móviles muy sencillos, sin posibilidad de conexión a Internet, que pueden ser un primer paso.

En general ,deberemos saber de antemano, siempre con cierto riesgo, que nuestro hijo tiene el grado de madurez suficiente para que haga un uso responsable del móvil. El otro día, había una madre con sus dos hijos buscando en la basura que ya habían tirado, porque creían haber tirado una consola de vídeo juegos de mano (mínimo 100 €) sin querer, claro está. Está claro que no nos demos cuenta, pero a veces les asignamos a nuestros hijos más responsabilidades de las que son capaces de responder, pero por la sencilla razón de que son sólo niños.
Por lo tanto, las nuevas tecnologías no son malas, ni muchísimo menos, pero hay que hacer buen uso de ellas y tener siempre el control sobre ellas haciendo un uso responsable, primero nosotros, y luego nuestros hijos, siguiendo nuestro ejemplo y siempre que estén preparados para ello.

Montaríais a caballo sin riendas? Pues de la misma manera vuestros hijos necesitan esas riendas para que les guiéis por el buen camino, al menos, para que sepan cual es el malo.